Activistas participan en la cuarta edición de la “Marcha Lencha” este sábado, en Ciudad de México (México). EFE/Sáshenka Gutiérrez
Suscríbete a nuestra newsletter "Sin permiso"
Muchas lesbianas salen del armario en apps de citas antes que en sus entornos familiares
Muchas lesbianas salen del armario en apps de citas antes de hacerlo entre familiares y amistades ante el miedo al rechazo en sus entornos más cercanos, ya que un 52,4 % de las mujeres se han sentido discriminadas en el ámbito familiar por el hecho de ser mujeres y lesbianas.
Así lo señala la campaña “Hagamos visible lo invisible, juntas”, impulsada por la aplicación de citas Tinder, en colaboración con COGAM (Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales de Madrid), con el objetivo de defender los derechos de las mujeres lesbianas, quienes sufren una doble discriminación por su género y su orientación sexual.
A través de testimonios reales de voluntarias y activistas en COGAM, Tinder quiere dar voz a estas mujeres para poner de manifiesto la situación de discriminación a la que se enfrentan las lesbianas en la calle y en sus círculos más íntimos, lo que a muchas de ellas les ha llevado a mostrarse tal cual son en plataformas digitales ante gente desconocida antes que con personas cercanas.
En efecto, durante los últimos dos años, el número de personas LGTBI pertenecientes a la generación Z se ha duplicado, ha informado Tinder en un comunicado con motivo de la presentación de esta campaña, y ha incidido en que el 54 % de esta población afirma haber salido antes del armario en una app de citas, según el informe Futuro de las citas, elaborado por Tinder.
"Buscamos crear espacios seguros y visibles, especialmente durante el Orgullo, donde las mujeres suelen estar más invisibilizadas. Queremos asegurarnos de que nuestras voces también se escuchan", asevera la vocal de políticas feministas de COGAM Sara Moreno Muñoz en el comunicado.
Un espacio seguro y de aceptación en la red
El 87 % de mujeres lesbianas ha sufrido discriminación en algún momento de sus vidas, y el 80 % de las jóvenes lesbianas carece de referentes a los que seguir, según datos revelados por el Instituto de la Mujer en el acto por el Día de la Visibilidad Lésbica, el pasado 26 de abril.
En este sentido, Ángela, de 32 años, una de las activistas de COGAM, señala que durante su etapa escolar deseaba sentir las mismas emociones que decían sentir sus amigas al ver besarse a chicos y chicas en las películas, y confiesa que "esas mariposas nunca llegaban" porque "los estereotipos de mujer lesbiana en los 90 eran casposos" y no se sentía reflejada.
"Encontré mis referentes en internet. Gracias a mujeres que compartían su amor por otras mujeres, entendí que pertenecía a una comunidad y que debía olvidarme de cumplir expectativas ajenas para ser plenamente feliz”, asegura Ángela.
Reconoce, además, la dificultades que encaran las mujeres LGTBI en pequeñas ciudades y pueblos: “La posibilidad de encontrar a otras mujeres lesbianas en mi pequeña ciudad era casi imposible".
Es por ello que afirma que las apps de citas se convirtieron en un "refugio" y "un espacio seguro para poder conectar con otras mujeres y donde pertenecer". "(En Tinder) mi expresión de género no me obligaba a salir del armario continuamente y tener que adjuntar pruebas de lo que soy”, matiza.
"Corté lazos familiares para abrazar mi identidad"
Otra de las voces de la campaña y también parte de COGAM es Patricia, de 31 años. Ella encontró al fin la libertad, autenticidad y pasión de ser ella misma sin ataduras después de un difícil camino.
“Nací en una familia que pertenecía a una organización religiosa muy estricta, y mi infancia estuvo marcada por estrictas prohibiciones como celebrar cumpleaños, hacer deporte con el objetivo de competir y, especialmente, tener relaciones o ser homosexual”, relata.
Cuando Patricia descubrió en la adolescencia su atracción por las mujeres tuvo que hacer frente al rechazo interno y familiar, y con el tiempo decidió abandonar su religión y enfrentarse a su entorno.
“A los 22 años renací, de forma muy dolorosa, corté lazos familiares para por fin abrazar mi identidad como mujer deportista y lesbiana, y ser la persona que siempre he querido ser”.
Al principio, relacionarse con otras mujeres lesbianas fue un gran desafío para Patricia debido a su anterior entorno conservador y represor. Le costaba conectar y no lograba soltar del todo su pasado. “Utilicé apps de citas como Tinder para conocer a otras mujeres y guardo un recuerdo muy especial. Ahí sentí que podía ser yo misma y repetiría una y mil veces. ¡Terminé hasta mudándome a México!”, comenta.
La lesbofobia dispara la ansiedad y depresión
De acuerdo con un estudio del Ministerio de Igualdad, de 2022, la lesbofobia dispara los niveles de ansiedad y depresión; un coste muy alto que afecta a la autoestima de muchas mujeres.
Según Cristina Guadalupe Eyenga, de 28 años, integrante de LGTBIQA+ Somos Parte del Mundo de Guinea Ecuatorial, quien actualmente se encuentra en España becada ejerciendo su labor como activista, el colectivo lésbico en su país enfrenta episodios de violencia, extorsión y abusos de poder.
La lesbofobia interiorizada y el temor a la exposición pública que sufren las mujeres de su comunidad consume diariamente su salud mental: “Me enfrento todos los días a los moldes silenciados de una sociedad que nos destierra por ser quienes somos".
"A menudo, al ver a mujeres marginadas, obligadas a terapias de conversión en iglesias, matrimonios forzados, e incluso encarcelamiento, llegas a autoconvencerte de que tu voz no importa y consideras dar un paso atrás. Es como si te sangrase el corazón…”, confiesa la joven.
Pero precisamente comenzar a luchar juntas con la lesbofobia y el patriarcado es que ha salvado a muchas de ellas, como a Maricarmen, de 58, quien también ha prestado testimonio para esta campaña conjunta y quien asegura que sentirse parte de una comunidad fue crucial durante los años en los que se sintió más invisibilizada.
“Comenzar a luchar juntas fue una batalla que comenzó en el momento que acepté mi identidad a los 22 años. Ahora comprendo que somos más fuertes cuando nos apoyamos mutuamente”, concluye.