Lydia Cacho machismo libro

Lydia Cacho es periodista especializada en derechos humanos y ganadora de más de cincuenta premios internacionales. Foto: Marco Alar/Lydia cacho

Lydia Cacho desentraña el origen y las trampas del machismo en #EllosHablan

Cristina Bazán | Madrid - 23 agosto, 2019

«Desde niño nos dijeron que ser hombre era ser como mi padre y mis tíos, todos militares. Supe lo que significaba ser hombre de verdad la primera vez que vi a mi padre golpear a mi madre por desobedecerlo. Era algo muy trivial, yo siempre estaba pegado a sus faldas y a él le enojaba eso. Decía que me iba a convertir en un ser débil, femenino». Esta es parte de la historia de Gerardo, uno de los 13 testimonios que forman parte del libro #EllosHablan, de Lydia Cacho, una investigación que es «un espejo para descubrir las trampas del machismo y el daño que le ha hecho a los hombres», asegura la autora.

Cacho (México, 1953), periodista especializada en derechos humanos, explica en una entrevista con Efeminista que decidió escribir #EllosHablan (Debate, 2018) cuando, a partir de las denuncias de acoso y hostigamiento sexual que salieron a la luz con el #Metoo, escuchó que hombres de diversos países se preguntaban por qué de pronto las mujeres querían cambiar las reglas de la seducción y las relaciones entre hombres y mujeres.

En la obra, Cacho se introduce en las entrañas del machismo por medio de las historias de dolor de los protagonistas para explicar «los mecanismos invisibles que nos atan a relaciones de poder tóxicas que normalizan la violencia y la justifican».

«Me percaté de que en verdad (los hombres) no entienden cómo funcionan los mecanismos de opresión machista«, menciona. «Un día pensé -detalla la autora- que debía preguntarles a los hombres cómo y cuándo descubrieron que es ser ‘hombre de verdad’ y cómo fueron formados desde la infancia; quería que fuesen ellos mismos los que exploraran las respuestas«, comenta.

El disfraz del machismo

Durante su infancia, Gerardo vivió en «un campo de entrenamiento». Un día, relata, su padre golpeó tanto a su madre que tuvo que llevársela una ambulancia. Dos días después le dijeron que estaba muerta. El resto de su vida pasó huyendo de su padre y prometió que no le haría lo mismo a su esposa e hijas.

Aunque él se dio cuenta del problema, el testimonio de su niñez sirve para retratar un patrón que se repite en las otras historias del libro: la normalización y justificación de la violencia que empieza en el hogar y se reproduce entre generaciones. En muchos otros casos, los hombres no logran identificar el machismo ni su origen y siguen desenvolviéndose en relaciones de poder tóxicas que causan dolor a los que los rodean.

Las mujeres también son engullidas por el monstruo del machismo, pues la violencia a la que son sometidas sistemáticamente les impide denunciar y terminan por aceptar que los hombres las golpean «son así» o porque ellas «se lo merecen». Las agresiones físicas o verbales se disfrazan de amor o preocupación.

«La inequidad de género no comienza con un niño maltratando a una niña, sino con un hombre educando a sangre y golpes a su hijo con el fin de hacerle saber que para obtener un lugar en el mundo hace falta ser cruel, violento y abusivo. La desigualdad de género comienza con la construcción del abusador, por el desarrollo psíquico del machismo», explica Cacho en el libro. Tal como le dijeron a Gerardo que debía ser.

Durante el relato, los entrevistados también hablan sobre el odio que cultivaron hacia sus madres por «no evitar» esas situaciones de violencia y repiten estereotipos sobre lo que debe ser y hacer una mujer, heredados de la visión familiar patriarcal.

«Lo fundamental es desentrañar los patrones culturales que nos llevan a la normalización de ciertas actitudes discriminatorias y criminales».

La importancia de que los hombres hablen

La autora, que en 2004 denunció en «Los demonios del Edén» a una mafia de pederastas vinculada a políticos mexicanos, considera fundamental que los hombres hablen sobre el machismo que reproducen, pues «nadie puede comprender un problema social si no reflexiona al respecto».

«Sobre todo si no es capaz de mirarse al espejo y preguntarse si sus conductas forman parte de esa problemática que afecta a terceras personas», añade.

Cacho cuenta que para esta investigación hizo una lista diversa que incluía la edad, país, situación económica, cultura, nivel de poder e incidencia social, raza y diversidad sexual de los posibles protagonistas. Después preguntó a conocidos si tenían a hombres cercanos con esas características que quisieran participar en el «experimento». Recibió confirmaciones y empezó a realizar las entrevistas.

«Fue muy conmovedor descubrir la gran necesidad que tienen (los hombres) de hablar de esos temas en un espacio de confianza y seguridad«, destaca.

También conversó con expertos en masculinidad y salud mental que trabajan con varones para intentar erradicar el machismo, quienes explican las características del maltratador común, sus diferencias con un psicópata y la necesidad que existe de rescatar a las víctimas de la violencia paterna. 

«Lo fundamental es desentrañar los patrones culturales que nos llevan a la normalización de ciertas actitudes discriminatorias y criminales que se convierten en valores para un grupo determinado de personas».

«Es urgente que millones de hombres se sumen a la transformación cultural por la equidad».

Lydia Cacho machismo libro

Lydia Cacho ha escrito 13 libros y es conferencista y activista de los derechos humanos. Foto: Marco Alar/Lydia Cacho

«El feminismo ha aportado mucho a la transformación cultural»

La periodista, que admite que vivió muchas veces desigualdad de género en su profesión, menciona que hay personas que deciden cambiar después de descubrir que son infelices y que nunca han podido amar de verdad porque «confunden amor con control y lo disfrazan de romanticismo». En fomentar esta clase de cuestionamientos es en lo que ha sido clave la presencia del feminismo.

«El feminismo ha aportado mucho a la transformación cultural al cuestionar cómo hemos normalizado lo inaceptable como las violencias opresoras», sostiene Cacho.

La educación también tiene un rol fundamental, pues esta puede ayudar a las personas a descubrir los comportamientos que les llevan a reproducir micro o macro machismos.

«Si no educamos con perspectiva de género y ayudamos a chicas y a chicos a cuestionar los valores predeterminados de lo que significa reproducir el modelo masculino y femenino, poco se podrá hacer», añade. «Es urgente -enfatiza Cacho- que millones de hombres se sumen a la transformación cultural por la equidad. Sin ellos las feministas tendremos cada vez más trabajo y menos resultados tangibles en las relaciones afectivas, eróticas, sociales, políticas y laborales».

«La izquierda y derecha latinoamericana no quieren cuestionar al machismo»

Según las últimas cifras de Naciones Unidas, 14 de los 25 países con las tasas más altas de casos de feminicidios están en América Latina y el Caribe. Al respecto, Cacho señala a los políticos como los principales responsables de esta situación.

«Creo que las y los líderes de la política continental, de izquierda y derecha, no quieren cuestionar el machismo puesto que es la espina dorsal del poder político: la opresión, la discriminación y el paternalismo patrialcal como fórmulas de control social», precisa.

La autora menciona que desde la Revolución Sandinista (Nicaragua 1979 – 1990) hasta la mexicana y la cubana, «todas han sido profundamente machistas, patriarcales y sexistas; las mujeres les sirvieron como vehículos y las pocas privilegiadas con poder real son reproductoras del machismo y la opresión».