Gisele Pelicot (L) y su hija Caroline Darian caminan juntas durante el juicio en Aviñón (Francia). EFE/EPA/GUILLAUME HORCAJUELO

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Gisèle Pelicot y su hija Caroline se unen en una campaña contra la sumisión química

EFE | París - 12 octubre, 2026

Gisèle Pelicot, convertida en un icono internacional de la lucha contra la violencia sexual, y su hija Caroline Darian se han unido en una campaña nacional contra la sumisión química que lanza en Francia la asociación M'endors pas (No me duermo), fundada por Darian.

La campaña, que se prolongará hasta el 18 de octubre, incluye anuncios en televisión, carteles, prensa, redes sociales y publicidad, según ha explicado Caroline Darian a Le Parisien.

En los vídeos, varias personas intentan contar qué les ha ocurrido, pero no pueden hacerlo porque han perdido la memoria como consecuencia de las sustancias. En la última escena aparece Gisèle Pelicot con un mensaje dirigido a las posibles víctimas: "Hay crímenes que no se pueden contar porque no se recuerdan".

Una campaña para pedir ayuda

La campaña busca animar a las personas que sospechen haber sido víctimas de sumisión química a pedir ayuda aunque no conserven recuerdos claros de lo ocurrido.

Una veintena de cadenas de televisión, entre ellas TF1 y las públicas del grupo France Télevision, emitirán gratuitamente los anuncios, según Le Parisien.

"Hemos sido víctimas, pero hoy somos combatientes", ha afirmado Gisèle Pelicot en una entrevista en la cadena France Inter, donde madre e hija denunciaron la sumisión química como "un fenómeno que afecta a todo el mundo".

"No estáis solas"

"Esta campaña es una señal clara para las víctimas", ha afirmado Darian. "Nosotras os creemos, ya no estáis solas y merecéis que se os reconozca, que se os escuche y que se os acompañe".

Caroline Darian creó la asociación M'endors pas después de descubrir que su padre había drogado durante años a su madre para que otros hombres la violaran.

Durante el juicio, Gisèle Pelicot decidió declarar públicamente para que lo ocurrido saliera a la luz y para defender que la vergüenza debía recaer en los agresores y no en las víctimas, una postura que la convirtió en un referente internacional de la lucha contra las violencias sexuales.