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Lucía Mbomío utiliza el realismo mágico para hablar de las injusticias de las jornaleras en España

La periodista y escritora Lucía Asué Mbomío durante una entrevista con Efeminista por la publicación de su novela 'Tierra de la Luz'. EFE/Laura de Grado
'Tierra de la Luz', la novela más atrevida de Mbomío
Pregunta (P): En Tierra de la Luz, da voz a una protagonista que ha dejado atrás su vida en Guinea para seguir sus sueños y acaba enfrentándose a la precariedad en los invernaderos de España. ¿Por qué decidió abordar el tema de las jornaleras?
Respuesta (R): He hablado del tema de las jornaleras en el libro porque desde las ciudades en demasiadas ocasiones nos olvidamos de lo que está sucediendo en las periferias o en las ciudades que no son Madrid o Barcelona. Y surge a raíz de que una chica afro almeriense, Helen Digala, que me escribió y me dijo "mira lo que está pasando aquí". Entonces yo decidí bajar en mis vacaciones y conocerlas. La conocí a ella, conocí a Negro Juan y conocí a Nora y a Margarita, que son dos mujeres que estaban en el campamento de Atochares y que me abrieron los ojos a las injusticias cotidianas que se dan en el entorno de invernaderos, a cuestiones cotidianas que incomodan tu vida y también al apoyo mutuo entre mujeres y las estrategias de supervivencia en un lugar tan difícil.
Me resultaba interesante hablar de cómo no hay una sola forma de migrar, no hay una única expectativa, ni sueño. Puedes llegar en avión, estar con tu familia en Torrejón de Ardoz para continuar tus estudios y cuando se te acaba el visado de estudios, tu vida cambia. Y esto te habla de cuánta gente está caminando sobre un acantilado desde el cual están viendo un fondo muy profundo. Basta con que el viento sople un poco más fuerte o les empujen un pelín para que caigan dramáticamente.
Y esto es lo que sucede en el caso de las personas migrantes, que dependen de un papel que puede provocar que sus vidas se transformen hasta el punto de que casi dejen de ser vida. O que la nostalgia no cese porque no pueden volver a sus países por vergüenza, porque no tienen dinero para regresar o porque son quienes están sosteniendo desde aquí a sus familias.
"La realidad supera a la ficción"
P: En gran parte del libro, aunque sabes que es una novela, lees cosas que conoces. ¿La realidad supera la ficción en este tema?
R: La realidad, sin duda, supera a la ficción. Y, además, está normalizado y no nos llama la atención porque no dejan de formar parte del milagro de las huertas de Europa. Entonces supongo que eso es lo doloroso. Que está ahí todo el tiempo y que tiene muchas aristas: el cómo se vive, cómo se accede al agua, al aseo, a la comida, a la salud, cómo te proteges incluso cuando tu vida se desarrolla debajo de una casita de plástico y palos...
Revertir la narrativa sobre las personas migrantes
P: La historia de Ngolo, llena de sueños y sacrificios, recuerda que detrás de cada persona migrante hay una historia de vida y anhelos que rara vez se escuchan. ¿Por qué es tan importante dar espacio en la literatura a estos sueños y trayectorias personales?
R: Creo que es fundamental que en la literatura se cuelen un montón de historias. Y que no se cuelen de la manera en la que lo hacemos en los medios de comunicación, que es como una masa, sin historia, sin nombres, sin por qué, sin quienes...
Y esto es lo que yo he tratado de hacer: revertir esa narrativa única de personas deshumanizadas que parecen no tener voz. Hace falta insistir en que hay muchas formas de migrar, hay muchos por qué, hay muchas historias...
Tierra de la luz cuenta la historia de una chica que llega a España para estudiar, se queda sin el visado de estudiante y acaba en una situación terrorífica en un poblado chabolista y se ve obligada a trabajar debajo de los plásticos en situaciones de explotación. Pero, además, en ese poblado en el que trabaja y en otros tantos, empieza a desaparecer gente. Es un thriller en donde desaparece gente y donde la protagonista es una tía que es fortísima y que tiene una red de amigas fantástica.
P: El sur de España, con sus invernaderos y sus “mares de plástico”, se convierte en un personaje en sí mismo dentro de la novela. ¿Qué simbolismo y crítica buscó imprimir en la representación de este paisaje y sus condiciones laborales?
R: Los poblados chabolistas de plástico son casi un personaje más porque es el lugar en el que se construyen y se tejen relaciones fortísimas, en donde los cuidados priman, especialmente entre mujeres, en donde la nostalgia planea sobre todas las personas que lo habitan. La nostalgia también es otro personaje más, como un personaje corpóreo, incluso que se escribe con mayúscula, con nombre propio. La nostalgia como siamés que está adherido al cuerpo de la gente y provoca que caminen de lado por lo mucho que les pesa, porque no les cabe en el corazón.
