Imagen de la portada 'Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia' de la filósofa feminista australiana Kate Manne. Cedida por Capitán Swing.
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Kate Manne: La gordofobia deshumaniza y niega atención médica a las mujeres
El peso corporal no es una excusa legítima para el menosprecio laboral, la agresión en el ámbito educativo o la invisibilización en la consulta médica. Este es el eje sobre el que orbita Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia, el último libro de la filósofa feminista australiana Kate Manne, donde disecciona cómo esta herramienta de control social despoja de autoridad a las personas y castiga especialmente a las mujeres.
Manne, doctora en Filosofía por el Instituto Tecnológico de Massachusetts y profesora asociada en la Universidad de Cornell, ha consolidado su carrera analizando las estructuras de la misoginia y la violencia contra las mujeres, y en esta obra extiende su investigación hacia la vigilancia de los cuerpos.
"La gordofobia es una forma de opresión que se entrecruza con el sexismo y el racismo, creando un sistema donde los cuerpos que no encajan en la norma son deshumanizados", explica Manne en una entrevista con Efeminista.
Reconocida por su análisis del patriarcado, la autora de referentes premiados como Down Girl: The Logic of Misogyny (2017) destaca que este prejuicio a menudo se disfraza de "preocupación por la salud" para validar la discriminación.
En Irreductibles (Capitan Swing) la autora transmite que la gordofobia "es una poderosa herramienta de control patriarcal, no necesariamente intencional, pero aun así poderosa", que sirve para jerarquizar a las personas y establecer quién merece respeto y quién no, mientras mantiene a las mujeres centradas en lo interno y en su apariencia, en lugar de permitirles ocupar plenamente el espacio público y político.
Además, la gordofobia supone una barrera en las consultas médicas, ya que prioriza el prejuicio sobre la evidencia clínica, los síntomas y las explicaciones de pacientes que como consecuencia son víctimas de diagnósticos tardíos o erróneos.
Este análisis llega en un momento en el que la presión estética y la vigilancia sobre los cuerpos femeninos se han intensificado a través de las redes sociales, el auge de tratamientos estéticos y la publicidad en Internet, de acuerdo con los resultados del estudio Autopercepción de la imagen de las mujeres en los nuevos entornos digitales publicado en 2025 por el Instituto de las Mujeres.
La presión impide cambiar el mundo
Para la autora, la gordofobia se ha convertido en una forma de enseñar a las personas a controlarse y restringirse, pero también de denigrarlas para que dejen de ser figuras de autoridad.
"La presión estética hace que nos vigilemos a nosotras mismas y enfoquemos nuestra energía hacia adentro en lugar de hacia afuera, en cambiar el mundo", advierte.
La obra no solo busca denunciar la opresión, sino también construir una nueva ética donde el valor de una persona sea independiente de su índice de masa corporal, lo que permitiría que todas las mujeres puedan ser irreductibles ante las presiones de un sistema que intenta empequeñecerlas.
"Si tienes una explicación de la misoginia como la mía, donde menospreciar a las niñas y mujeres llamándolas gordas es una estrategia despectiva, entonces hay que investigar por qué tememos tanto ese epíteto", cuestiona.
Mitos sobre salud y cuerpos gordos
En el libro, la filósofa desmantela la idea de que un cuerpo gordo es intrínsecamente un cuerpo enfermo y razona que la condición física y hábitos como el sueño a menudo son determinantes de salud más fiables que el volumen corporal.
"Nos enseñan que una persona gorda no puede estar sana, pero también que si pierde peso, inevitablemente estará más sana. Y eso no es cierto, especialmente si es físicamente activa", defiende.
Además, alerta sobre el peligro de las dietas restrictivas: "El proceso de perder y recuperar peso —el conocido como efecto yoyó— ejerce mucha presión sobre los sistemas corporales y se relaciona con resultados de salud muy negativos", analiza la filósofa quien recuerda que el cuerpo intenta volver a un nivel de estabilidad.
El verdadero enemigo de la salud: el estigma
Uno de los puntos más críticos de su investigación es el impacto de la gordofobia en el sistema sanitario, donde la falta de una perspectiva de diversidad corporal deriva en negligencia médica sistémica, caracterizada por diagnósticos tardíos o erróneos.
Manne denuncia que el prejuicio hacia la obesidad provoca que se dedique menos tiempo a pacientes de mayor tamaño y condescendencia con sus preocupaciones bajo la premisa de que "todo se soluciona perdiendo peso".
"Eso resulta en casos realmente trágicos en los que los médicos pasan por alto el cáncer o la terrible endometriosis de un paciente porque simplemente asumen que el problema es su peso y no otro factor que se trataría de forma muy diferente en una paciente delgada", alerta la filósofa.
Ante esta situación, Manne defende la apuesta por implementar capacitaciones que reduzcan los prejuicios en las instituciones sanitarias.
Creación de enfermedades
Respecto a la definición de obesidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la autora se muestra crítica con lo que considera una tendencia a patologizar la variación humana.
Manne sugiere que muchas de las presiones para etiquetar la obesidad como una enfermedad crónica provienen de la industria farmacéutica y del interés por comercializar nuevos fármacos, un fenómeno impulsado por la reciente llegada de los medicamentos GLP-1, la familia a la que pertenecen los populares tratamientos como ozempic o wegovy.
"Creo que muchas de las presiones que nos empujan a afirmar culturalmente que esto es una enfermedad provienen de la poderosa industria farmacéutica, que intenta comercializar un medicamento que aborda esta condición corporal. Esto se conoce como creación de enfermedades, cuando tienes un tratamiento, inventas una enfermedad que se corresponda con él", señala.
Asimismo, denuncia que muchas estadísticas al respecto son engañosas al confundir correlación con causalidad, porque ignoran que a menudo son los procesos patológicos los que causan el aumento de peso y no al revés.
Raíces históricas del prejuicio
Manne recuerda que este prejuicio tiene raíces históricas vinculadas a la exclusión y, en este sentido, destaca que, a mediados del siglo XVIII, "pseudocientíficos racistas que necesitaban una forma de distinguir los cuerpos blancos de los negros que estaban siendo esclavizados tan brutalmente, idearon la premisa de que los cuerpos negros eran más gordos, lo que justificaba tratarlos como seres humanos diferentes".
"La negritud se asoció con la gordura y fue entonces cuando la gordura cayó en descrédito", sostiene.
Con Irreductibles, la autora invita a una resistencia ética que permita recuperar el espacio público sin que el tamaño u otras características subjetivas del cuerpo sean una barrera para el respeto y los derechos humanos.