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Isabel Serra e Irene Zugasti: "Hay una sintonía total entre el antifeminismo y la apuesta por la guerra"

Laura de Grado Alonso | Madrid - 23 diciembre, 2025

En el libro Esto no es una guerra. Feminismo insumiso frente al rearme y al genocidio, las autoras Isabel Serra e Irene Zugasti plantean que procesos como el rearme en Europa, el genocidio en Palestina y la actual ofensiva antifeminista están profundamente conectados y responden a un mismo proyecto político: un "régimen de guerra" que se sostiene sobre el patriarcado, el racismo y el colonialismo, y frente al que reivindican un feminismo pacifista, insumiso y organizado.

"Hay una sintonía total entre el antifeminismo y la apuesta por la guerra", advierten la eurodiputada en el Parlamento Europeo Isabel Serra y la periodista y politóloga Irene Zugasti durante una entrevista con Efeminista en la librería madrileña La Olmata.

Lejos de ser un ensayo académico al uso, el libro que firman conjuntamente se presenta como un "manifiesto urgente" que llama a tomar partido frente a la militarización del mundo. La obra, publicada por Akal, cuenta con un prólogo de la periodista especializada en información internacional Olga Rodríguez y con epílogo de la politóloga y analista política Laura Arroyo.

Zugasti, también autora de #Seacabó: la doble victoria de las campeonas del mundo de fútbol, reivindica una genealogía que considera inseparable: "el feminismo y el pacifismo han ido siempre de la mano, los principales movimientos que se han opuesto a las guerras han sido mujeres, porque saben el coste de una guerra, lo saben en vidas en el frente y lo saben en vidas en la retaguardia".

Frente al relato que presenta el rearme como inevitable, su libro apuesta por recuperar la acción colectiva como alternativa política. "La única forma de hacer frente a este régimen de guerra y este belicismo es defendiendo la política, pero no la política institucional, sino la de las mayorías organizadas, las asambleas y la acción colectiva", sostiene Serra, exdiputada y portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid.

Isabel Serra e Irene Zugasti, autoras del libro 'Esto no es una guerra', posan durante una entrevista en la librería La Olmata, en Madrid. EFE/Laura de Grado

"No es una guerra, es un régimen de guerra"

Pregunta (P).- El libro parte de una afirmación muy clara que es "esto no es una guerra". Para quien las escucha por primera vez, ¿Si no es una guerra, qué es? ¿Qué está pasando hoy en Europa y en el mundo que les lleva a escribir este libro ahora?

Irene Zugasti.- Solemos decir que el libro es una especie de manifiesto urgente que nace de un sentimiento compartido que teníamos las dos, echamos de menos una mirada feminista conscientemente anticapitalista y anticolonial sobre todo lo que estaba pasando en el mundo. No es una guerra, es algo mucho más grande, es un régimen de guerra total que no se puede disociar de las lógicas del capitalismo en este periodo y que no se puede disociar del ataque a los derechos feministas, ni de la reacción a lo que ha sido el gran movimiento revolucionario de las últimas décadas.

Isabel Serra.- En el libro lo que tratamos de hacer también es conectar la vinculación que hay entre el belicismo y entre la apuesta por parte de las élites a nivel internacional por ese régimen de guerra y el orden de género. Y cómo afecta, no solamente a las mujeres, sino al feminismo y a lo que queremos como feministas.

Es, además, una llamada a todas las feministas que se han sentido interpeladas en las últimas décadas para decirles: espabilad porque el régimen de guerra y el belicismo está amenazando todas nuestras aspiraciones, todo eso que queremos construir y nuestros derechos.

"El feminismo y el pacifismo han ido siempre de la mano"

P.- En el texto escriben: "El belicismo es hoy la punta de lanza de la reacción antifeminista". ¿En qué sentido el rearme, el discurso de seguridad y la lógica del "enemigo" están funcionando hoy como una respuesta política reaccionaria frente los avances feministas de los últimos años?

Serra.- Estamos en un contexto en el que incluso por parte de mujeres progresistas se plantea lo que está sucediendo como el efecto de hombres narcisistas, megalómanos, malvados, pero individualizados que están tomando decisiones, como Trump o como Putin. Para nosotras eso no es así, para nosotras lo que está sucediendo es efecto de una crisis profunda que hay a nivel internacional.

Esa crisis afecta a la política, al modo de organizar la vida y tiene que ver con la crisis de reproducción social. Y cuando se plantea que los presupuestos públicos, por ejemplo, en Europa y también en nuestro país, van a dejar de ir para servicios públicos y van a ir para la industria armamentística, profundiza esa crisis de reproducción.

Lo que estamos viviendo es una reacción, tanto a esa crisis como al feminismo. Hay una sintonía total entre lo que es el antifeminismo en esta época, la apuesta por la guerra y el ataque a las personas migrantes bajo el custodio de la "seguridad".

