Indígenas huyen de la violencia machista en México y abren su propio restaurante

Mitzi Fuentes Gomez | San Cristóbal de las Casas (México) - 8 septiembre, 2021

«He vuelto a tener fe» o «soy feliz siendo libre» son algunas expresiones que más repiten las treinta mujeres indígenas víctimas de violencia machista y estructural tras los fogones y a los mandos de su recién abierto restaurante en Chiapas, México.

Desde el pasado año, esta treintena de mujeres tzotziles, tzeltales y zoques pertenecientes a la ONG Tsa’tsal Ontonal (Fortaleciendo el Corazón) se han capacitado para administrar un restaurante en el municipio de San Cristóbal de las Casas, que lleva el mismo nombre que la asociación.

Además, mediante talleres, trabajan en su autoestima, reciben asesorías jurídicas y aprenden de estrategias económicas para impulsar sus negocios.

A Ángela de la Cruz Hernández, de origen tzotzil, le asesinaron su hija de 14 años, Érica del Rosario, en 2019. La niña fue encontrada tres días después de su desaparición en las faldas de un cerro con signos de haber sido golpeada y violada.

Indígenas abren su restaurante

Por estos hechos fue culpada su hermana Flor, a quien la justicia del estado de Chiapas pretendía sentenciar a 50 años de cárcel.

«En ese entonces mi hermana conoció a las abogadas del grupo Cereza, quienes demostraron las inconsistencias en el expediente y a los 2 años y tres meses salió libre«, ha contado a Efe Ángela de la Cruz, quien agradeció el apoyo de diversos colectivos y sigue exigiendo justicia para su hija. Por ello, decidió ser un miembro activo en Tsa’tsal Ontonal.

En el restaurante, ella se encarga de hacer las tortillas y quesadillas para así sacar adelante a sus 4 hijos y lograr con el apoyo de las abogadas -y los recursos económicos que van obteniendo- avanzar en su petición de justicia y que se termine encarcelando al verdadero asesino de su hija.

«Pido justicia para ella», ha aseverado con rotundidad.

La importancia de los talleres para identificar la violencia

Sandra Gómez Gómez, hija de padres tzeltales, solamente se dio cuenta de la situación que padeció durante tres años hasta que tomó los talleres.

La joven vivía «violencia laboral», según ha relatado, ya que con solo la primaria terminada, trabajó como empleada de limpieza en un despacho de abogados donde se sintió manipulada, controlada, agredida e ignorada.

Por ello, valoró muy positivamente entrar hace cuatro meses a trabajar en este restaurante, en este proyecto en el que también colabora la embajada de Australia.

«Lo vi como un medio de superación, es bueno para los que no tenemos trabajo seguro», ha explicado Sandra a Efe.

Su historia es parecida a la de Alicia Ruiz que, entre fogones y como emprendedora, sana las heridas psicológicas que le dejó su hoy exmarido.

«Yo tenía la idea de que sólo había maltrato si había agresión física», ha contado esta madre que fue «papá y mamá» de sus dos hijas durante mucho tiempo y hoy se siente «tranquila y feliz», sin nadie que la controle.

Satisfecha con el trabajo, Alicia mira de reojo las mesas llenas de comensales y a sus compañeras, todo un ejemplo de superación en Chiapas, una de las regiones más empobrecidas de México, país donde el 43,9 % de la población vive en esta situación.

En México asesinan a más de diez mujeres al día y los feminicidios -asesinatos por razón de género- aumentaron en el primer semestre de 2021 cuando se registraron 508 casos, un 3,25 % más que los 492 del mismo periodo del año anterior.

Por esto, desde 2019, el movimiento feminista crecido en el país latinoamericano con grandes movilizaciones y la presencia de grupos radicalizados, mientras que el mandatario, Andrés Manuel López Obrador, ha llegado a acusar a la derecha de estar detrás de las protestas.