Transiberiano Orúe

Eva Orúe (i) y Sara Gutiérrez (d) hablan con Efeminista sobre su libro 'En el Transiberiano'. EFE/Laura de Grado

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'En el transiberiano', el viaje de Eva Orúe y Sara Gutiérrez en el tren que forjó Rusia

Laura de Grado | Madrid - 10 mayo, 2024

En el verano de 1994, apenas dos años y medio después de la disolución de la Unión Soviética, Eva Orúe, en aquel entonces corresponsal en Rusia, y Sara Gutiérrez, oftalmóloga, se aventuraron en el Transiberiano con un doble propósito: explorar el vasto territorio ruso y profundizar en su relación personal. Ahora, treinta años después de aquel viaje en tren, estas dos mujeres españolas han plasmado sus experiencias en un libro que fusiona lo personal, lo histórico y lo literario.

El libro, editado bajo el título En el Transiberiano; Una historia personal del tren que forjó un imperio por Reino de Cordelia, ofrece una mirada íntima y profunda sobre la travesía de Gutiérrez y Orúe a través del país. Mientras la primera narra las vivencias personales y emocionales de su viaje, la actual directora de la Feria del Libro de Madrid aporta una perspectiva histórica y cultural sobre la importancia del Transiberiano en la historia de Rusia.

Durante una entrevista con Efeminista, las autoras desvelan detalles sobre su travesía, reflexionan sobre cómo era viajar como dos mujeres en una época de cambios políticos y sociales trascendentales o qué hubiera pasado si ese tren nunca se hubiera construido. Orúe recalca la importancia del Transiberiano al afirmar que "sin él, Rusia sería un país completamente distinto" y "no se hubiera cosido el país como se conoce hoy en día".

Actualmente, Rusia criminaliza y persigue los derechos LGBTI+ con medidas como la llamada "ley de antipropaganda gay -Ley Nº 135-FZ- o la declaración del "movimiento público internacional LGTB" como organización extremista. Gutiérrez y Orúe recuerdan que, en los años 90, a pesar de no hablar abiertamente sobre su relación, no experimentaron ningún problema durante su estancia en el país. Sin embargo, son conscientes de que hoy la situación sería muy diferente y tendrían que "ir con cuidado como pareja" para evitar riesgos.

Transiberiano Orúe

Eva Orúe (i) y Sara Gutiérrez (d) hablan con Efeminista sobre su libro 'En el Transiberiano'. EFE/Laura de Grado

'En el Transiberiano', un viaje personal e histórico

Pregunta (P): El libro parte de un viaje que hacéis en 1994, poco después de conoceros. De sus viajes por Rusia hay varios libros. ¿Qué tiene este de diferente y por qué lo sacáis ahora, 30 años después de aquel viaje?

Sara Gutiérrez (SG): El primer libro que escribimos sobre Rusia lo publicamos en el 1995, 'Rusia en la encrucijada', que era un libro de entrevistas que empezamos de a pergeñar en este viaje del transiberiano. Y ese era el libro inmediato y periodístico de consecuencia de haber estado allí, que está basado en muchísimas entrevistas.

Este del transiberiano ahora surje a raíz de El último verano de la URSS, que yo publiqué en el 2021 y que es un viaje en trenes nocturnos por varias repúblicas de la Unión Soviética. Y yo aproveché ese viaje para contar mi estancia en en la URSS, a la de que había llegado en 19 89. A la vista de cómo funcionó el libro pues pensé que era buena idea hacer algo parecido con la estancia en Rusia y cuando yo estaba dándole vueltas a la cabeza, el editor me preguntó si había hecho el transiberiano y si escribiría sobre él. Entonces le dije que sí, que además lo había hecho con Eva.

Yo quería seguir la linea de El último verano de la URSS y Eva le dio la solidez histórica y literaria, se documentó mucho sobre la construcción del tren y la importancia del tren en la historia de Rusia

P: ¿Y por qué decidieron hacer ese viaje juntas?

Eva Orúe (EO): Cuando nos conocimos, yo llevaba de corresponsal cuatro o cinco meses. Sara llevaba ya varios años. Y ella lo que pretendió, lo cuenta en el libro además, era encontrar tiempo para hablar de lo nuestro.

SG: De lo nuestro, que no se hablaba ni con claridad entre nosotras. Eso eran los años 90.

EO: Y a mí me picó porque me dijo, y efectivamente tenía razón, que yo estaba trabajando en un país inmenso y solamente conocía Moscú, San Petersburgo, la parte europea, pero no conocía el país. Entonces el transiberiano nos daba la oportunidad de las dos cosas. No íbamos a hacer el viaje del tirón, pero íbamos a estar seis o siete días encerrados en un tren y eso tenía que darnos tiempo para hablar de lo nuestro. Y el hecho de viajar en tren y las paradas que íbamos a hacer, nos debería dar la oportunidad, a mí sobre todo, de conocer mejor el país.

De Moscú a Vladivostok

P: Hay dos voces en el libro, una más personal, que es la que narra Sara, y la parte más histórica, que sería la la que se escribe Eva. ¿Por qué decidieron darle estos dos estilos?

