Encuentro 'Yo también soy española', organizado por la ONG Rescate. EFE/ Laura López
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"En tierra de nadie" tras 54 años en España y con DNI: "Como eres negra, no eres de aquí"
La artista Marian Davies dejó su natal Guinea Ecuatorial con solo 8 años, lleva 54 en España y cuenta con la nacionalidad de su país de acogida, pero aún hoy a veces se siente "en tierra de nadie": "No te consideras de allí pero los de aquí siempre ven tu color y piensan 'como eres negra, no eres de aquí'".
Así lo ha relatado durante el encuentro 'Yo también soy española', organizado por la ONG Rescate.
La ahora artista plástica llegó a España cuando tenía 8 años y recuerda ese momento con "alegría" y "emoción", pero cuando creció conoció lo que eran las trabas administrativas y la xenofobia que enfrentan todas las personas migrantes en España.
Una de ellas fue para acceder a la nacionalidad. No pudo hacerlo hasta que cumplió los 18 años y, cuando quiso hacerlo, le pidieron el pasaporte guineano que no tenía porque solo era una niña cuando dejó su país: "Fui a la embajada a pedir un pasaporte pero me dijeron 'no, porque tu no eres de allí'", ha narrado.
Discrimación administrativa y dificultades
A este tipo de problemas rocambolescos con la burocracia también tuvo que hacer frente Lina Al Bizreh , original de Siria, que llegó a España en 2015 y también ha participado en el encuentro para contar las dificultades que tuvo para obtener su certificado de nacimiento, necesario para conseguir la nacionalidad, de un país en guerra.
En su país no hay embajada española, por lo que tuvo que contratar a una abogada que se trasladase hasta Líbano para apostillar su documento y volver a Siria, todo esto sin que expirase el plazo de tres meses máximo de validez que exigen a la hora de obtener la nacionalidad.
Pese a todo, considera que el esfuerzo ha valido la pena: "Me da la vida" son las palabras que ha usado para resumir lo que significa tener su DNI.

Encuentro 'Yo también soy española', organizado por la ONG Rescate. EFE/ Laura López
Menos dificultades pero sí esfuerzo tuvo que emplear la venezolana Migdalia Ibarra, quien a partir de dos años con permiso de residencia en España por razones humanitarias pudo acceder a este trámite por proceder de un país iberoamericano.
Esto la eximió de hacer el examen de idioma pero no el de conocimientos y cultura española: "Tuvimos que estudiar las leyes y hacíamos un juego entre todos con la aplicación, a ver quién respondía mejor, son 300 preguntas", ha contado.
"Lo que se desconoce da miedo"
En cuanto a los discursos que demonizan a los inmigrantes, Davies ha observado que en España hay muchas personas africanas pero, sin embargo, los españoles no conocen la cultura africana: "Y lo que se desconoce da miedo", ha explicado, antes de abogar precisamente por "poco a poco" acercar esta cultura a los autóctonos.
Más allá de haber aprendido a "aceptar" los insultos y los bulos sobre personas como ella, ha opinado que se trata de "la parte más pequeña" de la población la que tiene esta visión negativa y "no merece la pena" perder el tiempo defendiéndose: "El tiempo lo dirá todo", ha vaticinado.
Ibarra ha reconocido el "dolor" y la "rabia" que le producen ciertos comentarios pero ha compartido que su forma de combatirlo es con su trabajo como responsable nacional de Empleo de la ONG Rescate, donde ve con sus propios ojos, cada día, que a los migrantes que llegan a España "lo que más les importa es trabajar e integrarse".
De integración ha hablado también la iraní Arezoo Mojaverian, quien ha dicho haber respetado siempre la cultura española pero también tratar de "intercambiar ideas" y costumbres para que la conozcan mejor: "No se trata de imponer, sino de compartir y adaptarse".
Por su parte, la joven afgana Batol Ghulami ha asegurado frente a estos bulos que ella no quiere ser "una carga para el Estado español", sino todo lo contrario: "Una ciudadana orgullosa que ayude a la gente de España, especialmente a través de la educación" es como se ha definido.