El invernadero es un sitio mágico en el que la gente desaparece, pero también donde revive cada día cuando salen muertas después de trabajar jornadas intensísimas en los invernaderos y donde les deshumanizan. Quizá a ratos es incluso un lugar asfixiante, porque parece que no puedes salir de ahí.
Quita de custodias y violencia sexual contra las mujeres
P: En relación con la violencia de género y los abusos en el ámbito laboral que viven muchas mujeres inmigrantes, la novela no huye de tocar temas duros y crudos. ¿Qué dificulta denunciar las agresiones cuando se vive en una situación de precariedad extrema como esta?
R: En una situación de precariedad extrema se dan un montón de violencias que ni siquiera se denuncian por el miedo y porque temen no ser creídas. ¿Qué credibilidad pueden tener personas que nunca han sido tratadas y consideradas humanas desde el momento en el que se las mete debajo de un plástico trillones de horas y no tienen derecho a denunciar? Y luego, aparte, acercarte cuando estás en situación irregularizada a una comisaría a denunciar es casi una gesta. Porque, si bien es cierto que si estás en situación irregularizada y has sido víctima de violencia machista o de cualquier otra violencia, a priori no comienzan los protocolos de devolución, sigue dándote miedo.
Y me parece interesante hablar de las diferentes violencias que experimentan las mujeres, que es violencia sexual y el acoso en el ámbito del trabajo, pero también otras como la quita de custodias, que de esto se habla menos.
P: El incendio en el asentamiento chabolista donde viven tus personajes recuerda dolorosamente a eventos reales como los de Níjar (2020) y Lucena del Puerto (2023), que suelen quedar en el olvido mediático. ¿Qué nos puedes decir sobre la decisión de incluir estos eventos en la historia?
R: Incluyo incendios en la historia, primero, porque forma parte de este thriller y, segundo, porque sucede. Lamentablemente sucede cada verano y se nos olvida porque forma parte de lo cotidiano y sentimos que no tenemos que nombrarlo. Pero esto tiene unas consecuencias atroces para quienes viven allí, porque sus escasos enseres desaparecen. Sus documentos, lo que les agarra de alguna manera a al sitio en el que están o lo que puede demostrar que son personas que tienen un nombre, desaparecen en los incendios y cuesta mucho recuperarlos.
Me parecía fundamental tratarlo para entender que es más que una imagen en el informativo. Es algo que puede destrozar directamente vidas.
"La nostalgia nunca cesa"
P: Otro de los personajes clave del libro es Mamadou, una persona mayor que llegó a España hace muchos años y a través de quien se ven los cambios en el campo. También recuerda a su proyecto Afromayores. ¿Qué importancia tiene este personaje?
R: Se cuela Mamadu, que es un personaje migrante mayor que lleva un montón de tiempo, como forma de hablar de arraigo. Más del 50 % de las personas que migran llevan aquí más de una década y eso habla de gente que forman parte de la España que conocemos ahora y que han contribuido a construirla.
Pero además, me parece interesante tener a esta persona migrante mayor que se llama Mamadu porque él hace genealogía del movimiento migratorio y también habla de la historia de la tierra que habita. Y cuenta que en esa tierra antes trabajaban muchas más personas del lugar muchas más personas blancas, que han decidido olvidar porque les lleva una época que no les gusta, en la que había señoritos y ellos eran quiénes trabajaban, y les trataban mal y quizá les remueva sentir que ahora son esas personas quienes maltratan.
P: A pesar del ambiente de explotación y miedo constante, en Tierra de la Luz hay toques de realismo mágico que aportan luz y esperanza. ¿De dónde vino esta decisión literaria?
R: Tenía claro que el realismo mágico tenía que estar presente como forma de esperanza para que permeara esa magia y no fuera todo tan indigerible. Y porque es mi manera para expresar sentimientos, no sé hacerlo de otra forma. Además me parecía importante porque mi padre cuando me ha contado historias siempre lo ha utilizado de una manera muy natural.
En este libro supongo que me he atrevido a más cosas, en mis libros anteriores hay mucho de mi vida. En esta ocasión he creado una tierra que está inspirada en tierras que existen, pero que no son esa tierra. He creado personajes que están inspirados en personajes que existen, pero que no son esos personajes. Y lo hago por el profundo respeto que me provoca la realidad que se está dando ahora mismo, mientras se está viendo este vídeo, en un lugar como puede ser la huerta de Europa.
