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Melba Escobar: "Muchas veces dejamos de ser mujer para convertirnos en una madre a secas"

Carmen Sigüenza - 19 marzo, 2026

La escritora y periodista colombiana Melba Escobar (Cali, 1976) publica en España Las huérfanas, un texto basado en hechos reales en el que reconstruye la vida de su familia, en especial la de su madre, Miriam Nogales, una mujer muy diva, con muchas cualidades, que no quiso ser estereotipo maternal y que se intentó suicidar once años antes de que la escritora naciera, algo que marcó la vida de sus cuatro hijas.

Ese hecho lleva a la autora a reconstruir la vida de su madre y a reconciliarse con ella, y la de su prima del mismo nombre, Miriam Nogales, que se suicidó treinta años después de que lo intentara la madre de Escobar. Un friso genealógico que tiene como telón de fondo la Colombia de los 80 y la dureza de la violencia terrorista; pero, sobre todo, una reflexión de la identidad femenina sobre lo qué cuesta ser madre y seguir  manteniendo tu propia identidad.

"Las mujeres de muchas maneras dejamos de ser una mujer para volvernos una madre a secas",  dice la autora a Efeminista en una entrevista.

Melba Escobar con su libro 'Las huérfanas' en una entrevista con Efeminista. EFE/Nayara Garde

P.- El libro empieza de una manera intensa: "Mamá se arrojó por la ventana de un cuarto piso once años antes de tenerme..." ¿Este hecho ha sido el detonante de desentrañar esta historia familiar basa en hechos reales y plasmarla en Las huérfanas (Temas de hoy)?        

R.- Pues por un lado, creo que la certeza de que mi madre era un personaje y muy literario, mis hermanas y yo solíamos decir que a veces se sentía como si ella fuera la actriz y nosotras su público. Era muy entretenido siempre, a veces un poco agotador. Y digamos que esta idea de que los hijos son siempre el centro de atención, en mi casa no era tal, ella siempre lo era.

Y eso me llevo a hacerme muchas preguntas también sobre la maternidad. Luego que yo fui madre y es un poco también una una forma de interpelar la la maternidad y la identidad femenina, no al ver que ella fue una mujer soberbia en muchos sentidos antes de ser madre y luego se vio un poco confinada a lo doméstico y tuvo que renunciar a la mujer que había sido.

Digamos que entender esto desde un lado más de de violencia hacia ella, me tomó muchos años y fue como una es como una re lectura de tratar de reconstruir esa mujer que fue Miriam de Nogales.

Muchas veces dejamos de ser mujer para convertirnos en una madre a secas

P.- Ahora que se puede hablar de la maternidad desde otros lugares, y hablar de las madres como seres lógicamente no perfectos.  ¿Cómo ha sido ver a tu madre hoy, una persona tan singular, tan poco ortodoxa con el estereotipo de rol de madre ?

R.-  Ha sido un camino duro, si, pero necesito hablar de la historia de la novela, que es una novela basada en hechos reales. Todo lo que se cuenta ha pasado, las personas que salen existen y digamos que el detonante que le da cuerda a la historia es que mi prima Miriam de Nogales, que se llama igual que mi madre —que tuvo un intento de suicido y sobrevivió—,  se suicidó 30 años después que mi madre lo intentase. Esto me llevó a saber que hay una concatenación de eventos desafortunados, de constelaciones, que te hace inevitablemente preguntarte por cosas y buscar conexiones.

Y yo creo que es una novela que se hace esas preguntas de por qué están estos dos personajes paralelos, qué es esa historia de estas dos, Miriam, y luego está mi tía Melva, que decidió encerrarse en su propia casa porque le negaron la posibilidad de ser monja de clausura.  Fue su forma de rebeldía, de rebelarse contra un establecimiento que le exigía volverse madre, esposa y tener hijos y funcionar.

Entonces creo que es una un libro que se hace preguntas por la identidad femenina en el marco de un contexto fraternofilial.

Habla de la desgarradura que significa volverse madre en términos de lo que cuesta a tu identidad. Las mujeres de muchas maneras dejamos de ser una mujer para volvernos una madre a secas.

"Ahora que puedes ser madre, piensa que también puedes morir"

P.- ¿Cómo te incidió el intento de suicidio de tu madre?

R.- La muerte de mi prima, que fue algo muy brutal —la que quise muchísimo—, me llevó a volver a pensar en mamá y en que hubiera podido ser ella. Entonces la novela empieza con con con mi madre lanzándose por una ventana, pero realmente lo que me llevó a esa reflexión fue la muerte de mi prima. Todo está entretejido.

Otro tema que es muy importante para mí, sobre todo con lo que está pasando en los movimientos feministas, es el momento en que mi mamá eligió para contarme su intento de suicidio. Fue cuando a me llegó la menstruación, a los 12 años y ella me empezó contar lo que era un depresión posparto,  los efectos químicos sobre las mujeres y de los cambios biológicos pueden ser peligrosos y llevarnos a la muerte.

Y me advirtió: "Ahora que puedes ser madre, piensa que también puedes morir o o puedes tener esa pulsión".  No sé, ahora lo pienso y es algo fascinante.

"Mi madre siempre estuvo haciendo de consejera, pero era invisible detrás de mi padre"

P.- Tu madre es una persona interesantísima, con sus luces y sus sombras, pero también es una víctima de un época. Ella venia de una familia de clase alta española y se enamora de un hombre humilde de Cali (Colombia), que luego llegaría a ser un político importante, en los años 60 cuando ambos estudiaban en la Sorbona, en Paris    

R.-  Para mí fue importante reconstruir a mi madre, porque creo que las hijas tendemos a creer que las madres nacieron el mismo día que nosotras. Se nos olvida que hubo alguien antes y a las madres muchas veces también se nos olvida. Nos convertimos en eso, en la madre.

