Diseño: EFE/Laura de Grado
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"Ok Charo", cuando la misoginia digital se disfraza de meme para silenciar a las mujeres
El uso de la palabra "Charo" o "ok Charo", surgido en la manosfera como un meme, se ha consolidado como un mecanismo de misoginia digital que deslegitima y silencia a las mujeres en redes y actúa como freno generacional para la participación pública de las más jóvenes, según concluye un informe del Instituto de las Mujeres.
El informe Análisis del discurso misógino en redes: Una aproximación al uso del término “Charo” en la cultura del odio, publicado este jueves y desarr0 desde el Observatorio de la Imagen de las Mujeres, del Instituto de las Mujeres, documenta la evolución del insulto y su consolidación como herramienta de violencia digital.
El estudio concluye que su uso, extendido en espacios de la manosfera y amplificado por la propia arquitectura de las plataformas, erosiona la legitimidad de la voz femenina, expulsa y desgasta la participación de las mujeres en el debate público digital y convierte lo feminista en un estigma del que muchas jóvenes buscan distanciarse para evitar la burla.
"Emplear el concepto "Charo" no es sino una forma de articular un discurso que infravalora las aportaciones de las mujeres en el espacio público", reza el informe.
"Charo", advierte el documento, no es un insulto explícito de carga sexual como "zorra" o "puta", y, precisamente, en esa apariencia de broma reside su poder. Esa aparente atenuación de la violencia hace que circule en impunidad, sin asumir el coste social o legal de agresiones directas.
¿Qué es "Charo" y cuál es su origen en la manosfera?
El informe relata que el primer registro del término como categoría despectiva data de 2011, en dos foros digitales, Forocoches y Burbuja.info.
En esos posts tempranos, "Charo" era descrita como una mujer "mayor de 30-35 años, soltera o divorciada, amargada, sin hijos y viviendo sola", asociada a un perfil profesional como el de funcionarias de la administración pública o del ámbito educativo y lectoras activas de ciertos medios tradicionales. Lo que, según el texto, es una caricatura diseñada desde el clasismo, el machismo y la burla a la autoridad pública femenina.
Términos derivados como charía, que designa al colectivo de "Charos", el concepto charocracia, que alude irónicamente al "poder ejercido por ellas", o el verbo charear, usado para describir la acción de "comportarse como", han consolidado un léxico autorreferencial propio dentro de la subcultura de odio digital.
La utilización del término se popularizó en 2019, coindiciendo con la consolidación del feminismo español como agenda de Estado y como movimiento de movilización masiva. Ese año, la huelga feminista 8M situó al país como referente internacional, tras congregar a cientos de miles de personas en todo el territorio.
Es precisamente como reacción a esa movilización social, cuando "Charo" comienza a funcionar, según el informe, como una respuesta exprés ante publicaciones de mujeres que denuncian situaciones de machismo o defienden derechos humanos.
¿A quién apunta la misoginia digital del "ok, Charo"?
Los ataques empezaron apuntando a mujeres visibles y activas en redes, vinculadas a discursos feministas o progresistas. Pero el fenómeno ha mutado y hoy la etiqueta se usa para descalificar a cualquier mujer que opina en público y cuestiona el machismo.
"El término “Charo” se dirige inicialmente a un perfil de mujeres vinculadas a la política y al feminismo que se convierten en objeto de burla por parte de figuras de la esfera reaccionaria de nuestro país, como respuesta a sus propuestas de cambio social feminista o a su defensa pública de estos avances", reza el informe.
Bajo un mismo insulto, explica el texto, se agrupan mujeres diversas, desde políticas de Podemos o del PSOE hasta actrices como Anabel Alonso o escritoras como Almudena Grandes. Todas comparten como nexo común el "alejarse de las expectativas y roles de género asignados y ocupar un espacio público desde posiciones feministas".
Pérdida de referentes feministas
El informe detecta impactos a nivel generacional, individual y colectivo derivados de la normalización del término "Charo".
La consecuencia más relevante, según el documento, es la pérdida de referentes feministas para las generaciones más jóvenes. La etiqueta se asocia a una imagen de mujer "amargada" o "asocial", un estereotipo que actúa como barrera simbólica y dificulta que las jóvenes reconozcan como positivos los modelos feministas o las figuras públicas vinculadas a la defensa de derechos.
Este rechazo automático, señala el texto, limita la transmisión intergeneracional del feminismo y reduce el acercamiento a mujeres con relevancia social, cultural o política.
"Esta privación de referentes intelectuales, políticos y feministas a quienes están construyendo su personalidad y su lugar en el mundo constituye una perversión de la libertad de expresión, utilizada aquí para erosionar derechos", recoge el texto.
Erosiona la legitimidad de las reivindicaciones feministas
A nivel individual, el informe describe que ser etiquetada como "Charo" implica enfrentarse a una forma de violencia simbólica que exige un esfuerzo adicional para sostener la participación pública. Este desgaste puede "limitar, e incluso anular, la participación política" de algunas mujeres, no solo en redes sociales, sino también en otros espacios de debate y decisión.
En el nivel colectivo, el uso extendido del término contribuye a erosionar la legitimidad de las reivindicaciones feministas, que pasan a percibirse como algo menor o ridiculizable.
El documento del Instituto de las Mujeres advierte que esta dinámica "no solo estigmatiza a quienes defienden la igualdad, sino que también pone en cuestión los logros alcanzados", al asociarlos a un estereotipo desacreditado.
El resultado, dice, es un empobrecimiento del debate público y un debilitamiento del pensamiento crítico con perspectiva de género en la ciudadanía más joven.