Desde el feminismo, además, tenemos mucho que decir sobre qué significa realmente la seguridad. Los estudios muestran que más inversión militar no genera más seguridad, sino menos. El feminismo lleva años reflexionando sobre qué son vidas seguras y libres. Y esas lecciones son hoy centrales para hacer frente al régimen de guerra.

Zugasti.- Nosotras apostamos por una idea de seguridad que tiene que ver con lo común, lo público, con el cuidado colectivo. No hay nada más más feminista que eso.

Régimen de guerra y orden de género van de la mano porque nos tienen que colocar a cada una a sus puestos, no hay nada que ordene más que una guerra para decirnos a las mujeres qué tenemos que ser y a los hombres qué tienen que ser. Por eso estamos viendo estos discursos que están llamando a que asumamos la militarización y que asumamos que el papel de los hombres es ser patriotas que defienden su país y a las mujeres nos están pidiendo que seamos tradwifes. No hay nada más disciplinante que una crisis y una guerra para colocarnos cinco pasos para atrás.

El feminismo y el pacifismo han ido siempre de la mano, los principales movimientos que han se han opuesto a las guerras han sido mujeres porque saben el coste de una guerra, lo saben en vidas en el frente y lo saben en vidas en la retaguardia.

¿Existen las "guerras feministas"?

P.- En el libro hablan también de "guerras feministas" y formulan una crítica a la política exterior feminista, a cómo el feminismo ha sido utilizado para sostener guerras. ¿A qué se refieren con esta idea?

Zugasti.- Somos muy críticas con la forma en que el régimen de guerra ha intentado cooptar los feminismos para legitimarse. Hay ejemplos claros, como las guerras llevadas a cabo en Oriente Medio en nombre de la lucha contra el terror o de “salvar a las mujeres”, que sirvieron para justificar intervenciones ilegales, invasiones y la destrucción de países. Frente a eso, planteamos que existe otra manera feminista de entender la geopolítica y los conflictos internacionales, una mirada vinculada a las luchas anticoloniales y decoloniales y a las luchas antifascistas.

Serra.- En este libro defendemos un feminismo no colonialista, no blanco y no liberal, un feminismo que sirva realmente al momento histórico en el que estamos y al avance de derechos del conjunto de la humanidad, no solo de las mujeres.

Rechazamos el feminismo liberal blanco porque hoy está siendo funcional al régimen de guerra y al belicismo. Les sirve a quienes quieren que unas pocas mujeres se incluyan dentro de la clase dominante para joderle la vida al resto de mujeres, como dice Nancy Fraser. Cuando decimos que no existen guerras feministas, rechazamos también esa instrumentalización basada en un falso universalismo que, desde el colonialismo, ha presentado la experiencia de las mujeres blancas y europeas como si fuera la de todas. Y en base a esa homogeneización, que es falsa, se produce una categorización que dice: o te pareces a las mujeres blancas o eres una salvaje a la cual debemos de oprimir y debemos de salvar.

Nosotras, claro que creemos que hablar de guerra implica hablar de cómo se violentan los cuerpos de las mujeres, de la violencia sexual, de cómo se nos sitúa para reproducir y para cuidar... Pero queremos hablar también de cómo, precisamente, lo que está sucediendo afecta a a los pueblos y también a los hombres.

"Palestina es una causa feminista"

P.- Hay muchísima presencia de Palestina en el libro. A partir de lo que comentan, ¿qué ha pasado para que, a nivel discursivo, el movimiento feminista tienda a hablar de Palestina principalmente a través de niñas y mujeres presentadas como víctimas pasivas? ¿Por qué denunciar un genocidio y posicionarse contra él no se reconoce también como una postura feminista en sí misma?

Zugasti.- Es que Palestina es una causa feminista, es una cuestión feminista, porque lo que ocurre en Palestina es un diagnóstico del mundo, del mundo que queremos y del mundo que no queremos. Y eso está profundamente atravesado por la ética feminista.

Serra.- Lo que ha sucedido en el siglo XXI con el feminismo es que sí que ha roto, en cierta manera, con el paradigma del feminismo liberal blanco: eso de que asciendan algunas, que avancen las que puedan, siempre blancas. El feminismo del siglo XXI rompe con eso y dice: "No, no, esto va de ampliar el sujeto del feminismo y tenemos que estar todas para transformarlo todo; tienen que estar los intereses de todas". O están las precarias, las trans, las mujeres racializadas, o esto no es realmente un movimiento con capacidad de transformar lo estructural.

Pero es verdad que peleamos contra un sistema capitalista que siempre trata de instrumentalizar y coartar el feminismo. En España, por ejemplo, hemos vivido en los años 80 y 90 una institucionalización de un movimiento autónomo que tenía muchísima potencia, pero que en ese proceso se vació de contenido.

