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EFE/Ismael Herrero

Mujeres STEM: brecha de género en la educación y techo de cristal en el trabajo

Natalia Ibáñez Guinea | Madrid - 28 julio, 2021

Desde hace varios años, los estudios en áreas STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) se han posicionado como los más demandados. No obstante, los estereotipos de género y las creencias socioculturales mantienen alejadas a las mujeres de estas salidas profesionales «del futuro» y aumentan la brecha de género.

La falta de referentes femeninos en estos campos junto con el desconocimiento sobre los mismos hace que las jóvenes no opten en  mayor medida por las asignaturas relacionadas con las ciencias durante la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), que su presencia en las aulas universitarias de las carreras STEM sea mínima y que existan altísimos techos de cristal en su incorporación al mundo laboral. 

Secundaria, una etapa crítica

En España, solo un 16,3 % de los adolescentes de 15 años prevé dedicarse profesionalmente al área STEM  y, de ese porcentaje, solo el 4,2 % son alumnas.

Así lo documenta un estudio de la Universidad Camilo José Cela, perteneciente a la Institución Educativa SEK, fechado en 2018 bajo el título «La educación científica en las Comunidades Autónomas. Conocimientos y competencias a la luz de PISA 2015».

Según explica en una entrevista con Efeminista una de las autoras del estudio, la investigadora Eva Expósito, la educación secundaria se convierte en una etapa crítica en la que las alumnas comienzan a distanciarse de las ciencias y las matemáticas. Un efecto que, sostiene, se debe a que en este periodo de maduración,  se interrelacionan los factores sociales, escolares y personales que configuran la vocación. 

«De acuerdo con la evidencia empírica disponible, las chicas que tienen éxito en las ciencias suelen tener madres con elevadas expectativas educativas y que se preocupan de los progresos escolares de sus hijas», señala la investigadora.

Otro importante referente femenino en la ciencia, y de especial relevancia desde la acción escolar, son las profesoras.

«Aunque se da cierta controversia en la investigación, algunos trabajos han evidenciado cómo contar con profesoras parece incidir positivamente en el rendimiento de las niñas en ciencias, en su interés por la ciencia o en la confianza en sus competencias para el trabajo científico, pudiendo despertar sus intereses vocacionales», desarrolla Expósito.

Vocación y referentes femeninos, clave para las adolescentes

Al margen de las familias y del sistema educativo han empezado a ponerse en marcha movimientos para avivar la llama científica y tecnológica entre las jóvenes. 

Es el caso de la iniciativa 11defebrero, que nació con el objetivo de llenar las agendas de actividades para conmemorar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, celebrado en esa misma fecha desde 2015 a petición de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

«Intentamos que tanto los niños como las niñas tengan referentes femeninos. Actualmente los libros de texto no incluyen a muchas mujeres que hayan inventado, descubierto o creado en áreas STEM«, comparte con Efeminista una de las coordinadoras de 11defebrero, María García.

La informática explica que la web 11defebrero sirve de muro de noticias o «nexo de unión» entre el sector educativo y quienes quieran impartir charlas, actividades o talleres sobre ciencias para motivar al alumnado. El próximo febrero tendrá lugar la sexta edición. 

Otra iniciativa es la de #NoMoreMatildas, lanzada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) para denunciar la invisibilidad histórica de las científicas y acercar esta profesión a las jóvenes

«Nuestra idea era mostrar, primero, la importancia que habían tenido y, segundo, su enorme valor al romper con épocas donde las mujeres estaban confinadas culturalmente a ciertas labores y trabajar en temas que se consideraran fuera de su ámbito», expone a Efeminista la doctora en Veterinaria y vicepresidenta de la AMIT, Maite Paramio. 

Con el fin de «visibilizar a las del pasado y a las del presente», la asociación tiene operativa una base de datos de más de dos mil investigadoras y tecnólogas para poner a disposición de medios y organismos oficiales nombres de mujeres en distintas disciplinas científicas.

Ciencias de la Salud antes que Ingeniería e Informática

Las mujeres son mayoría en el Bachillerato (53,8 %), sin embargo, solo el 47,3 % de ellas se decide por las ciencias, según datos del informe «Igualdad en Cifras», elaborado en 2021 por el Ministerio de Educación. Si bien no parecen unas estadísticas demasiado pesimistas, el reparto de las carreras elegidas es completamente desigual. 

El último informe de «Datos y Cifras del Sistema Universitario Español» lo pone de manifiesto: en el curso 2018-2019, aproximadamente siete de cada diez estudiantes de Ciencias de la Salud eran mujeres, mientras que no llegaron a tres de cada diez en Ingeniería y Arquitectura.

De hecho, el porcentaje de mujeres graduadas en Informática en el mismo periodo no llegó ni al 10 % del total.

«Aunque las razones pueden ser varias –expectativas, códigos sociales, experiencias de aprendizaje, estereotipos, etc.- probablemente lo hagan por creencias de autoeficacia vocacional, porque confían más en sus competencias para el desempeño de profesiones como la psicología, la medicina o la educación», advierte Expósito, cuyo estudio también demuestra esta situación. 

