Philomena Franz

Parte de la portada del libro "Entre el amor y el odio" de Philomena Franz.

«Entre el amor y odio», vida y memoria del Holocausto de la gitana romaní Philomena Franz

Alma Zamora Méndez | Madrid - 13 agosto, 2021

Philomena Franz (Alemania, 1922), superviviente romaní del Holocausto ha plasmado en «Entre el amor y el odio» las memorias de su infancia, todos los recuerdos que vivió con sus siete hermanos, con sus amistades, con su padre, su madre y su abuelo, que fue quien le enseñó a amar la naturaleza.

La escritora vivió en carne propia la persecución y el genocidio del pueblo romaní a manos del nazismo.

Los testimonios de Franz apelan a la libertad, una libertad que les fue arrebatada el 2 de septiembre de 1939, fecha en la que los gitanos quedaron bajo vigilancia con la prohibición de salir de sus casas.

«Entre el amor y el odio»

«Entre el amor y el odio» es un relato autobiográfico en el que Franz narra el Holocausto desde dos polos opuestos: el amor y el odio. El amor que la ayudó a sobrevivir en Auschwitz y a soportar la tortura que vivió en manos de la policía racial, y el odio que representó la Segunda Guerra Mundial.

En todo el texto la religión juega un papel fundamental tanto en su niñez como en los campos de concentración.

“Al escribir ahora lo que se me pasaba por la cabeza hace cuarenta años me doy cuenta con espantosa claridad de lo lejos que puede llevar el silencio y el aislamiento absoluto a una persona”, relata la escritora.

El libro, escrito en 1985, vuelve a ser editado. Está traducido del alemán al español por Virginia Maza, la edición y estudio es obra de María Sierra y ha sido publicado por la editorial Xordica de la colección «Envistas», que recoge algunos de los mejores escritos de la literatura contemporánea de Europa que narran las entreguerras y la Segunda Guerra Mundial.

Las memorias se dividen entre su infancia, el Holocausto y su vida después de sobrevivir al genocidio romaní y anexa algunos escritos que tenía guardados sobre la relación del ser humano con la naturaleza. En las últimas páginas María Sierra cuenta un poco más sobre la vida de la escritora.

Reivindicación a través de la memoria

Existen muchos escritos sobre lo que pasó en los campos de concentración y la muerte de miles de judíos a manos de los nazis, sin embargo, en este libro Franz narra una parte de la historia que ha sido poco contada.

Philomena Franz hace una denuncia personal sobre la persecución y el genocidio que sufrieron los gitanos, pero también busca la reivindicación de los derechos humanos de las víctimas. Asegura que es un tributo a la memoria de todos aquellos que no pudieron contar su historia y una exigencia del derecho colectivo de tener un lugar en la historia.

«Deseo de todo corazón que este librito sirva para que no se repita los acontecimientos que en Alemania llamamos «pasado», dice la autora en el prólogo del libro.

Una niñez gitana

Franz, junto con sus padres y sus siete hermanos, capitaneados por su abuelo materno, recorrían Alemania con su compañía de teatro y música.

Recuerda su carromato gitano con calidez, porque, pese a tener una casa fija, para ella su hogar fue esa casa rodante que le permitió conocer distintas ciudades y países.

A los 7 años ya bailaba zardas, actuaba y cantaba, además tenía muchos conocimientos de biología y de geografía, y sabía para qué servía cada planta, algo que sorprendía a los profesores de su escuela.

La muerte de su abuelo fue la primera sombra sobre su vida. Fue él quien le enseñó a amar la naturaleza y a respetar a los animales. La conexión y el amor por la naturaleza era algo que caracterizaba a los gitanos.

Recuerda los árboles llenos de manzanas tan brillantes que podía ver su reflejo en ellas, tan grandes que pensaban que podrían llegar a pesar media libra.