SG: Yo tenía muy claro lo que quería contar, que era, además del viaje, las etapas y todas estas cosas de paisaje, nuestra historia personal. Y sabía que Eva era un poco reticente y que si lo hacíamos juntas nos iba a llevar a muchas discusiones.

EO: La cosa era que más que por un miedo a contar o porque no me gusta mucho airear mi vida privada, era que si tu pones transiberiano en un título puede haber gente que espera un libro de trenes, de vía y de tornillos o una guía turística. Y la aproximación que Sara proponía daba para un libro, pero dejaba sin satisfacer la curiosidad de mucha gente para la que vale nuestro viaje en concreto podía tener su interés. Al final optamos por hacerlo en dos partes.

SG: Y luego tuvimos una suerte. Cuando íbamos comentando las cosas que Eva iba descubriendo en la documentación, nos dimos cuenta de que encajaban muy bien las etapas del viaje con las etapas históricas.
Los zares no conocían para nada Siberia y el primer personaje de la Casa Real que se trasladó a Siberia fue precisamente para poner la primera piedra del transiberiano. Y justo nuestra primera parada era Ekaterimburgo, que es donde mataron al zar y a su familia, entonces iba muy bien para la construcción en esa época. Irkutsk era un sitio en el que había todavía muchísimos restos soviéticos e iba perfecto para la época soviética. El baikal, en la ciudad a la que fuimos, es una ciudad que habían construido para terminar esa segundo transiberiano que es el el Baikal-Amur el o sea, que fue encajando muy bien. El Transmanchuriano con la parte ya más hacia Jabárovsk. Y al final el futuro en Vladivostok.

"Dos años después del fin de la URSS era un país devastado"

P: Además, cuando hacen el viaje habían pasado dos años y medio, casi tres de la disolución de la URSS. ¿Qué encontraron?

EO: La Rusia independiente dos años después del fin de la URSS era un país devastado en todos los órdenes, político, económico, social y militar. Las empresas se habían venido abajo y con ellas se había caído todo, porque en la Rusia Soviética conseguir un piso, conseguir una lavadora o conseguir un coche dependía de tu puesto de trabajo. Era como si les hubieran quitado el suelo bajo los pies.

La única diferencia que vimos a lo largo del recorrido, fue que mientras Moscú, la capital, iba levantando cabeza poquito a poco, y Vladivostok, la última ciudad del recorrido era una ciudad que ya entonces miraba a Japón y se veía una vida distinta; el centro del país no había conseguido superar ese terremoto. Ekaterimburgo era una ciudad muy empobrecida, dominada por las mafias; Irkutsk era una ciudad en la que vivimos borrachos como nunca y además en las paredes todavía pervivían los eslóganes soviéticos de la Perestroika...

Tenían una cama que llamaban "la tortura de Lenin" porque cuando te tumbabas la cabeza y los pies te quedaban arriba y el culo se te iba al suelo. Pues el país era algo así, la cabeza y los pies, Moscú y Vladivostok, estaban ahí arriba, un poquito mal, pero bueno, pero el culo, el centro del país, estaba hundido del todo.

P: ¿Cómo hubiera sido la historia del país sin el transiberiano?

SG: No se hubiera cosido el país sin el tren, habría sido imposible, porque es la vía de comunicación fundamental. Decimos que son varios trenes porque cuando dices transiberiano, piensas en el Orient Express o el Transcantábrico, y no, realmente, es la vía transiberiana y por el circulan trenes. Muchas de las ciudades en el camino de la vía nacieron para construir el transiberiano. Realmenete al ir construyendo la vía siberiana fueron construyendo el país porque era un intento de rusificación también.

EO: Es una época en la que hay grandes cambios, la ingeniería permite grandes cambios, se abre el Canal de Suez, por ejemplo. Y la apertura del Canal de Suez hizo posible, entre otras cosas, que las potencias occidentales llegaran a Vladivostok antes que los rusos. El viaje desde San Petersburgo hasta Vladivostok costaba unos dos años a veces.
Entonces, si no hubiera habido tren y el Canal de Suez se abre, probablemente los occidentales hubieran ocupado el Extremo Oriente ruso y la zona hubiera cambiado.

Pero también había movimientos autonomistas en Siberia, que con el proceso de colonización quedaron ahogados. Entonces, probablemente, podemos pensar que sin tren esos movimientos autonomistas siberianos hubieran hecho algo. Rusia sería claramente otro país.

Y si nos acercamos un poquito más con el transiberiano ya construido, si se hubiera roto la línea, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial y no se hubiera podido transportar ciudades e industrias, probablemente la Unión Soviética habría perdido y no ganado a los nazis. Es todo política ficción y podemos imaginar cosas distintas, pero es muy posible que el país no hubiera sobrevivido en la extensión que tenía y si lo hubiera hecho, sería un país completamente distinto.

"Teníamos más problemas por ser pareja en España que allí"

P: Actualmente Rusia criminaliza y persigue a las personas y los derechos LGTBIQ+. ¿Cómo era en esa época viajar para dos mujeres que se estaban conociendo?

