Iman Mersal Enayat

Imagen de la portada de la obra 'Las huellas de Enayat' de la poeta Iman Mersal. Fotografía cedida por Galaxia Gutemberg

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Un libro rescata a Enayat al-Zayyat, la escritora egipcia que desafío el canon literario y social de su tiempo

Gema Mañogil | Madrid - 10 marzo, 2026

La vida y obra de Enayat al-Zayyat, la joven escritora egipcia que desafío el canon literario y social de su tiempo y cuya única novela El amor y el silencio fue ignorada durante décadas tras su suicidio en 1963, es ahora recuperada por la poeta Iman Mersal (Egipto, 1966) a través de su obra Las huellas de Enayat, donde disecciona no solo la pérdida de una voz íntima y disruptiva, sino también las violencias estructurales y el rechazo institucional que cercaron a una mujer independiente .

El hallazgo de la obra de al-Zayyat en un mercadillo, en 1993, supuso para Mersal un choque frontal con una historia de invisibilización que la empujó a rastrear los pasos de una autora que no figuraba en ninguna lista oficial de literatura árabe.

Esta búsqueda, que ha culminado en Las huellas de Enayat (Galaxia Gutenberg), no fue solo un ejercicio académico, expresa Mersal, sino una necesidad de entender quién era esa mujer que escribía desde los márgenes y por qué su figura había sido reducida a un pie de página trágico, convirtiéndose en un "fantasma" que la obligó investigar archivos, sanatorios y juzgados para rescatar una verdad que el sistema había simplificado.

"La función principal de la literatura es la comunicación y también iluminarnos sobre lo que no entendemos de nosotras mismas", explica Mersal en una entrevista con Efeminista.

La autora subraya que esta recuperación biográfica no pretende dar respuestas cerradas, especialmente sobre el final de la autora, sino denunciar la crueldad de las instituciones y reivindicar la urgencia de cuestionar activamente las narrativas que el sistema nos impone sobre el pasado.

Su escritura explora el insomnio, la depresión y la incomodada social

Mersal defiende que lo que diferenciaba a Enayat al-Zayyat de sus contemporáneas era su absoluta falta de agenda política o ideológica en un momento donde la literatura egipcia estaba centrada en la construcción de la identidad nacional.

"Lo que leí en 'El amor y el silencio' era una voz de escritora realmente diferente. Es una voz susurrante. Ella no tiene agenda. No tiene ideología. Le interesa su viaje interno", describe.

Mientras las autoras consagradas de los sesenta escribían desde el "sujeto nacional", fundiendo sus deseos con los de la patria, Enayat irrumpió con una "voz susurrante" que se centraba exclusivamente en el sujeto femenino íntimo. Su escritura no buscaba educar ni movilizar, sino explorar el insomnio, la depresión y la incomodidad social desde una honestidad cruda.

Esta desconexión con las expectativas del momento,  apunta la autora, fue lo que la hizo invisible para las instituciones. Para Mersal, el valor de Enayat reside en su capacidad de retratar un viaje puramente interno, una elección literaria que el sistema rechazó por no considerarla "útil" para el proyecto nacionalista, pero que actualmente permite a las lectoras modernas identificarse con una subjetividad que no ha sido filtrada por la ideología.

Perdió la custodia de su hijo

Uno de los puntos más críticos de la investigación de Mersal es su negativa a simplificar el suicidio de Enayat. Aunque la narrativa popular sostiene que se quitó la vida porque la editorial nacional rechazó publicar su novela, afirmar que conocemos el motivo exacto del quiebre de una persona es, para la investigadora, un acto de violencia.

"Sería violencia en la narrativa si dijera que lo entiendo plenamente. No conocemos ese momento crucial en el que alguien se rompe y siente que no hay sentido en esta vida. No podemos pensar que lo entendemos por completo", recuerda.

Lo que sí ha logrado Mersal es cartografiar la violencia social acumulada que la rodeaba: un divorcio traumático, la pérdida de la custodia de su hijo —quien la llamaba "tía" y la sensación de ser invisible ante el mundo literario.

Mersal sitúa el rechazo editorial no como la causa única, sino como un desprecio más para alguien que ya habitaba los márgenes. Al documentar estas violencias estructurales, la poeta egipcia evita convertir a Enayat en una mártir de la literatura para presentarla como una mujer real, cuya salud mental fue penalizada por un entorno que no permitía la disidencia emocional ni el fracaso de los roles tradicionales impuestos.

Una voz incómoda, para inspirar a las mujeres

La paradoja de Enayat al-Zayyat es que su obra, El amor y el silencio, fue finalmente publicada y elogiada apenas cuatro años después de su muerte, coincidiendo con la derrota de la guerra de 1967, para luego ser ignorada de nuevo durante tres décadas.

El triunfo que persigue Mersal con Las huellas de Enayat es devolverle su lugar en la historia literaria e invitar a cada persona a indagar en los silencios de su propio pasado.

Para la autora, el verdadero reconocimiento no viene de las instituciones que una vez la rechazaron, sino de la capacidad de su historia para inspirar a las mujeres y ha recordado que ninguna voz es demasiado pequeña o silenciosa si tiene la fuerza de cuestionar el sistema.

Mersal utiliza la no ficción creativa —un género con raíces de más de diez siglos en la cultura árabe clásica— para demostrar que la verdad oficial suele ser una construcción interesada. Por tanto, concluye, recuperar a Enayat es un acto de desobediencia contra el olvido que el canon impone a las voces que le resultan incómodas.