• Varias jornaleras seleccionan las aceitunas para su posterior envasado, en una cooperativa de la provincia de Sevilla en 1970. EFE/am

  • Unas mujeres, contratadas como temporeras, escardan la tierra para que los agricultores puedan sembrar en Sevilla en 1962. EFE/apj

  • Unas mujeres cultivan un campo de maíz en el valle de Castrelo de Miño, en Orense, en la década de los 60. EFE/vr

  • Una mujer trabaja en el campo con un trillo tirado por bueyes en Julio 1962. EFE/jb

  • Las mujeres hacen la labor del picado del esparto una de las fases del tratamiento de las plantas después de su recolección en Tobarra (Albacete), años 60. EFE/GUIRADO/nr

  • Una mujer procede a seleccionar y recoger aceitunas de verdeo en las comarcas sevillanas de El Arahal y Dos Hermanas en 1969. EFE

  • Una joven vendimiadora descarga uvas en el remolque del tractor, para su posterior traslado a la bodega en Lebrija (Sevilla) en 1973. EFE/am

  • Un grupo de mujeres carga con las espuertas durante las labores de recolección de la uva en los viñedos de La Mancha, en Mora de Toledo en 1957. EFE/Jaime Pato/nr

Retrato de la mujer rural a lo largo de la historia

Laura de Grado Alonso | Madrid - 15 octubre, 2020

Es 1962 y un grupo de mujeres, temporeras, escardan la tierra para que se pueda sembrar en ella. La escarda es una de esas labores, que junto con la siembra, determinan la calidad que tendrá el cultivo, con ella se prepara el terreno y se eliminan las malas hierbas. Es trabajo físico, laborioso, que exige horas de azada. La escarda, como las mujeres rurales, está en la base del trabajo en el campo y es tan necesario escardar, como lo es la labor de las jornaleras para que la cosecha salga adelante.

Protagonistas invisibles

Además de escardar, las mujeres también cultivan, labran, aran, recogen, cargan, limpian y seleccionan los productos. Hacen todo tipo de labores agrícolas. Así ha sido a lo largo de la historia, década tras década, y así lo captan estas fotografías, que retratan la presencia de las mujeres en el campo a lo largo de los años.

Aunque durante la historia hayan protagonizado la vendimia, la recogida de la aceituna, aunque se hayan montado en los trillos para separar el trigo de la paja, aunque hayan empuñado las azadas para remover la tierra, cargado las espuertas llenas de tomates a sus hombros, aunque hayan estado presentes en las luchas por el acceso a la tierra, han sido invisibles y no han podido ser dueñas de su trabajo, ni en casa ni en el campo.

Día Internacional de las Mujeres Rurales

En este sentido, con el objetivo de reconocer el papel decisivo que han tenido y tienen las mujeres en el desarrollo agrícola y rural, este 15 de octubre se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales, una fecha que fue establecida por Naciones Unidas en 2007.

A pesar de su relevancia en el campo, de las 945.024 explotaciones agrarias que hay en la actualidad en España, el número de titulares y jefas de explotación es de 285.467 y tan solo se han acogido a la titularidad compartida 721, según los últimos datos facilitados por la presidenta nacional de la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural (Afammer), Carmen Quintanilla, durante el Seminario Internacional de Estudios Europeos ‘Las expectativas de cambio en la sociedad’ este octubre.

Además, de acuerdo a la presidenta de Afammer, en Europa existen alrededor de 6 millones de mujeres que trabajan en el campo y de ellas, el 78 % trabajan como colaboradoras con sus esposos, mientras que tan solo un 12 % son propietarias o copropietarias.

Brecha salarial en el campo

En general, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el mercado laboral del medio rural se caracteriza por «una masculinización de la actividad y una feminización de la inactividad laboral», es decir, ellas, que son el 49 %, siguen asumiendo el trabajo doméstico y de cuidados sin recibir remuneración a cambio.

Las mujeres también concentran las posiciones inferiores de la jerarquía laboral mientras ellos son los dueños de las explotaciones y las empresas agrícolas. Esto hace que la brecha salarial siga existiendo, las mujeres están sobrerrepresentadas en los rangos salariales entre los 400 y los 1.000 euros mientras que los hombres lo están entre los 1.001 y los 1.400 euros.

Estos datos evidencian la larga labor de visibilización y equiparación salarial y de trabajo que todavía se necesita para que al fin se reconozca la aportación histórica de las mujeres rurales.