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Maruja Torres: "No se puede perder el feminismo, es básico para todo lo demás"

Carmen Sigüenza | Madrod - 12 septiembre, 2024

La periodista, reportera y escritora Maruja Torres (Barcelona, 1943) siempre tuvo puestas las gafas moradas ante el mundo para ver, sobrevivir y ser la heroína de su propia vida, "nunca la victima", como dice su admirada Nora Ephron, porque le tocó moverse desde muy joven en un mundo franquista, en blanco y negro, machista y patriarcal que también tenía eco en las muchas redacciones donde trabajó desde los años 60, década en la que comenzó su carrera.

Hoy considera que "el feminismo es lo que no se puede perder nunca. El feminismo es básico para que todo lo demás exista", explica en una entrevista con Efeminista.

Una larga carrera la de esta autora que ahora repasa en Cuanta más gente muere, más ganas de vivir tengo (Temas de hoy), un libro de memorias, una lección de vida escrita a sus 81 años, donde esta icono del periodismo, reportera de guerra en Líbano, Panamá o Israel, Premio Planeta y Nadal y autora de títulos como Mientras vivimos, Esperadme en el cielo o Un calor tan cercano, cuenta cómo vive su envejecer con mucho humor. Recuerda a sus amigos, su origen, y muestra su lado rebelde, combativo, no normativo y su lucha feminista.

El momento que revitalizó el feminismo de Maruja Torres

"Hoy la situación no tiene nada que ver con el mundo que me tocó vivir y, sobre todo, con el que le tocó a mi madre. Para empezar, la esperanza me la dieron las más jóvenes. Para mí, el momento que me revitalizó feminísticamente hablando, fue cuando llegó el tren de las comadres (El tren de la Libertad con una participación de más de 30.000 mujeres, en 2014), cuando Gallardón (expresidente de la Comunidad de Madrid, del PP, que propuso una ley que eliminaba los plazos) quería quitarnos el aborto y llegó el tren de las comadres y se llenó esa estación de chicas jóvenes. Todavía puedo llorar como una Magdalena ahora mismo, porque me dije: Ay, no ha sido en vano".

Maruja Torres, periodista, reportera de guerra y escritora, durante una entrevista con EFE. EFE/Sofía Carabias

"Vivíamos en un mundo de pobreza, pero con glamour"

"Eso fue lo que sentí, del mismo modo que se sentiría, a lo mejor, una señora de la República viéndonos a nosotras ahora. Entonces, claro. Ahora tenemos una forma de pensar mucho más avanzada, mucho más diferente. Yo tengo una suerte estupenda, además, pero eso es mío, es de mi barrio chino donde no había discriminación. Había unas palizas de muerte, pero no se discriminaba a las putas, a los gays. Entonces los llamábamos de l'a acera de enfrente', los que los respetábamos, claro"

"Vivíamos en un mundo de pobreza, pero con glamour al mismo tiempo, porque había mujeres pintarrajeadas, había chicos con pelos largos y lentejuelas que se iban a trabajar de noche en un cabaré. Había madres que les acompañaban, madres que venían a mi casa a hablar con las mujeres de la familia. Entonces yo tengo como una especie de chip que hace que no me escandalice de nada. Además pienso que es muy atrasado intentar clasificar a nadie, porque vamos a acabar todos cyber, no solo de la prótesis de rodilla, sino incluso en decisiones sobre el deseo inmediato, siempre que salga con un consentimiento", recalca.

"No se puede perder nunca el feminismo, es básico" 

"Lo que no se puede perder nunca es el feminismo, es básico para que todo lo demás exista, porque si el cincuenta y uno o cincuenta y dos por ciento que somos no defiende su emancipación y no lucha por ella, todo lo que de eso se deriva, que es la libertad, la libertad sexual, la libertad para ser, se quedará solo en la lentejuela. Eso me gustaría mucho que se enseñara en los colegios".

La periodista, que relata en el libro su miedo a la violencia, porque desde niña veía cómo su padre alcohólico maltrataba a su madre, una mujer sumisa que nunca dejó de ser una "víctima" y con la que Torres tubo una mala relación, dice que, si en esa época hubiera habido una red de mujeres y un tejido solidario, la cosa hubiera sido de otra manera.

"Francamente era imposible que existiera en aquella época, porque la única red que existía era la sección femenina de Falange y de la hermana de José Antonio Primo de Rivera, que te perseguían por los pasillos para meterte mano, muchas veces las abusonas del régimen, que les habían dado el poder y entonces eran como hombres, como hombres malos, y eso es inconcebible en mis tiempos. Es decir, yo eso lo concibo cuando la República, si, pero en ese años 40 años que tuvimos, no. Al final sí empezó."

