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Elvira Sastre: "Las redes se han convertido en un charco de veneno"

Carmen Sigüenza - 18 febrero, 2026

Elvira Sastre (Segovia, 1992) poeta, narradora, traductora y editora, dio a conocer su poesía a través de las redes sociales en 2013 con el libro Cuarenta y tres formas de soltarse el pelo. Hoy, trece años después, las cosas en las redes se han puesto más feas y éstas se han convertido en "un charco de veneno", en opinión de esta escritora con miles de seguidores de todo el mundo. Para mejorar esta situación pide que se escuche a los jóvenes, educación y regulación institucional.

Ahora Sastre, autora de más de diez poemarios, novelas y narraciones, se ha recogido de ese ruido y tras pasar por un tiempo de relación complicada o de hastío con las palabras manoseadas, ha querido utilizar la fotografía analógica para expresar de forma íntima y en dialogo con la palabra renacida, su lucha contra el olvido, su deseo de atrapar e inmortalizar instantes en su libro En defensa de la memoria (Alfaguara).

Un título cargado de intenciones y reivindicativo, como es la obra de Elvira Sastre. "Para mí, la escritura es un acto de compromiso y de transformación", explica a Efeminista esta autora defensora publica del colectivo LGTBIQ+, el feminismo o los derechos de los animales.

'En defensa de la memoria', una manera de resistir al olvido

Pregunta (P).-  ¿Qué es En defensa de la memoria? ¿Qué alberga  este libro que une fotografía y texto?      

Respuesta (R).- La escritura siempre es como mi manera de existir, de expresarme, pero es verdad que pasé una época un poco regular a nivel emocional y fue un momento en el que las palabras no me servían demasiado, no me bastaban y ahí apareció la fotografía analógica, que, para mí, es un poco como colocar el ojo, la paciencia, la espera en esos sitios que nadie ve.

No soy una persona que sea mucho de fotografiar monumentos, soy más de lo que está al lado, de lo lateral, y eso me gusta. La fotografía me ha enseñado a tener paciencia, a saber mirar, a esperar también el momento perfecto y me ha permitido contar cosas que las palabras en ese momento no me dejaban. Ha sido un desahogo y de pronto, me surgió la posibilidad de aunar las dos cosas, cuando también las palabras volvieron un poco a mí. No son textos que expliquen la fotografía, son dos cosas que se acompañan. Es muy novedoso para mí, porque es una manera nueva de expresarme que no había compartido y algo muy personal porque es como una mirada muy particular sobre ciertas cosas que  he visto en momentos bastante vulnerables de mi de mi vida en mis últimos años.

"La escritura tiene un acto de de compromiso y también de transformación de algo "

P.-  ¿Por qué este título con este carácter tan reivindicativo?

R.- Pues sí tiene esa parte reivindicativa. Yo creo que eso no puedo desligarse nunca de mi escritura, para mí, la escritura tiene un acto de compromiso y también de transformación de algo,  y esto viene un poco a reivindicar varias cosas; por una parte, la fotografía analógica aparece en un momento de mi vida en la que percibo que las cosas cambian, que hay cambios de etapas en mi vida personal, que mis abuelos van a fallecer... Entonces aparece la fotografía como manera de capturar esos momentos y tener un objeto físico de ellos. Es como una manera de resistirme al olvido, básicamente: 'No quiero olvidarme de que he vivido y no quiero olvidarme de la cara de mi abuela, de las manos de mi abuelo o de lo que vi un 30 de agosto de hace 5 años, por ejemplo,  porque fue importante para mí ese día.

 "El libro es un alegato en defensa de los que somos...de no olvidar de donde venimos"

O como una forma de poner un parapeto al olvido, a esos recuerdos que a veces inventamos.  Es una manera  de sobrevivir y resistirme un poco a que las cosas pasen y al mismo tiempo hacer un un alegato en defensa de lo que somos, de lo que hemos sido, de lo que nos ha formado, de no olvidar de donde venimos.

