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Martha Arotingo, partera ancestral: "Un parto en casa en estos tiempos es un acto político"
En las comunidades andinas de Cotacachi, al norte de Ecuador, el nacimiento de un bebé puede ser también un acto de resistencia frente a la medicalización del parto, la violencia obstétrica y décadas de persecución contra los saberes indígenas.
"Un parto en casa en estos tiempos es un acto político, en el que la mujer dice: 'Yo estoy decidiendo por mi territorio, por este cuerpo que va a parir'", afirma en una entrevista con Efeminista la partera ancestral Martha Arotingo, quien desde hace más de veinte años acompaña nacimientos en su territorio y asegura que parir en casa se ha convertido para muchas mujeres en una decisión profundamente política.
Actualmente es vicepresidenta del Consejo Indígena de Medicina Ancestral Hampik Warmikuna, desde donde impulsan proyectos como la primera escuela de partería ancestral del país, "Unanchu mamakuna", creada para garantizar la continuidad de estos conocimientos en las comunidades.
La iniciativa surge ante el envejecimiento de las parteras tradicionales: "Las más jóvenes de nuestras compañeras parteras tienen entre 56 y 60 años", explica, y añade que muchas han dejado de atender partos, pese a que su labor sigue siendo esencial para las indígenas.

Foto de una partera ancestral atendiendo a una embarazada en Cotacachi, Ecuador. EFE/ José Jácome
El cuerpo como territorio
Para Arotingo, que aprendió el oficio de su madre en la niñez, la partería también es una forma de que las mujeres recuperen la autonomía sobre sus propios cuerpos, que históricamente, considera, han sido controlados por el Estado, la Iglesia y la medicina occidental.
Desde esa mirada, explica que el primer paso es que reconozcan su cuerpo como un territorio sobre el que tienen derecho a decidir.
"Hay que partir de que una mujer tiene que estar convencida de que su cuerpo es su primer territorio", afirma. Desde ahí, añade, cada una debería poder decidir "qué quiere hacer, dónde, cómo y con quién quiere parir".
En su experiencia, muchas mujeres se sienten más seguras en su hogar, rodeadas de su familia y su comunidad, y defiende que el sistema sanitario occidental debe entender que elegir parir en casa no es un acto criminal. "Solamente está decidiendo", sostiene Arotingo.
Por eso, para las parteras, acompañar un nacimiento tiene también una dimensión política:
"Yo creo que las parteras hacemos un acto bastante político, pero un acto político de la mano de las mujeres que han confiado en nuestro conocimiento", explica.

Foto de Martha Arotingo, partera ancestral de Cotacachi (Ecuador). EFE/ José Jácome
Violencia obstétrica hacia las mujeres indígenas
A diferencia de muchos hospitales, añade Arotingo, la atención de las parteras no se rige por protocolos estrictos de tiempo, sino que se adapta al ritmo y a las necesidades de cada mujer: "Cuando estamos atendiendo un parto en casa, no estamos mirando en el reloj cuántas horas han pasado. Estamos observando sobre todo cómo está la mamá", señala.
Las mujeres, recuerda, han parido en sus comunidades desde el inicio de la humanidad, mucho antes de la existencia de hospitales o protocolos médicos.
Sin embargo, hoy en día esa decisión muchas veces está marcada por experiencias traumáticas en los servicios de salud. Según menciona, "quienes más han sufrido violencia obstétrica han sido las mujeres indígenas".

Foto de personas en las calles de Cotacachi (Ecuador). EFE/ José Jácome
En Ecuador, 48 % de las mujeres ha sufrido al menos un hecho de violencia gineco-obstétrica a lo largo de su vida, una cifra que se eleva hasta cerca del 70 % entre mujeres indígenas, según la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres (ENVIGMU) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Por eso, para ella, defender la partería también significa defender el territorio y los derechos de las mujeres indígenas.
Defender los sistemas de salud propios
Con ese objetivo, el Consejo Indígena de Medicina Ancestral de Cotacachi ha impulsado la creación de una escuela de partería.
"Se ha creado la primera escuela de partería ancestral a nivel nacional, y entiendo que también a nivel mundial, donde se imparten saberes de la mano de mujeres sabias", explica Arotingo.
La escuela, gratuita para las mujeres de las comunidades, ya ha formado a nueve parteras que actualmente acompañan nacimientos en distintos territorios de la zona.
Muchas de esas comunidades están lejos de hospitales o centros de salud y, además, algunas mujeres prefieren evitar esos servicios por experiencias de maltrato: "Muchas han sido maltratadas, han sido violentadas y no han tenido una buena atención. Entonces hay una falta de confianza", señala.
Arothingo defiende que los saberes ancestrales son una forma de conocimiento que ha sostenido a las comunidades durante siglos, pero que, sin embargo, "la colonización y la globalización hacen pensar que el sistema occidental es la única ciencia".
Persecución y discriminación
Es así que, durante años, muchas parteras tuvieron que trabajar en silencio.
"Nosotras como parteras hemos tenido que acompañar partos en silencio", recuerda Arotingo.
Después de atender un nacimiento, cuenta, pedían a las madres que no mencionaran su ayuda por miedo a ser perseguidas o criminalizadas.
Además, señala que la discriminación también se relaciona con el hecho de no tener una educación académica: "Tenemos una educación formal dentro de nuestro sistema, pero el sistema occidental no lo reconoce", indica.
De esa lucha por el reconocimiento de la labor también forma parte la presidenta del Consejo de Medicina Ancestral y estudiante de la escuela de partería, Carmen Morán.
Durante muchos años, recuerda en una entrevista con Efeminista, las parteras enfrentaron discriminación en los hospitales, y algunas incluso fueron detenidas.

Foto de Carmen Morán, presidenta del Consejo de Salud Ancestral y estudiante de partería, en Cotacachi (Ecuador). EFE/ José Jácome
Sin embargo, seguían siendo el único apoyo para muchas mujeres que vivían en comunidades alejadas: "A veces las mujeres no podían asistir al hospital porque las comunidades están muy lejos, entonces quienes apoyaban eran las parteras", destaca.
Además, señala que su trabajo ha sido históricamente voluntario: "Siempre han atendido sin ninguna remuneración", explica Morán.
Cómo parimos, la sociedad que construimos
Para María Piñán, también estudiante de la escuela de partería, la forma en la que nacemos también influye en la sociedad.
"Hemos reflexionado sobre que la problemática de la sociedad tiene mucho que ver con cómo parimos", resalta durante una entrevista con Efeminista.
Por eso considera fundamental cuidar todo el proceso del embarazo, desde la gestación hasta el posparto, y tener en cuenta aspectos como las emociones de las mujeres, la alimentación y el entorno comunitario.

Foto de María Piñán, estudiante de partería, en Cotacachi (Ecuador). EFE/ José Jácome
"Tengo dos hijas y pienso que esta conexión más humana de tener un parto en casa con los seres queridos es muy importante", afirma.
Para las comunidades, además, mantener viva la medicina ancestral es también una forma de preservar la identidad: "No queremos que se pierda porque nuestros abuelitos y abuelitas siempre se curaban con ella", cuenta Morán.
En Cotacachi, donde las comunidades viven en un entorno de gran biodiversidad, las plantas medicinales siguen formando parte del cuidado de la salud y del acompañamiento durante el embarazo y el parto.
Estos conocimientos, transmitidos durante generaciones por madres y abuelas, continúan vivos en las comunidades, y para muchas mujeres recuperar estas prácticas significa defender su cultura, su cuerpo y su forma de entender la vida.