Los prados, las brisas de verano, el azul del cielo, la tierra mojada, los insectos, las hojas volando en otoño han quedado en su memoria como recuerdos de una infancia feliz que los niños gitanos que vivieron la época nazi, no pudieron experimentar.

“Aun en la noche más negra, en la mayor de las tinieblas, aun en la oscuridad de la humanidad de los campos de exterminio, recordaba las palabras de mi abuelo y mi vida en la naturaleza. Sentía el viento, olía las flores de los manzanos y veía a mi abuelo en sueños…”, narra Franz.

«Mi Holocausto»

En 1933, cuando Hitler llegó al poder, la vida de los gitanos comenzó a cambiar. Tenían restricciones de movilidad, no podían viajar libremente y algunas comunidades fueron vetadas por los prejuicios antigitanos que existían desde hace años.

“Nuestra bonita vida cambió de la noche a la mañana”

Su forma de vida y sus tradiciones fueron aniquiladas. Tuvieron que vender sus caballos, los carromatos, dejaron de ir a la escuela, de viajar y de hacer sus representaciones.

La policía racial nazi les media la nariz, las orejas, anotaban el color de su cabello, todas las características, que de acuerdo su supuesto estudio científico, podían determinar si eran mestizos o de raza pura.

En 1938, Philomena Franz tuvo que dejar la educación secundaria por la única razón de ser gitana y comenzó a trabajar en una fábrica de munición.

“Me arrancaron de mi familia siendo niña, me apartaron de mi madre y de mis hermanos, y me llevaron a un mundo atroz lejos de todos ellos”, escribe Franz.

El miedo se había apoderado de ellos, la incertidumbre de no saber cuándo los llevarían a los campos de concentración, la falta de comida y la explotación laboral fueron consumiéndola poco a poco.

Franz llegó a Auschwitz el 21 de abril de 1943. En el libro describe las primeras imágenes que vio, el olor tan extraño que desprendía ese lugar, el dolor, la tortura, el hambre, la miseria y la muerte en el campo de concentración.

Muchas noches, loca de desesperación comenzaba a rezar “Padre nuestro que estás en el cielo ¿por qué nos has abandonado?”.

La separación de su madre

“Todavía veo a mi madre caminando por los prados. La queríamos muchísimo. La recuerdo sentada en el carromato, con un caballo delante y yendo a comprar”, rememora en su libro.

La madre de Franz sufrió la muerte de su esposo, la separación de sus hijos…entonces su asma cardíaca empeoró y su estado físico era cada día más malo. Tras la muerte de su hermano se llevaron a su hija Philomena a Auschwitz, más tarde también se la llevaron a ella.

Destruyeron todo: sus fotos, sus libros, sus instrumentos. “Nuestro pasado fue borrado de una vez y para siempre”, añade Franz.

“Muchas veces sentía la sensación de que el dolor me iba hacer pedazos y de que no ida a poder superar la separación”, se sincera en su texto. La presencia de su madre le parecía lo más natural del mundo, no tenerla a su lado fue un dolor profundo. En la celda sólo podría pensar por qué la habían separado de su madre.

Philomena Franz

La autora sinti Philomena Franz. Imagen cedida por la editorial Xordica.

La huida

Philomena Franz escapó de Auschwitz en un mes de abril. Burló la seguridad una vez más como lo había hecho en el campo de concentración de Ravensbrück.“Ese día fue domingo para mí. La dicha vino como en un sueño”.

Reconoce que, aunque ya era libre, se sentía muy sola, no sabía dónde estaba su familia, los buscó, pero todos sus familiares había terminado en alguna cámara de gas.

En 1945 la vida no parecía fácil para la autora del libro. Para poder comer cantaba para los soldados estadounidenses que, a cambio, le daban alimentos y un poco de café.

Aunque estaba acostumbrada a cantar, en ese momento sentía que no lo hacía consciente ni con la pasión de cuando era niña y todo el mundo la aplaudía por su gran interpretación.