Una chica consulta su teléfono móvil en Madrid. EFE/Pablo R.Seco/jgb
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"No me juzga", por qué cada vez más jóvenes acuden a la IA para hablar de sexualidad
Ante la persistencia del tabú y la falta de educación sexual, cada vez más adolescentes y jóvenes buscan en la Inteligencia Artificial (IA) respuestas sobre su cuerpo, el consentimiento o prácticas sexuales "por vergüenza" o por miedo, un recurso que, según las expertas, refuerza sesgos de género, alimenta la desinformación y termina moldeando lo que esta generación entiende por una sexualidad "normal".
"Acudiría a la IA porque me siento más cómoda, porque no me juzga y no pensaría que soy tonta o que estoy preguntando una barbaridad", explica a Efeminista Irina, de 21 años. Ella, confiesa que cuando era adolescente le hubiese preguntado a un chatbot si puede quedarse embarazada si se traga el semen después de una felación.
Coinciden otras dos jóvenes, Erika y Marta, también de 21 años, que recurrirían a la IA "por vergüenza" y "por miedo" a ser juzgadas. Ellas consultarían temas que van desde límites y consentimiento sexual hasta qué hacer "cuando se ha roto un condón", cuánto "tiene que durar el sexo" o dudas sobre Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) como "qué significa un picor o algo que te ha salido" en los genitales.
"Me escondo detrás de la pantalla y así tengo mi respuesta fácil", resume Erika. "Es un recurso mucho más accesible", añade Marta.
"La IA se está convirtiendo en un espacio más de socialización"
La Inteligencia Artificial se ha convertido en un confidente para una parte creciente de la adolescencia y la juventud. Según el estudio Así somos. El estado de la adolescencia en España, elaborado por Plan International, un 18 % de las chicas y un 12 % de los chicos de entre 12 y 21 años ha conversado alguna vez con la IA sobre cuestiones personales. Entre las chicas de 17 a 21 años, la cifra sube a una de cada cuatro.
La socióloga experta en violencia de género en jóvenes y profesora de Sociología en la Universidad de Granada, Carmen Ruiz Repullo, lleva tiempo observando este fenómeno. Participó como experta en el informe de Plan International y resume así el giro de la tecnología en la vida cotidiana de los adolescentes:
"La IA se está convirtiendo en un espacio más de socialización. Muchas veces pensábamos que la IA iba a servir para temas académicos, para temas de búsqueda concreta, y al final la IA, como otras partes de los espacios digitales, se ha convertido en un espacio emocional. Se ha convertido en un espacio de relación".

La socióloga española especializada en violencia de género en adolescentes y jóvenes, Carmen Ruiz Repullo. EFE/Javier Zorrilla
El 75 % de las personas nunca ha hablado de sexualidad en casa
A ese nuevo espacio llegan dudas íntimas, miedos, inseguridades sobre el cuerpo, la identidad y, cada vez más, la sexualidad.
No es casualidad, el 75 % de las personas nunca o rara vez ha hablado de sexualidad en casa, según datos de Platanomelón, empresa de productos eróticos que trabaja también en educación sexual.
En ausencia de conversación en el hogar o en las instituciones educativas, los referentes se buscan fuera entre amistades, redes sociales, pornografía… y ahora también chatbots.
"Te llega un instrumento al que le puedes preguntar todo y encima no te juzga. Pero claro, la respuesta que da está totalmente sesgada, aunque parezca neutral y profesional, la IA está hecha por personas, con lo cual el sesgo de género lo sigue teniendo", alerta Ruiz.
Cómo los chatbots refuerzan estereotipos y fijan qué es "la sexualidad"
Su preocupación, dice, va más allá de que estos chatbots den un consejo puntual, tiene que ver con quién está marcando el mapa de lo que se entiende por sexualidad "normal".
"A mí me da miedo porque la gente más joven, especialmente el adolescente, piensa que la IA es la verdad verdadera, la que tiene el conocimiento de todo. Y entonces no le ven el sesgo por ningún sitio", confiesa.
Y traza un paralelismo directo con la pornografía. "Igual que nos preocupaba el relato que la pornografía daba a la infancia y la juventud, estamos viendo que la IA está haciendo lo mismo", explica Ruiz, para quien las respuestas de los chatbots acaban fijando qué es "la sexualidad" y cómo se "debe" actuar, reproduciendo estereotipos de género y roles muy rígidos.
Mientras muchos padres siguen convencidos de que “eso” no va con sus hijos, la realidad discurre por otros lugares. Según datos del Ministerio de Igualdad, el 90 % de los jóvenes consume pornografía, a menudo desde los 8 años, mientras que el 90 % de los padres cree que sus hijos e hijas no la ven.
Según datos de Platanomelón, el 51% de las personas afirma informarse sobre sexualidad a través de redes sociales o internet y el 73 % acude a amistades para hablar de sexualidad.
