Nélida Piñón: «Los hombres ocupaban todo el escenario humanitario de la literatura»

Carlos Moreno | EFE Brasil - 2 marzo, 2020

La escritora brasileña Nélida Piñón se convirtió en 1996 en la primera mujer en presidir la Academia Brasileña de las Letras (ABL) y es la autora más reconocida y premiada de Brasil. En 2007 fue elegida miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, y es Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2005.

Esta brasileña nacida en Río de Janeiro (1937) e hija de inmigrantes gallegos hizo parte, junto a escritores de la talla de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Julio Cortázar, del llamado «boom latinoamericano» de la literatura.

Autora de una veintena de libros, entre ellos «Tebas  de mi corazón», «La dulce canción de Cayetana» y «La república de los sueños», ha recibido importantes galardones como el Premio FIL (1995), el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo (1995), el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2003) y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2005).

¿Cuál es su principal reivindicación en este 8M?

Uno tiene muchas reivindicaciones. Como hay un retraso histórico hacia la mujer, evidentemente que para ponernos al día habrá que desfilar un repertorio de reivindicaciones, pero para lo mí lo más importante quizás sea que se reconozca definitivamente que el machismo ha sido una condición inherente de nuestra sociedad. Por lo tanto, está incrustado de tal modo en nuestra conciencia colectiva, hombres y mujeres, que nadie se da cuenta que existe el machismo y de que la mujer está totalmente desfigurada en términos sociales.

Entonces el reconocimiento palatino, inmediato y acelerado de que la mujer es discriminada me parece que sería el mejor regalo para cualquier 8 de marzo. Es necesario que se sepa que las reivindicaciones de las mujeres no son atrevidas; no son audaces; son necesarias. Y que la sociedad, en conjunto e históricamente, debe a la mujer cuestiones fundacionales de la personalidad de la mujer, que fue a lo largo de los siglos marginada. Eso me parece que es un bellísimo regalo: saber que las reivindicaciones de las mujeres no son exaltaciones indebidas. Ellas no están cobrando lo que no les toca. La mujer está intentando aclarar a la sociedad quién es ella como ser humano, quién es ella con sus atributos excepcionales, quien es ella tan importante para la construcción de una sociedad justa y generosa, como el hombre.

El hombre que tenga la conciencia finalmente de que él ejerce, o ejerció a lo largo de la historia, un papel absolutista, cruel, duro y nunca justo. Me parece que esa es una gran reivindicación que podría convertirse en realidad y que sería un espléndido regalo de la humanidad hacia el género femenino.

¿Hay desigualdad o machismo en el ámbito en el que trabaja?

Bueno, yo soy escritora desde siempre, yo sospecho que nací una escriba, verdad, y siempre me he dado cuenta de que existían varias categorías de prejuicio.
Una de ellas es la invisibilidad de la mujer. Es como si ella no existiera. Por tanto, no hay discriminación porque uno no discrimina lo que no existe. Entonces existía siempre ese sentimiento de que yo, como escritora mujer, existía paulatinamente o parcialmente. Otra cosa que me pareció muy interesante siempre es que los escritores hombres . Quizás, yo sospecho que la conocían de verdad, pero el reconocimiento de la lectura

Entonces siempre hubo esto: la invisibilidad, la no lectura de su texto -porque la lectura es el reconocimiento oficial de tu existencia- y también, por fuerza de esta invisibilidad que mencioné hace poco, la mujer no estaba en los sitios adecuados. Por ejemplo, si había un encuentro de escritores, eran poquísimas mujeres. Es como si fuera por cuota: había que poner una falda. Es como por ejemplo los encuentros de los G7, G20, todo eso… sólo hay corbatas. Digo siempre eso: es el imperio de las corbatas y hay una falda. Como hay una falda, es suficiente, ¿verdad? Entonces yo siempre sentí esto, que todo esto dificultó mucho mi probable reconocimiento por mi trabajo y no sólo mi trabajo sino el trabajo de las escritoras compañeras. Y siempre se distinguía solo una, y hasta de forma justa muchas veces, pero siempre una y no más que dos o tres. Y los hombres ocupaban todo el escenario humanitario de la literatura.

Reconozco que ha mejorado mucho, sobre todo en países más actualizados, más emprendedores, pero yo creo que en mi país hay prejuicio. Incluso, por ejemplo, yo no tendría que mencionarlo pero lo voy a hacer, pero la Academia Brasileña de las Letras, que a mi juicio es la institución cultural más importante de Brasil, sólo somos cinco mujeres para un imperio de 40. Por tanto 35 hombres y 5 mujeres. Yo me acuerdo que alguien, un determinado escritor, no de la Academia, mencionó esto y yo le dije: «que extraño, en varios sitios hay muy pocas mujeres siempre«. Y él dijo: «No. Pero son las existentes. Nosotros elegimos a las mejores siempre. Y no hay más que esto».

Por tanto, el criterio es muy injusto, empezando por el criterio. O sea, tenemos que legalizar la presencia de la mujer en el escenario nacional e internacional. Es necesario que la voz estética de la mujer sea reconocida con igualdad de condiciones ya que, incluso por ejemplo en el Nobel o en los grandes premios internacionales, hay muy pocas mujeres ascendiendo al podium mundial. Entonces no hace falta que hable mucho y detalle la situación equivocada histórica de la mujer. Espero el reconocimiento del machismo, que se reconozca que el machismo es vigente y tiene una práctica insidiosa.