Izaskun Chinchilla

Izaskun Chinchilla, arquitecta y catedrática de la Bartlett School of Architecture (University College of London). /Foto cedida por la autora.

Izaskun Chinchilla y el irrompible techo de cristal de la arquitectura

Marina Segura Ramos - 3 agosto, 2020

La arquitecta Izaskun Chinchilla, una de las pocas mujeres que dirige su propio estudio de arquitectura en España, considera «dramático» que a estas alturas del siglo XXI la arquitectura española no haya tomado una «conciencia mínima» sobre la representación de la mujer en esta profesión.

Una desigualdad de la que los datos no dejan lugar a dudas: de las 33 escuelas de arquitectura que hay en España solo dos tienen a una arquitecta como directora o decana.

Además,  según datos la Asociación de Mujeres Arquitectas de España (AMAE), de los 150 catedráticos de proyectos arquitectónicos que hay en las universidades españolas sólo 3 son mujeres. Y sólo hay una catedrática de urbanismo.

Según la última Encuesta de la Profesión realizada en toda España, las mujeres se concentran en los empleos más precarios y peor pagados, con una muy alta tasa de abandono de la profesión.

Chinchilla, catedrática de la Bartlett School of Architecture (University College of London), uno los centros más prestigiosos de Europa, explica en una entrevista con EFE que aunque desde los años 80 el porcentaje de mujeres que se forman como arquitectos es superior al 50 % (en la Universidad Politécnica de Madrid se mantiene estable en un 54 % desde hace años), eso no se ha traducido en la ruptura del techo de cristal.

150 catedráticos y 3 catedráticas

En España hay unos 150 catedráticos de proyectos arquitectónicos, en universidades tanto públicas como privadas, y 3 catedráticas, revela Chinchilla quien lamenta la supeditación de muchas arquitectas a las carreras profesionales de sus maridos o la elección de puestos administrativos dentro de la arquitectura para poder conciliar la vida personal con la profesional.

«Es dramático que no se tome conciencia mínima de una representación básica», considera Izaskun Chinchilla.

Las mujeres, dice, en general optan por la carrera administrativa. Hay muchas más arquitectas trabajando en administraciones públicas o en empresas de mayor tamaño, porque genera mejores condiciones de conciliación.

Supeditadas a sus maridos

Muy pocas arquitectas, señala Chinchilla, han optado por el ejercicio libre de la profesión y la que lo ha hecho ha sido asociada a su marido, «una pauta muy extendida en España».

Hay grandísimas arquitectas, de renombre, socias fundadoras del estudio en el que han desarrollado su carrera pero casi siempre en compañía de sus maridos que, en general, han tenido una presencia publica mucho mayor que ellas.

«Cuando ibas a conseguir un contrato o a hacer una presentación a un cliente quien tenía presencia real era el marido». Esa coyuntura ha hecho que Chinchilla sea una de las pocas mujeres con su propia estudio. «Es real. Es decimonónico», reconoce.

«Hay mujeres fantásticas que tienen un estudio propio», muchas de ellas son arquitectas que empezaron con sus maridos y que ahora son viudas, asegura.

Ha habido incluso reportajes de prensa que titulaban «el amor y la arquitectura» en los que se referían a ellas como «mujeres de» y no como a las profesionales que eran o haciendo referencia al trabajo que realizaban. «Fíjate este hombre que está apoyado por su pareja (arquitecta)»…

Solo cinco mujeres premio Pritzker

En su conversación con Efe, la arquitecta española repasa el sesgo de género del premio Pritzker de arquitectura, el galardón de mayor prestigio internacional conocido como el «Nobel de Arquitectura» y que en sus más de cuarenta años de historia solo en cinco ocasiones ha sido concedido a una mujer.

«Ha habido muchas quejas, muchas protestas porque en el pasado, sistemáticamente, cuando un hombre ejercía con su mujer, el premio se lo daban a él», indica.

Como ejemplo, Izaskun Chinchilla recuerda el caso del arquitecto estadounidense Robert Venturi quien realizó una parte importante de su obra junto con su esposa, Denise Scott Brown, que fue excluida del premio Pritzker con el que él fue galardonado en 1991.

Por el contrario, cuando en 2010 le concedieron ese galardón a la arquitecta Kazuyo Sejima se lo otorgaron junto a su socio varón, «cuando la mitad de la carrera de Sejima había sido previa a conocer a esa pareja y asociarse profesonialmente a ella».

En este caso habría estado muy justificado que no se lo dieran a él porque el premio reconocía una trayectoria profesional de 40 años de los que durante 25 ella había ejercido la arquitectura sin él.  «Muchas protestas porque el sesgo de género está ahí», asevera.

Chinchilla, comprometida con la innovación

En su entrevista con Efe, la arquitecta explica su visión de la arquitectura y augura algunos cambios tras el paso de la COVID-19

Comprometida con la construcción de viviendas, oficinas y equipamientos “muy saludables” y capaces de adaptarse a situaciones como un virus descontrolado o una sucesión de catástrofes medioambientales, Izaskun Chinchilla reivindica para su profesión un compromiso fuerte con la innovación.