"Veo especialmente preguntas del tipo '¿qué es lo que suelen hacer las chicas?' o '¿qué es lo que más les gusta a los chicos?'", cuenta la socióloga, que da talleres a adolescentes.
Y subraya que las preguntas no son las mismas para ellas que para ellos. Muchas chicas consultan si prácticas como la penetración anal, la felación o los ahorcamientos, normalizadas por la pornografía, son "lo que se espera" de ellas o si "le gusta a todas las chicas", mientras que los chicos se preguntan por "el tamaño del pene" o cuál es el estándar "correcto" a su edad.
Las limitaciones de la IA
La sexóloga de Platanomelón y terapeuta Anna Sánchez Bendahan ve en consulta el rastro de estas búsquedas digitales. Se encuentra con personas que "se autodiagnostican y llegan con el motivo de consulta bastante desarrollado, porque han buscado en Google o han leído un libro".
"Pero uno de los trabajos que tenemos como terapeutas es realmente entender cuál es el motivo de consulta. A veces vienen pensando que vienen por esto, pero hay algo más detrás…", continúa. Ahí, dice, está una de las grandes limitaciones de la IA.
"Si tú vas a hablar con la inteligencia artificial y le dices ‘me pasa esto’, la inteligencia artificial te cree. Y entonces te da soluciones y consejos para abordar esto que tú le dices que te pasa, cuando realmente el motivo de consulta que se presenta al principio no suele ser el que acabamos trabajando", desarrolla.
"No es lo mismo estar en contacto con una humana que buscar una información en la web", insiste Sánchez, para quien en la relación terapéutica entran en juego la empatía y las emociones de la persona, algo que una máquina no puede sostener.
La sexóloga no demoniza la tecnología, pero sí alerta del vacío que se genera cuando las pantallas sustituyen cualquier otro apoyo.
"Para mí la limitación está cuando la IA es el único recurso que tenemos porque sentimos vergüenza o hay tabú en hablar con el círculo o con la familia, de pronto los únicos dos referentes que tenemos son la IA y el porno. Entonces quedan muchísimos vacíos porque se aprende mucho a través de los vínculos, se aprende mucho en la vida real", añade.

Anna Sánchez Bendahan, sexóloga de Platanomelón y terapeuta. Foto cedida por Platanomelón
¿Aliada para quienes salen de la norma?
Para adolescentes LGTBIQ+ o con orientaciones no normativas, la IA se presenta a menudo como un refugio, un lugar donde preguntar sin revelar su identidad a nadie cercano.
"Hay muchas preguntas de gente que tiene otra orientación sexual que no es heterosexual, porque entienden que es un espacio más seguro en el que poder preguntar cosas que en el día a día, en tu grupo de iguales, en familia o en la escuela", explica Ruiz Repollo.
La visibilidad del colectivo en los centros educativos sigue siendo limitada. Según el estudio Radiografía de la educación en la diversidad LGTBI+, de la Federación Estatal LGTBI+ y Universidad de Salamanca, solo el 40 % de los jóvenes dice haber podido expresarse tal como es durante su etapa escolar, y uno de cada cinco incidentes de odio o discriminación ocurre en el ámbito educativo.
Además, más de la mitad de estudiantes LGTBIQ+ asegura haber sufrido acoso, trato vejatorio o ciberacoso en la secundaria.
En ese contexto, buscar respuestas en la IA puede ofrecer alivio y tranquilidad. "Puede ser muy útil si te encuentras con información te dice que lo que sientes es normal y que hay más gente como tú", señala la sexóloga Anna Sánchez Bendaha, que aconseja "diversificar las fuentes de información".
Diversificar significa, para ella, sumar otras voces, ya sean amistades de confianza, adultos de referencia, educadoras sexuales o personas de colectivos que consideren seguros. En definitiva, volver al terreno de los vínculos humanos.
"La educación sexual es un derecho de la infancia y la adolescencia"
Si algo repiten ambas expertas es que el problema no es que la adolescencia use la IA, sino que lo haga a solas, sin acompañamiento ni referentes adultos.
"Muy tarde, pero muy tarde", responde Ruiz cuando se le pregunta si hemos llegado tarde a regular y acompañar estos usos. "Al final son instrumentos que suplen lo que no ha habido antes y les abren una ventana de posibilidad", justifica.
Iniciativas como la Academia de Platanomelón, donde Sánchez y su equipo imparten cursos para familias, tratan de cubrir un vacío educativo sobre educación sexual.
"Más educación sexual nos lleva a prácticas más informadas, más respetuosas, más placenteras", recuerda la sexóloga. Para ella, la educación sexual no se limita a explicar prácticas concretas, sino que abarca "el consentimiento, los límites, el placer, el autocuidado y los vínculos".
La sexóloga también rechaza la idea de que la solución sea prohibir o demonizar las herramientas que la juventud ya utiliza. Al contrario, recuerda que "no vale demonizar la IA ni demonizar el porno", y que la clave está en ofrecer tanta educación por otras vías que las y los adolescentes "sepan discernir qué es qué".