SG: En aquel momento no había ningún problema allí. Teníamos más problemas aquí en España que allí. Ni se identificaba, ni se señalaba. No tuvimos ningún problema ni por ser pareja, que no era evidente, ni por ser mujeres, ni por ir 'solas'.

EO: Después, cuando se aprobó aquí el matrimonio homosexual en 2005, Mili Hernández, de Berkana, nos llamó y nos dijo que había una televisión rusa haciendo reportajes y buscaban a alguien que hable ruso. Y entonces bajamos y concedimos una entrevista al Canal 1, como a La 1 de aquí. Y dos años después fuimos a Moscú y la compañera le dijo a Sara que ni se le ocurriera aparecer por el hospital.

SG: Lo había visto todo el mundo y ya eran otros tiempos.

P: ¿Y teníais pensado volver a hacer este viaje en 2022?

SG: Sí, teníamos ya todo. Igual que la primera vez íbamos sin nada, ni siquiera información, no teníamos nada. En el 2022 lo teníamos ya todo organizado, habíamos estado mirando hasta hoteles, habíamos contactado con gente e íbamos a hacer otras paradas. Pero el día que oímos que habían tirado la primera bomba sobre Járkov​​​, que es además la ciudad de Ucrania en la que yo había vivido, pues decidimos que de ninguna de las maneras. Si hubiéramos ido el libro habría sido otro.

Ya ahí si que habríamos tenido que ir con cuidado como pareja y las veces que fuimos años antes fue con precaución.

"Tenemos una guerra en Europa y vivimos como si no la tuviéramos"

P: ¿El objetivo principal de volver era escribir el libro?

EO:  Sí. Porque al final es un viaje del 94, entonces no ir nos obligó a exprimir más la cabeza. Yo personalmente creo que es mejor así, pero hubiera preferido tomar la decisión sin necesidad de tener que justificarla con una invasión y terrible.

P: Es difícil no hacer esta pregunta... ¿Cómo ven el futuro de este conflicto?

SG: Yo lo veo muy complicado, yo no le veo fin porque pienso que es un conflicto que se enquista, se cronifica y se hace eterno; o se expande. Yo cualquier futuro lo veo penoso.

EO: Es penoso, triste. Hace poco estuvo una amiga con motivo de las elecciones y nos dijo que las tiendas están surtidas, que no hay ningún problema. Aquí a veces nos conformamos pensando que hay boicot y no sé qué, pero allí a la gente en general no le afecta para nada.

Y luego es que todo lo que no sea una derrota de Rusia será entendido como una especie de carta blanca, de "podemos hacer lo que queramos". Ya pasó cuando invadieron Crimea, no se reaccionó y han seguido haciéndolo. Y la tercera cosa es que tenemos una guerra en Europa y vivimos como si no la tuviéramos y es Europa. Rusia es Europa, pero Ucrania es Europa.

SG: Yo lo veo con mucha tristeza por lo que pasa, pero sobre todo porque no le veo fin.

P: ¿Se plantean retomar el viaje en un futuro si cambia la situación?

SG: Podría ser. Hay tantos sitios todavía a los que ir, que esta vez era por lo del libro. Pero bueno, a mi sí me gustaría y me gustaría hacerlo en invierno.

EO: Pero también podríamos hacer otro transiberiano, el Trasmanchuriano, el segundo transiberiano que va por el norte del Baikal.

"Se vuelve para atrás muy fácil"

P: Pero en tren...

EO: Sí. Viajar en tren en este tiempo en el que nos montamos en trenes y les pedimos que cojan la velocidad de un avión casi, coger un tren que va a su ritmo, tener el tiempo para disfrutar de ese viaje, la capacidad para bajar y subir y ver, yo creo que es un lujazo. Hacer un viaje como el que hicimos, es decir, en un tren que va despacito, parando por todas partes y eligiendo tus paradas y ver qué es lo que hay.

P: ¿Cómo ha sido el recibimiento del libro hasta ahora?

EO: En las presentaciones hay varias cosas que yo creo que sale casi siempre. Una es que hay mucha gente que ha hecho el transiberiano o un transiberiano y entonces te lo cuentan. Creo que la historia que cuenta Sara y la pasión que le pone toca alguna fibra sensible en alguna gente, sobre todo cuando lanza su speech final, que es algo así como no dejemos que nos pisoteen nuestros derechos, que nos ha costado mucho conseguirlo.

SG: Se vuelve para atrás muy fácil. No puede ser que nosotros hayamos podido llegar a vivir con una cierta libertad y que tengamos que ver que la gente se tiene que volver a esconder.

Y luego la acogida, la verdad, es mejor de lo que esperábamos porque teníamos un poco de miedo. Teníamos un poco de miedo a que resultara chocante hablar de Rusia ahora y luego, que no aparece la palabra transiberiano hasta el final de mi parte del primer capítulo. Curiosamente la gente que lo va leyendo, nos va diciendo que le gusta y que no le molesta la parte personal.