"Cuando descubrí las amigas, descubrí también los derechos sociales"

"En la segunda ola, que creo que es la mía, yo ya me he perdido, pero creo que sí, cuando muy al finales de los 60 y principios de los 70, cuando leíamos a Kate Millet, cuando leíamos incluso el Miedo a volar, de Erica Jong, o íbamos con un espejo en el bolso para mirarnos el clítoris, entonces sí existían las amigas".

"Yo lo descubrí como una de las grandes cosas que, contra las que mi pobre madre, a la que tan bien le hubiera venido tener amigas, me prevenía diciéndome: 'No, las chicas no. Ten cuidado con las amigas que te quitarán el novio', esas cosas. Entonces, cuando descubrí que tenía amigas, que había amigas, además ilustradas, más ilustradas que yo, fue cuando descubrí también los derechos sociales y, a veces, las dos cosas al mismo tiempo, lo que llamábamos la doble militancia. A saber, que si tenías un problema, una amiga te iba a llamar y te iba a prestar dinero para que huyeras de casa, de aquel imbécil o lo que fuera".

"Eso en la época de mi madre era inconcebible, porque, si se ayudaban entre ellas era siempre dentro de ese mundo tan patriarcal que condenaba a la mujer. Hay una película que lo cuenta bien en una escena, y es cuando en Canciones para después de una guerra, de Basilio Martín Patino, se ve a las mujercitas cosiendo a máquina pedaleando".

El periodismo, el gran amor de su vida

Para Maruja Torres, el periodismo ha sido "el gran amor" de su vida y reconoce que, si hoy fuera más joven, investigaría el mundo del deporte "sin parar", porque está convencida de que "detrás de esos ídolos hay un mundo opaco donde se manejan millones, además del patriarcado o la homofobia".

"Hemos visto el iceberg, picos, pero en el mundo del deporte falta transparencia. Hay un negocio alrededor del deporte, como en el mundo de la droga, que produce tanto dinero, y en el que es muy difícil hincar el diente", explica la periodista.

Y es que su amor por el periodismo es uno de los hilos que cose este libro de memorias, diario, espejo de lo cotidiano y sugerencias para un envejecer asumido y vital, lleno de ironía y escrito por la autora nacida hace 81 años en el barrio barcelonés del Raval.

No normativa con desparpajo y desobediente

Así la escritora coge "el toro por los cuernos, como se decía en mi época" y asume su edad, surfea los achaques, disfruta y continúa dando cuenta de que es una mujer "no normativa", con desparpajo y desobediente que se ríe de sí misma.

"No hay que dejarse convertir jamás en víctima, aunque te hayan puteado, aunque hayas sido víctima de comportamientos machistas y de violencia, hay que intentar darle la vuelta a la fuerza del contrario y doblegarle", asegura con pasión, la misma que asoma en sus pupilas cuando se estremece a la hora de hablar de Palestina.

"Ahora tenemos todos, de una forma u otra, salpicaduras de la sangre palestina que empezó a manar hace 75 años", escribe.

Pero también se emociona al hablar de las afganas o de sus amigos Terenci Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Ramón Lobo, Colita o Teresa Gimpera, que también pasan por el libro, dedicado a Carmen Rico Godoy, y en el que, además, habla de su pasión por el cine. "Ha sido mi refugio, mi escuela. Me ha hecho feliz", precisa.

También recuerda en estas páginas hilarantes a "Rodolfo langostino", su vibrador, al que antes llamaba "consolador", un error del que la sacaron un grupo de jóvenes haciéndole ver el gesto machista que conllevaba el término, comenta.

Normaliza la vejez y habla de sus últimas voluntades

Un libro, aclara Torres, que empezó tras la entrevista que le hizo Jordi Évole en La Sexta en 2023, y la columna semanal para el programa radial "Hoy por hoy", por encargo de Ángeles Barceló. "Me dieron un poco de vidilla, me hicieron un boca a boca y pensé que estas notas que voy escribiendo en servilletas podrían servirme para empezar.

"Yo fui siempre no normativa y me dije: Vamos a continuar hasta el final y vamos a ver cómo acaba esto, porque, desde que voy cumpliendo días, no sé si mañana estaré viva. Esto es una ruleta, y entonces empecé con algo que me gusta mucho cuando escribo, que es abrir camino como si fuera un cuarto trastero oscuro del que voy sacando cosas".

Dentro de esas cosas que Torres muestra, están sus formas para vivir mejor en un mundo complejo cuando se está alcanzando el final de la escalera: "Vivir el momento, moverse, hacer ejercicio, ejercitar la mente, comer, beber y charlas con los amigos. Azogue, azogue, azogue".

Torres normaliza la vejez y relata en el libro cómo ha dejado sus últimas voluntades redactadas y las instrucciones para ser trasladada a otro país con suicidio asistido si llegara a esta circunstancia, o que no haya funeral. "No se me exponga ni abierta ni cerrada... que me incineren rapidito... Que entierren mis cenizas donde ellos saben (el grupo de amigos depositarios) y, si puede ser, cerca de un perrito".