La pandemia hará que la arquitectura «se vista por dentro de un modo distinto, mude sus pieles interiores, y sea mucho más flexible para adaptarse a futuras situaciones”.

«Hemos hecho en casa desde escuelas a lugares donde dos personas trabajan con niños; las viviendas se tienen que adaptar”, añade Izaskun, quien estudió Arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Madrid graduándose en 2001 con el Premio al mejor expediente de su promoción y una matrícula de honor por su proyecto final de carrera.

Un mercado inmovilista

Chinchilla explica que los arquitectos han luchado mucho por «la flexibilización», pero que el mercado inmobiliario ha sido “muy inmovilista”. Hay estadísticas previas a la COVID-19 que reflejan que ni siquiera un 50 % de las viviendas están ocupadas por la familia nuclear de padre, madre e hijos y, pese a ello, relata, ”los promotores siguen haciendo esa vivienda que tiene un dormitorio principal con un baño dentro, cama doble y tres dormitorios más pequeños”.

“Simplemente el hecho de hacer unas dimensiones más equivalentes en todos los dormitorios, que la casa no esté tan fragmentada y segregada, te permite desde poder divorciarte y seguir conviviendo con una cierta capacidad de estar a gusto o bien que la compartan tres estudiantes. Son parámetros reales que la COVID-19 ha valorado mucho”, puntualiza Chinchilla, decidida a aportar nuevo enfoque a la arquitectura española.

Para Izaskun Chinchilla (Madrid, 1975) hay que construir viviendas “saludables y flexibles para que se adapten a situaciones de futuro y lo mismo en oficinas y equipamientos públicos».

Una industria con falta de estrategia

Sostiene que en España hay poca industria que trabaje con una estrategia basada en la investigación empírica. “Todas las empresas que conozco del sector de la construcción se mueven más por los miedos y por el anclaje ideológico al pasado y por la cosa de ‘eso la gente no lo aceptará’ que por una verificación real de lo que la sociedad quiere y necesita”, insiste.

Chinchilla, que propone en sus proyectos ejercicios de multidisciplinaridad donde, a través de la ecología, la sociología o la ciencia, la arquitectura se distancie del discurso estilístico y se reencuentre con la complejidad de la vida en el mundo contemporáneo, añade que aparte de la estructura, los muros y las fachadas, la arquitectura muda mucho con su mobiliario, acabados o distribución y es en ese “cambio de pieles internas” donde la catedrática aventura que habrá más impacto.

Los hoteles cambian de piel interior cada cuatro o cinco años porque cambian las tendencias. Los restaurantes, prácticamente, no hay ninguno que contrate un nuevo chef que no modifique el interiorismo”, revela.

COVID-19 y arquitectura

En el fondo, «lo que hará la COVID-19 es acelerar las tendencias positivas que ya están” en arquitectura y urbanismo.

La presencia de la madera, de agua y de plantas, y de luz, y ventilación natural “mejoran la sensación de confort integral, algo que intuíamos, pero que ahora tienen un respaldo científico”.

“Son elementos que se sabía que eran beneficiosos pero en este contexto de crisis los hemos echado más de menos, ahora el tesoro era tener una terraza con plantas o un jardín. Esta crisis ha hecho ver lo importante que son los principios biofílicos”.

Otros aspectos que se acelerarán a causa de la pandemia tienen que ver con el urbanismo, según Chinchilla, quien ganó en 2014 el Concurso Internacional City of Dreams y cuya propuesta, un pabellón compuesto por material reutilizado, se construyó en Governor’s Island (Nueva York).

Cambio climático

Los acuerdos de París de lucha contra el cambio climático establecen que las ciudades europeas con más de 50.000 habitantes deben tener una zona de baja emisión. “Esto -recuerda- se estaba tomando con relajo porque el horizonte era 2023 “, pero en su opinión el virus impulsará su implantación.

La plantación de arbolado y la reducción del tráfico rodado van a ser también los grandes cambios y apuestas; me consta que ayuntamientos como San Francisco trabajan ya en esa dirección”, añade la directora del proyecto del Camping del Chorro, en la entrada del Caminito del Rey (Málaga) y que cuenta con más de 5.000 metros cuadrados de arquitectura edificada y cinco hectáreas de paisajismo.

En el ámbito de las ciudades resalta la iniciativa «del urbanismo de los quince minutos«, es decir, que en los barrios haya una mezcla de usos, en contraposición a las ciudades dormitorios de los años 70 que obligaban coger el coche todos los días para ir a trabajar, dejar a los niños en el colegio o salir de noche.

Resiliencia arquitectónica

Izaskun Chinchilla, autora entre otros proyectos, de la rehabilitación del Castillo de Garcimuñoz (Cuenca), defiende además el concepto de resiliencia.

“La idea de la resiliencia no es combatir la COVID-19, porque mañana puede haber un COVID-21 o un aumento de temperaturas que genere otras enfermedades. La cuestión es hacer aquellas cosas que sabemos que benefician a la salud”, concluye.