"La fotografía analógica te requiere pausa"

P.- Y que hay en esta especie de cajón de la memoria emocional, ¿ qué encierra este libro en el que hay fotos íntimas de tu familia, naturaleza, animales, tus perros, ciudades de América Latina, Madrid...?

R.-  Pues una que mezcla un poco de lo que ya es pasado, y  son imágenes que voy a visualizar mucho en el futuro. Yo me visualizo a mí viendo esto en el futuro y recordando  y viajando, más que recordando. Creo que cuando tenemos esos recuerdos en la cabeza, lo que hacemos es como un viaje, pero al tener una fotografía que nos sitúa mejor.

Pues, por ejemplo, de ese verano o de ese viaje que hice a Ciudad de México, que me coloca ahí y me hace  sentir exactamente lo que sentí en ese momento. Me gusta la fotografía porque, a veces, es como una sombra, un hallazgo que se encuentra.

Una de las cosas que me ha revelado la fotografía analógica es que te requiere pausa. Tienes un disparo, luego no sabes lo que va a salir y en esa emoción también hay algo de resistencia en comparación a cómo se hacen las fotos hoy en día, que tienes un móvil y que disparas 200 veces y no existe ese cuidado.

Y aparecen mis perros porque tienen una vida tan corta que es como una manera de capturarlos y poder quedarme con ellos. En mi familia también hago muchas fotos a mis sobrinos, entonces es como una especie de documentar el crecimiento. Es algo mágico poder volver atrás y decir cómo estaban este día y cómo han cambiado y aquí hicimos esto o lo otro... Eso es como una manera de tener ese registro

P.- ¿Y qué sientes al mostrar esa intimidad con tantos seguidoras y seguidores como tienes y  en un mundo en el que hoy  tanto 'hate' en redes, cómo has comprobado tu misma en  algunas ocasiones?

R.- La verdad esta en poder elegir lo que muestras. Es verdad que hay algo de una revelación de intimidad, pero también hay mucha gente que conecta con las cosas que yo cuento; no desde mi posición, sino desde la suya. Cuando pongo una foto de mi casa, de una escena cotidiana, creo que eso a la gente le va a llevar a su propia cotidianidad de alguna manera. Al salón de su casa y, de repente, decir, pues voy a fijar mi mirada aquí en este rincón en el que, a lo mejor nunca, me había fijado y están pasando muchas cosas.

P.- ¿Lo que haces es también interpelar al otro a partir de tu propia experiencia, no?

R.-  Cuando e produce esa conexión entre quien escribe y quien lee es mágico. Quien escribe está buscando soltar algo que tiene dentro y quien lee está esperando recibirlo también para metérselo dentro también. Entonces creo que hay un baile y una situación muy bonita y que funciona, que a mí me gusta como escritora y me gusta como lectora también.

"Hay que escuchar a los adolescentes y ponerlos en el centro"

P.- Hay mucha veladura e imágenes desenfocadas.

R.- Sí, eso me encanta, la verdad, no quiero que sea la foto perfecta. Yo no soy fotógrafa. He aprendido algunas cosas porque la analógica lo requiere, pero no busco la perfección Ceo que es un libro bastante honesto, porque no estaba concebido para ser un libro. La fotografía ha sido algo también como muy personal,  no lo he compartido todo, no he estado haciendo fotos pensando en compartirlas con la gente. Eso surgió después. Entonces es un poco mi manera de ver y observar. Mi poesía está en todo mi trabajo, creo que es transversal. Es verdad que siento que sobre todo la poesía es una manera de estar y de mirar el mundo.

P.-  ¿Cómo podría hoy ayudar la palabra poética?    