España no es un caso aislado, sino que se trata de una realidad generalizada como denuncia el informe de la UNESCO «Descifrar el código».

Según este estudio de 2019, en el ámbito internacional solo el 35 % de las personas que estudian carreras STEM en la educación superior son mujeres y de esas únicamente el 3 % se matriculan en tecnologías de la información y la comunicación (TIC)

Acabar con los estereotipos, apoyo familiar y mejora de la educación

Según Expósito, para acercar las carreras STEM a las jóvenes hay que «reducir los estereotipos, transferir expectativas positivas desde la familia -particularmente desde las madres- y mejorar la calidad de la educación científica«.

Como sugiere su investigación, poner el acento en metodologías eficaces de enseñanza reducirá la brecha de género en este tipo de vocaciones.

«Sabemos que, aún cuando benefician a todos, las alumnas sacan más partido que los alumnos de las metodologías de enseñanza personalizada. Y que las situaciones de aprendizaje cooperativo, o de trabajo en grupo -a través del mecanismo de peer effects (cuando el rendimiento de un alumno está asociado al de sus pares) benefician más a las alumnas», subraya la experta. 

Techos de cristal

Las mujeres que finalmente terminan sus estudios en carreras STEM además de enfrentarse a entornos laborales donde muchas veces son minoría, deben escalar altos techos de cristal.

«En todas las Ciencias de la Salud o en los laboratorios de virología las mujeres somos mayoría aunque los responsables y los jefes de grupo sean hombres. Hay que hacer un pequeño esfuerzo para que las chicas, primero, quieran estudiar, y segundo, rompan techos de cristal como lo hemos hecho en otros ámbitos», subraya Paramio.

Por suerte, cada vez se acortan más las distancias de una brecha de género que aún persiste. 

En 2019, según la última Estadística sobre Actividades de I+D del Instituto Nacional de Estadística (INE), las investigadoras representaron el 40 % del total del conjunto del personal investigador (57.380 mujeres frente a 86.594 hombres).

Pese a este dato, el informe «Científicas en Cifras», publicado por el Ministerio de Ciencia e Innovación en 2021, registra un aumento paulatino en la presencia de investigadoras a lo largo de los últimos años y recuerda que España está por encima de la media europea (34 %).

El estudio también expone una ligera mejora en la presencia de mujeres en los puestos de toma de decisiones: En 2020, se contabilizó un 23 % de mujeres en puestos de rector/a y un 50 % al frente de un Organismo Público de Investigación (OPI).

Por el contrario, a pesar de que cada vez más investigadoras se presentan a convocatorias de proyectos de I+D, ellas tienen menores tasas de éxito (43 % de mujeres frente al 48 % de hombres, en 2019), además de recibir proporcionalmente menos financiación que sus homólogos.

Conciliación, maternidad y covid

La conciliación en el confinamiento a raíz de la emergencia sanitaria de covid disminuyó la labor investigadora sobre todo de las mujeres dedicadas al STEM, que triplicaron el tiempo dedicado a los cuidados de la familia y el hogar, según datos del Instituto de Salud Global de Barcelona.

«Tu actividad, si no se para del todo, disminuye mucho. Si no haces publicaciones tienes menos méritos y te llaman para muchas menos cosas», lamenta García.

«La maternidad está penalizando a las mujeres. El problema es que el modelo de trabajo se hace en relación a la vida de los hombres, eso es lo que tenemos que cambiar», sentencia Paramio.

Para que no se detenga por completo la línea de investigación de estas madres, la vicepresidenta de AMIT sugiere que se las dote de atención especial con personal de apoyo, que no compitan bajo los mismos criterios que otros hombres y mujeres sin hijos y que las parejas colaboren más. 

Reclamaciones al Gobierno para un futuro paritario

Para seguir acortando la brecha, desde la AMIT, Paramio se dirige a al Ministerio de Ciencia de Innovación, así como al de Universidades, para que «las mujeres tengan muchos menos problemas de los que lo tuvimos nosotras», dice.

«Ya que somos las que lo hemos experimentado en nuestras propias carnes, intentamos dar pistas y trabajar con los Ministerios«, continúa.

Por su parte, desde 11defebrero, García mira al Ministerio de Educación y sugiere una revisión de los libros de texto.

«Aunque hemos sido menos las mujeres, que esas menos estén ahí y que se estudien y se vea todo lo que hicieron», reclama la informática.

En esta línea, Expósito exige al mismo Ministerio un aumento de la calidad de la enseñanza de las Ciencias en la Secundaria «seleccionando mejor al profesorado; asegurando que tienen una formación inicial sólida; introduciendo incentivos que atraigan y retengan a los buenos profesores de STEM en el sistema; o garantizando el papel primordial de las prácticas de laboratorio en grupo dentro del currículo«.

«Si se quiere, las administraciones educativas tienen mucho que hacer», zanja.