Aun así, hay experiencias que nosotras consideramos fundamentales, como las de las mujeres palestinas, que luchan frente a un aparato que no les permite ni parir en un hospital porque hay un checkpoint que se lo impide; que luchan frente a que les maten a sus hijos, por supuesto, como madres, pero que también luchan por la autodeterminación de su pueblo.

"Lo internacional es profundamente personal"

Zugasti.– Hay también un enfoque esencialista en ciertos feminismos que entienden el pacifismo como inacción, ligado a la idea de que las mujeres, por naturaleza, deben ser abnegadas, asumir la guerra como conflicto ajeno y convertirse en el descanso del guerrero, en las proveedoras, en el sostén, porque "dan vida" y "son pacíficas". Nosotras impugnamos eso.

En ese sentido, el libro intenta ser práctico. Decimos: si en los 70 las feministas decían que lo personal es político y que lo internacional es político, entonces lo internacional es profundamente personal. Siempre se nos ha excluido de la geopolítica, de la política internacional, de las relaciones internacionales, de la diplomacia; hemos sido doblemente intrusas.

Pero decimos: espabila, compañera, porque lo que ocurre en Palestina, lo que ocurre en el Caribe con los ataques de Trump a las barquitas en Venezuela o Colombia, o el propio modelo del sionismo trasladado a Europa y Estados Unidos, claro que te afecta. Te afecta en lo más cotidiano y en lo más mundano de tu vida.

"La única forma de hacer frente a este belicismo es la acción colectiva"

P.– En el libro dedican toda una parte a hablar de esta idea de pacifismo y de cómo hemos llegado a un punto en el que el término "paz" se percibe como algo ñoño o ingenuo. ¿Cómo se puede lograr hoy, de forma concreta y práctica, disputar el significado del pacifismo frente a un discurso que insiste en que no hay alternativa al rearme?

Serra.– Pensando juntas cómo nos están inoculando ese belicismo. Defendemos la política frente a la antipolítica, pero también frente a la idea de que la guerra es algo inevitable. Lo fundamental es desarticular esas narrativas que plantean nuestra inacción ante un supuesto colapso inevitable en el que las empresas armamentísticas vienen a poner orden.

Mientras se insiste en "deja de consumir esto", "deja de hacer aquello", se niega algo fundamental, que es la militancia, la acción política y la organización social. La única forma de hacer frente a este régimen de guerra y este belicismo es defendiendo la política, pero no la política institucional, sino la de las mayorías organizadas, las asambleas, la acción colectiva.

Tenemos que tomárnoslo en serio, porque la guerra, el belicismo y la crisis climática están amenazando la supervivencia del conjunto de la humanidad.

Zugasti.– Tenemos que tomar partido y tenemos que ser pacifistas, pero ni pacíficas ni pacientes. Esa toma de partido pasa por volver a los espacios donde en estos últimos meses hemos demostrado que somos muchas y que funcionamos. Las charlas están llenas, el periodismo que hace análisis y comunicación ha sido un hervidero de ideas. Cualquier sobremesa familiar o charla de café pasaba por comentar lo que estaba ocurriendo a nivel internacional y por tomar partido. No dejemos que nos quiten eso. Tenemos que disputarlo. Los feminismos traemos un bagaje de la huelga, el MeToo, el Cuéntalo, el Se acabó, el Ni una menos. Llevamos una década y media, casi dos, de movilizaciones populares, masivas y exitosas que se han traducido en transformación política y social.

Rosalía y "la lógica individualista y capitalista"

P.– Hay una dualidad en eso que comentan de la movilización social. Por un lado, movimientos sociales muy organizados y, por otro, cada vez más evitación a posicionarse públicamente, como ha ocurrido recientemente con figuras como Rosalía, que evita ubicarse dentro de un "ismo", en este caso el feminismo. ¿Qué lectura hacen de esto?

Zugasti.– Rosalía, como producto del capital que es, coopta y se apropia de tendencias según intereses, al margen del talento artístico que tenga. Yo soy más de Extremoduro o La Polla Records, pero bueno. Aun así, ella va dejando mensajes interesantes. Esa renuncia al feminismo, a lo colectivo y ese repliegue hacia lo espiritual, lo religioso o la introspección responde a una lógica muy propia de estos tiempos.

Serra.– En el caso de Rosalía, hay una lógica individualista y capitalista de querer ser independiente de un movimiento social como el feminista. También está esa idea del "feminismo adyacente", te has beneficiado claramente del feminismo, pero ahora dices "me aparto un poco".

Pero también cuando dice "yo no soy perfecta y por eso no me siento feminista", a mí me parece un síntoma muy claro de un momento reaccionario. El feminismo siempre ha dicho justamente lo contrario, que no somos perfectas, que no encajamos en el estereotipo que impone la sociedad patriarcal y capitalista. Precisamente esa es la reivindicación. Para mí, lo que dice es un síntoma claro del momento reaccionario en el que estamos.