Ella se fue a Colombia con mi padre detrás de él y abandonó mucho: a su país, a su familia y su historia. Esto me permitió hablar mucho con mi tía Beatriz, que vive en Suecia, la única hermana que queda de mi mamá. Y fue ella la que me dijo: "tu mamá siempre fue sobresaliente, extraordinaria fuera de todo, la campeona en todo, en clavados, en motocross, en piano, en siempre. Ella tenía que sobresalir siempre".

Mi mamá estudiaba Psicología, con Piaget, hablaba cinco idiomas, quería ser grande en la vida y se enamoró de este caleño de provincia, un hombre lleno de encantos, hecho muy de calle, pero sin un duro, criado en un patriarcado muy fuerte.

Creo que ella tenía como la fantasía de "todos somos iguales". Estaba en el París de los 60, los movimientos revolucionarios, el feminismo... Pero de pronto ella queda embarazada y  la historia se truncó por completo. Acaba llegando en un barco a Colombia con una niña de brazos, otra en el vientre.

Mi papá no viajó con ella, ella siempre supuso que porque ya tenía otra mujer y mi madre es recibida por unos suegros que no la quieren ni ver, que les parece fatal que mi papá se casara con una española y la tratan mal desde un principio. Y  está sola y de alguna manera llega a este mundo oscuro entendiendo que echó la llave en el mar y  regresó.

Mientras tanto él, mi papá, se hizo una carrera pública enorme. Se convierte en un personaje que hizo mucho por  Colombia, y que hoy todavía es reconocido por muchos. Fue un gran intelectual. Llegó a ser embajador de Colombia en Estados Unidos, Ministro de Educación, de Gobierno, de Justicia, estuvo en los diálogos de paz de los ochentas. Un gran hombre, pero que de alguna manera con todos los vicios de su generación y de su género. Y ella siempre estuvo allí detrás de él, haciendo mucho, de consejera, pero invisible.

A mí me tomó mucho tiempo entender esa rabia que habitaba en mi madre, había una rabia tremenda y una frustración, y una enfermedad también que puede decirse depresión, trastorno de personalidad, pero que muy alimentada por el contexto.

Este libro ha sido como una especie de rendición de cuentas.

El libro está atravesado por la realidad política de los 80 en Colombia

P.- ¿ Cómo lo han recibido el libro en ti familia, tus hermanas?

R.- Mira, no solo lo han leído, si no que trabajamos juntas. Inicialmente, claro, yo tenía un enorme pudor de exhibir tantas cosas privadas.  Pero lo leyeron en varias versiones, esto acabó siendo como una terapia familiar.

P.- El libro está atravesado por la realidad política y social de los años 80 en  Colombia y el terrorismo.

R.- Creo que los que crecimos en los 80 en Colombia tenemos un trauma tremendo. Yo oigo un petardo, y puede ser ser pólvora y enseguida ya me quiero tirar al suelo. Fue una época que estallaban bombas y mataban candidatos, políticos, mataban ministros.

Mi papá estuvo en la mira muchas veces, andaba con un ejército de escoltas porque mucho lo que fue pasando es como el narcotráfico le fue ganando la mano a punta de bala. Era la ley de la selva realmente, y esos fueron años muy duros, y eso es también un reconocimiento a mi padre, Rodrigo Escobar, porque ahí los políticos que se enfrentaban a eso realmente era un acto heroico.

"Todos somos un poco huérfanos"

 P.-  El título del libro impregna una sensación de orfandad eterna...

 R.- Yo creo que todos somos un poco huérfanos, incluso de padres presentes. Siempre hay algo que nos falta a todos y bueno, nosotros tengamos padres con problemas mentales o no.

Hay también como una suerte de maternidad platónica, como que la mamá es una suerte de ser imaginario, perfecto, que todo lo comprende. todo lo puede todo, lo soluciona todo y eso  nos hace mucho daño, porque al final esa relación que tenemos con la mamá real está muy mediada por esa idea platónica que es perfecta.

P.- En el libro se habla de la enfermedad mental también... 

R.- Mi abuelo fue un psiquiatra, mi hermana, mi tío. Y también ha habido mucha enfermedad mental del lado de  mi madre y mi padre. Y yo, además, creo que hay un cierto parentesco en las dos cosas. Mi mismo abuelo era un poco loco o bastante loco.

Miriam Nogales, el centro del mundo familiar

P.- ¿Cómo crees que hubiera vivido tu madre hoy en día...?

R.- El libro empieza con su intento de suicidio, pero termina con una mujer muy mayor que se está muriendo de un cáncer, rodeada de toda la familia —que había venido de todas partes del mundo para estar con ella—, porque se volvió el centro del mundo familiar, y de la residencia de ancianos donde vivía.

Alcanzó una paz y una tranquilidad y un lugar para vivir y dirigir su vida que ella eligió, al final tomó riendas. Decidió que no quería vivir con ninguna de sus hijas, pero que ella no quería vivir sola. Escogió su residencia, tenía sus ahorros, se encargó de todo. Ella misma eligió su silla de ruedas para cuando le hizo falta, era un poco abrumador.

Era una mujer con todos los huesos rotos, que estaba muy mal, pero que estaba completamente a cargo de todo.

A partir de los 60, creo que ya empezó a florecer y a encontrarse y a estar a gusto con sus decisiones, con su vida. Entonces también creo que es un mensaje de esperanza claro y un ejemplo.