Paloma Sánchez-Garnica

Paloma Sánchez-Garnica durante la entrevista. EFE

Sánchez-Garnica reivindica a las científicas en «La sospecha de Sofía»

Jorge Gil | Bogotá - 19 septiembre, 2019

«Me inspiré en una científica que vive todavía. Era discípula de Severo Ochoa (Nobel de Medicina de 1959). Esa mujer tiene ochenta años, va todos los días a su laboratorio pese a que se jubiló».

Esa mujer es Margarita Salas, y a través de ella nace «La sospecha de Sofía» (Planeta), la última novela de Paloma Sánchez-Garnica.

La escritora reivindica a las mujeres científicas y en especial a Salas, que rompió «la estructura de lo que era normal» en el siglo XX y se dedicó a la investigación.

Sánchez-Garnica (Madrid, 1962), valora lo que hace la científica, que aún sigue preparando doctorandos y «tiene una cabeza extraordinaria».

«Ella tenía, un poco como Sofía, un padre muy liberal, con una cabeza muy bien puesta sobre los hombros y que pensaba que una mujer, al igual que un hombre (…) tenía que educarse para poder conseguir ser libre e independiente», añade.

«Una anomalía»

Sánchez-Garnica se entrevistó con Margarita Salas para conocerla mejor y fue en esa conversación que la científica le confesó que su caso es «una anomalía» para lo que era el papel de la mujer a mediados del siglo pasado.

«Se fue a Nueva York, hizo su doctorado, y ella me decía que era una anomalía porque decía que las mujeres estudiaban en esa época, pues en su orla había un tercio de mujeres que se licenciaron en Química, pero luego no ejercían, se quedaban en su casa. En el momento en el que se casaban, no trabajaban, no desarrollaban su talento», detalla.

«La directora del laboratorio»

Es por ello que considera clave que Salas -cuyas décadas de estudio la llevaron a descubrir la ADN polimerasa Phi29, una enzima muy importante por su capacidad para producir copias genéticas de forma precisa partiendo de rastros escasos- hubiera tenido como esposo a Eladio Viñuela, «un científico que entendía perfectamente su pasión».

«Cuando volvieron a España, en el año 68, a ella en el laboratorio se dirigían como ‘la mujer de Eladio'» y éste «lo que hizo fue retirarse de ese trabajo y dejarla a ella al frente, de tal forma que no tuvieron más remedio todos los que estaban por debajo que dirigirse a ella como ‘la directora del laboratorio'», añade.

Sánchez-Garnica desarrolla la historia de «La sospecha de Sofía» en tres escenarios: la Berlín divida por el Muro, la agitada París de las protestas de mayo de 1968 y la Madrid de la segunda mitad del siglo XX.

El talento aplastado

La autora se refiere al cambio que ha vivido la sociedad española en las últimas décadas, en las que las mujeres ya no están sometidas a «ser madres y sobre todo esposas, a cuidar del marido».

«Yo soy consciente del talento y de la inteligencia de muchas mujeres que se ha quedado aplastado bajo ese rol de madre o esposa, tantas mujeres que han tenido que renunciar a su identidad por quedar sometidas a ese rol tan simple», asevera.

Sin embargo, considera que «se puede ser madre y esposa y se puede ser además una gran científica, una gran médica, una gran abogada y una gran escritora. Eso antes, hace cincuenta años, no se podía en España».