El director Alberto Conejero y la actriz Natalia Huarte hablan con EFE sobre la obra teatral 'Leonora', que se estrena el día 3 de septiembre en el Teatro de la Abadía. EFE/ Chema Moya
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"Memorias de abajo", de Leonora Carrington, llega al teatro de la Abadía de Madrid
Pintora surrealista, escultora y escritora, Leonora Carrington (Lancashire, Inglaterra, 1917 - Ciudad de México, 2011) fue una de las grandes creadoras del siglo XX. Marcada por episodios oscuros y dolorosos, convirtió esa experiencia en materia artística, que ahora el director y dramaturgo Alberto Conejero recoge en Leonora, una invocación de su "espíritu indócil", interpretada por Natalia Huarte.
Leonora fue "superviviente de muchos naufragios", explica Conejero en una entrevista con EFE, que, lejos de crear un "biodrama", ha construido, a partir del relato autobiográfico Memorias de abajo, de la propia Carrington, una obra sobre su temprana vocación artística, la violencia psiquiátrica que vivió, su paso por la España de la posguerra civil y su "necesidad de imaginar".
Estrenada en septiembre de 2025 en Contemporánea Condeduque, 'Leonora' abre ahora la temporada 2026-2027 del Teatro de la Abadía de Madrid, donde podrá verse del 3 al 13 de septiembre en una coproducción entre Teatro del Acantilado, Come y Calla y Conde Duque.
Leonora, una de las grandes artistas del siglo XX
Nacida en 1917 en el Reino Unido, Carrington fue una mujer "que peleó y luchó por convertirse en creadora", una mujer que "se aupó en su vocación para sobrevivir", en palabras de Conejero.
"Asistimos a la fragua de una creadora, a cómo una mujer se convierte en artista", explica también el director, que descubrió a la artista en un viaje a México: "Vi una de sus esculturas y me fascinó. Me atrapó su biografía y descubrir que algunos episodios fundamentales de su vida transcurrieron en España".
Asimismo, el director pretende "invocar su espíritu" y provocar en el espectador la misma sensación que él tuvo al conocer a Carrington, para que quieran descubrir su obra, sin pretender "usurpar su voz ni ocupar su lugar".
"Mis amigos me piden que cierre los ojos, pero yo quiero mirar el horror del mundo", dice Carrington en boca de Natalia Huarte, que viaja a la niñez de la pintora en el Reino Unido, pasa por su juventud en una Europa en guerra y llega hasta su exilio en México, el país que la acogió hasta su muerte, en 2011.
Un escenario como un lienzo en blanco
Huarte interpreta a la artista en un escenario vacío, un "lienzo en blanco" con "infinitas posibilidades", explica Conejero.
"Solamente estoy yo; entonces se convierte en un lugar de juego, de pintura y de descubrir animales salvajes con mi cuerpo", afirma Huarte, que busca transmitir ideas de libertad, desnudez y vulnerabilidad con su interpretación y convertir el texto y el movimiento en los protagonistas del espectáculo.
"Leonora era una mujer salvaje, irreverente, indócil, vital, muy libre para su tiempo, arriesgada y con una vocación y un deseo muy conectados con sus actos", señala Huarte, que asegura haber conectado con la artista por "apelarla directamente".
Conejero y Huarte esperan que el público conecte con el juego de imaginación, que "apaguen las pantallas" y entiendan la obra como un lienzo en blanco con infinitas posibilidades.
Memorias de abajo
"Una mujer nunca será una mujer sin el control de su cuerpo", dijo Carrington, espiritual y proteica, adelantada a su tiempo y siempre preocupada por los derechos de la mujer, la naturaleza, los animales o la salud mental.
Carrington tuvo una brutal experiencia en un psiquiátrico de Santander "atada de pies y manos", su paso por ese centro dio lugar a uno de los libros más crudos y hondos que se hayan leído sobre la locura y que la autora tituló con el nombre de Memorias de abajo (Alpha Decay).
En él cuenta cómo, tras la Segunda Guerra Mundial y el arresto de Max Ernst (su pareja), huye y llega a España, y al llegar a Madrid es víctima de una violación por un grupo de requetés en el parque de El Retiro.
Un trágico episodio que desencadena un ataque de nervios repetido que hace que su familia la ingrese en el manicomio de Santander.