Margarita Salas muere

La científica y profesora Margarita Salas. EFE/Esteban Cobo

Muere Margarita Salas, la gran pionera de la investigación española

Patricia Crespo/EFEDoc - 7 noviembre, 2019

«Cuando yo empecé a investigar era como un bicho raro», solía decir Margarita Salas (Valdés, Asturias 1938), fallecida hoy en Madrid a los 80 años. La bioquímica, discípula de Severo Ochoa, con quien trabajó en los Estados Unidos, ha sido durante décadas una de las figuras referentes de la ciencia en España y un espejo en el que mirarse para muchísimas investigadoras.

Salas, quien deja un gran legado en el ámbito de la bioquímica y la biología molecular, atesora grandes discípulas, como la directora del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, María Blasco, cuya tesis doctoral dirigió.

Licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, y doctora en Bioquímica por la misma universidad, amplió sus estudios en la Universidad de Nueva York donde, entre 1964 y 1967, fue alumna de Severo Ochoa.

Su marido, el también investigador Eladio Viñuela, la acompañó en su regreso a España para poner en marcha un laboratorio en el que ambos compartieron trabajo hasta 1970.

En 1967, Salas comenzó a estudiar el virus bacteriófago -virus que infecta exclusivamente a bacterias- Phi29, en el cual, en 1970, descubrió una proteína que se encarga de copiar el ADN -la ADN polimerasa-, cuyo mecanismo es similar a los virus de la poliomielitis o la hepatitis.

Salas desarrolló también una prolija carrera como profesora universitaria. Desde 1974 fue también profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, centro que dirigió hasta enero de 1994.

Pionera en España de la biología molecular, en 1988 Salas fue elegida académica de las Ciencias y presidenta de la Sociedad Española de Bioquímica. Además, durante los años 1995-2003 dirigió el Instituto de España, institución que coordina las Reales Academias.

En diciembre de 2001 fue elegida académica de la Lengua. Fue la primera mujer científica en formar parte de dicha institución, donde ocupaba el sillón «i». En 2005 ingresó en la Academia Americana de las Artes y las Ciencias y en mayo de 2007 se convirtió también en la primera mujer española elegida miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, y en la cuarta personalidad de la ciencia de nacionalidad española con dicho reconocimiento, tras Antonio García Bellido, Juan Luis Arsuaga y Andreu Mas-Colell.

Académica y galardonada

Salas era también miembro de la Organización Europea de Biología Molecular (desde 1983), de la Academia Europea (desde 1988), de la Academia Americana de Microbiología (desde 1996) y de la Academia Europea de las Ciencias y Artes (desde 1997).

La lista de premios y distinciones de Margarita Salas es interminable. Entre ellos destacan el Premio Carlos J. Finlay de la UNESCO (1991); el Premio de Investigación Rey Jaime I (1994); la Medalla Principado de Asturias (1997); el Premio México de Ciencia y Tecnología (1998); Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal (1999); el Premio Unesco-L»Oréal para científicas (2000); la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid (2002); la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (2003); la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio (2003) o la Medalla de Oro del Mérito al Trabajo (2005).

El hecho de que fuera doctora Honoris Causa por una decena de universidades apuntaló el reconocimiento a la que ha sido una de las mayores referentes en la investigación española. Es autora de más de 300 publicaciones y de tres patentes científicas. Ha dirigido una treintena de tesis doctorales y un centenar de científicos se formaron en su laboratorio en el campo de la biología molecular.

Pero el perfil de Salas se completa, además, como una gran inspiradora para varias generaciones de niñas, jóvenes y mujeres de nuestro país. Recordaba que cuando empezó a trabajar en el laboratorio se presuponía que las mujeres no tenían «valía para investigar, ni que lo fueran a hacer de un modo serio», como ella misma contaba.

«Discriminación e invisibilidad»

«Hemos recorrido un camino muy importante», dijo en una ocasión, al recordar sus comienzos en 1961, de los que «estamos -señaló- a años luz», cuando empezó la tesis doctoral, un momento en el que ser mujer científica era muy difícil, situación que le hizo sufrir «discriminación e invisibilidad».

Salas aprovechaba, siempre que tenía ocasión, para reivindicar el papel de las mujeres en el ámbito científico. Consideraba, en cuanto a la posibilidad de que las mujeres ocupen puestos de mayor responsabilidad, que «la experiencia demuestra que cuando la mujer ocupa puestos de responsabilidad lo hace muy bien» y que, en la actualidad, la mujer se encuentra en la «línea frontal» para aceptar ese tipo de ofertas.

Para la investigadora, el XX era el siglo en el que las mujeres «confirmaron» su papel en el mundo de la investigación. Defensora de un feminismo que lucha para que a la mujer se le reconozca por lo que vale, era a este respecto «optimista», ya que en un futuro «no muy lejano» las mujeres ocuparán, decía, el puesto «que se merezcan».

El pasado 22 de julio, en una entrevista con Efe, defendía que en la ciencia no debería existir la jubilación, y reconocía que si de joven era discriminada por serlo, con 80 años, sentía lo mismo por el hecho de ser mayor.

La científica siguió trabajando hasta el final de su vida, como profesora ‘ad honorem’ del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, pues de otro modo -aseguraba- “no podría seguir”.

Se da la curiosa circunstancia de que Margarita Salas ha fallecido hoy, en Madrid, el mismo día, un 7 de noviembre, en que nació otra gran investigadora, Marie Curie.