Eliana Stabile y Betina Soriano de Argentina disputan un balón con Mary Valencia de Chile durante un partido de la fase de grupos de la Copa América Femenina en Quito. EFE/ Jóse Jácome
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Futbolistas argentinas, anfitrionas de la Libertadores, entre desigualdad y precariedad
Diferencias salariales, de infraestructura, indumentaria, visibilidad y apoyo institucional resumen la fragante desigualdad que atraviesan las futbolistas mujeres frente a los hombres en Argentina, cuya selección masculina es la última campeona mundial y donde este miércoles, 2 de octubre, comienza la Copa Libertadores de América Femenina 2025.
Aunque la profesionalización del fútbol argentino jugado por mujeres en 2019 fue un hito en la lucha del movimiento de mujeres, las argentinas se preparan para recibir a los 15 mejores equipos de la región - que jugarán 32 partidos en dos sedes del gran Buenos Aires- en un contexto en que sostenerse es un desafío diario.
"Nuestro trabajo es igual que el del equipo masculino: entrenamientos, nutrición, todo, pero no tenemos la misma visibilidad y vivir de él es complicado porque el fútbol femenino no es tan rentable económicamente”, afirma a EFE Florencia Coronel, defensora de San Lorenzo, que disputará con el equipo su segunda Copa Libertadores.
El otro equipo femenino que participa en esta Copa Libertadores es el Boca Juniors.
Brecha salarial y problemas estructurales
Según datos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), en 2024 el salario mínimo de un jugador de Primera División masculina fue de 595.000 pesos (unos 441 dólares), mientras que el de una futbolista profesional se ubicó en 377.000 pesos (unos 279 dólares).
La brecha salarial por género, en teoría, es del 37 %, pero en la práctica puede superar el 90 %, ya que muchos hombres cobran también varios millones de pesos mensuales (miles de dólares) en bonos y publicidad, mientras que gran parte de las jugadoras apenas perciben el mínimo.
“La diferencia económica sigue siendo enorme. No vas a llegar a ser millonaria, ni a comprar departamentos como los varones”, advierte a EFE Mónica Santino, histórica exjugadora argentina y fundadora de la organización feminista “La Nuestra”, que entrena a niñas y jóvenes en una villa de la ciudad de Buenos Aires.
Santino dice que persisten problemas estructurales: “Siguen pasando cosas que pasaban hace 30 años. Puede que te suspendan un partido porque no hay ambulancia, que no tengas médico para las lesiones o que te manden a entrenar en horarios imposibles”.
Vanina Preininger, mediocampista de San Lorenzo y de la selección argentina, asegura a EFE que la diferencia con el equipo masculino va más allá del salario, ya que también afecta a la ropa o al transporte: “Nosotras tenemos dos conjuntos de entrenamiento y tres pares de medias; ellos tienen seis, ocho conjuntos. No hay ningún club que dé botines, salvo que tengas sponsor”.
Quienes defienden que esta situación se justifica en la generación o no de ingresos argumentan que “el mercado manda”. Sin embargo, los números dicen otra cosa: En la Eurocopa femenina 2025, el encuentro entre Inglaterra y España rompió récord de audiencia con más de 16 millones de espectadores en Reino Unido.
“No es cierto que las jugadoras no generamos dinero. No hay voluntad y me parece que faltan dirigentes, mujeres o varones con otra perspectiva. Es creatividad, es un poco de imaginación, pero sobre todo querer que pase”, dice Santino.
Cuidados y desigualdad
La disparidad en los equipos depende de la situación y voluntad de cada club. Algunos no pueden pagar un extra a las jugadoras, en otros no todas ellas cuentan con contrato laboral o les permiten jugar en la cancha oficial, tampoco tienen infraestructura de cuidados.
Vanina Preininger, que tiene una hija de diez años, subraya que la maternidad añade dificultades a la profesión: “Si me voy a jugar afuera tengo que llevar a alguien que la cuide".
"Es difícil", dice la cinco veces campeona nacional, pero que sigue viviendo en su humilde casa del barrio de toda la vida, al expresar su sueño: jugar en un equipo europeo.
En el pasado, el embarazo de una jugadora se consideraba una lesión y podría poner en riesgo su continuidad en el equipo. Hoy existen licencias, un derecho que las futbolistas ganaron a fuerza de negociación con los clubes a partir de la profesionalización en 2019.
El retroceso en políticas públicas y el fin de publicidad estatal en los torneos femeninos a raíz de la asunción del presidente argentino, Javier Milei, en diciembre de 2023, han golpeado la visibilidad de las mujeres en este deporte.
Florencia Coronel piensa en el día en que "todas las nenas que están trabajando ahora en las inferiores se les llene la cancha como se llena el fútbol masculino” y, mientras tanto, sueña con comprar una casa a su madre.