R.- Para mí la palabra ayuda a todo, ayuda a canalizar todas las emociones y siento que estamos en un momento de mucha rabia también, de incertidumbre, de crisis existencial muy fuerte, y creo que todo pasa por entender de donde vienen las cosas y ponerle solución, porque nos dejamos llevar todo el rato por esta rabia, por este vértigo. Es como que nos han soltado ahí en el mundo y no sabemos muy bien hacia dónde tirar. Entonces creo que ese ejercicio que da el arte, y, en este caso, la escritura que necesita tener una soledad para estar contigo misma, mirarte al espejo, e intentar entender las cosas, es buenísimo. Creo que la  la palabra es como una herramienta fantástica para eso.

En el acto de leer un poema, una novela, una historia o un libro como éste, hay un deseo intimista de ponerte a ti  por delante de todo lo demás y ver dónde te interpelan las cosas. Creo que es importante en este momento que recuperemos esos actos intimistas más que esta cosa atropellada en la que vivimos ahora mismo. Decirnos: 'Vamos a respirar un poco'. El acto de escribir o de leer es como si te vas una mañana al campo y estás sola debajo de un árbol y respiras, pues un poco así.

P.-  Tú que has sido muy sensible al tema del acoso y manipulación en la redes sociales y has reflexionado sobre ello en tu libro libro Las vulnerabilidades, acerca de  la violencia digital contra las mujeres, ¿cómo ves este momento y la  iniciativa desde el Gobierno de  prohibir las redes a  menores de 16 años? 

R.- Yo lo que creo, y lo he hablando también como con mucha gente de mi generación, porque es importante, es que, sin ser experta, creo que habría que escuchar a los adolescentes y ponerlos en el centro. Y seguiría dos caminos; por un lado, la educación, yo he confiado mucho en la educación, es vital, y por otro,  prohibir las cosas cuando no queda otra, y es es responsabilidad del Estado, además de las acciones que consideren tras los estudios que hayan hecho. Pero creo que esto hay que acompañarlo de una pata grande que es la educación. Quitar a los menores de las las redes sociales, como son  ahora las redes, está bien porque son un charco lleno de veneno.

Por ejemplo, lo de poner un DNI lo habría puesto hace millones de años, por supuesto, porque no puede ser que haya esa impunidad en eso. Hay que poner medidas drásticas acompañadas de pedagogía.

Feminismo y derechos LGTBIQ+

P.- ¿Cómo ves que el colectivo LTGBIQ+, el feminismo o la emigración sean objetivo para estos  gobiernos reaccionarios que van llegando en todo el mundo?

R.- Al final, dice mucho del que ataca, porque parece que lo que más miedo les da son las minorías, o un colectivo oprimido. Para mí es un asunto masculinidad frágil. Parece que dicen: 'Me da miedo lo pequeño y lo voy a retirar de aquí', y me parece horrible y sobre todo muy cansado. Estoy muy agradecida a todas las mujeres que ponen el cuerpo, que ponen la mente, que ponen toda su energía en  seguir con su activismo, en seguir enseñando, en seguir peleando,  las mujeres que denuncian, las que no denuncian también,  todas las que formamos de alguna manera parte de todo esto y las mujeres que no se cansan, porque me parece completamente agotador intentar educar a gente que no quiere ser educada.

P.- Además de escritora, traductora, de dirigir talleres, también te has convertido en editora con el sello Manos de pan. Háblanos de este proyecto.   

R.- Estamos muy contentas, sí, todo una aventura. Somos cuatro en la editorial ( Miranda Matiagliati, María Gutiérrez y Paola Soto) . Yo me uní porque me parecía como devolver el privilegio que yo tengo y la ayuda que a mí me han dado y que me ha llevado a estar en el  lugar en el que estoy, porque  es un mundo muy complicado, difícil y en el que se escriben muchísimos libros. Yo estoy más metida en la parte de la edición porque es donde mejor me manejo porque he estudiado filología y traducción. Es muy interesante ver los temas de los que ahora se escribe más. Temas como el duelo, la relación hijas- madres, traumas heredados o la reconciliación, y queremos servir de puente con América Latina, donde hay muchísima creación.