visibilidad lésbica

Una pareja de mujeres se besa. Archivo EFE/Mario Ruiz

El coste de la visibilidad lésbica en España

Violeta Molina Gallardo | Madrid - 26 abril, 2021

Las mujeres que viven abiertamente su homosexualidad han de «pagar un precio» por su visibilidad lésbica: aún son penalizadas, discriminadas y tienen que pelear el doble por demostrar que son «válidas y normales».

Según explican la histórica activista Rosa Arauzo y la «influencer» Verónica Sánchez (@oh.mamiblue), que, con motivo del Día Mundial de la Visibilidad Lésbica, hablan con Efe de la importancia de que existan referentes para el colectivo lésbico, aun cuando reconocen que todavía hay que pagar un coste elevado por estar en primera línea.

Cuando Sánchez y su pareja, madres de un niño, decidieron narrar su maternidad en redes sociales fueron objeto de un aluvión de críticas y ataques: «Nos pedían explicaciones, nos decían que nuestro hijo no tenía padre, nos amenazaban diciendo que nos iban a reventar la cabeza y nos llegaron a decir que tenían que hacer con nosotras jabón, como los nazis hicieron con los judíos».

«A raíz de visibilizarnos hemos conseguido existir»

«Muchas veces nos planteamos el no seguir, echarnos para atrás, pero hemos aguantado. A raíz de visibilizarnos hemos conseguido existir. Ser visibles nos da tranquilidad y además sirve para que la gente conozca una realidad que durante muchos años no se ha visto», explica.

Antes de desembarcar en Instagram, detectaron que había millones de cuentas de maternidad, pero ninguna de dos madres en la que se explicara lo que ella y su pareja estaban viviendo, «había una necesidad», y hoy indica que se ha construido una «comunidad», una «tribu», de personas que comparten inquietudes y problemas y en la que el colectivo LGTBI conforma un 20 o un 30 % del total.

Maternidades lésbicas

Sánchez cuenta que son muchas las mujeres que les han escrito para agradecerles que su modelo las haya ayudado a decir abiertamente en casa que son lesbianas, para reflexionar sobre el hecho de que pueden ser madres.

Considera que es «muy importante decir abiertamente» que se es lesbiana, y lanza un mensaje de «tranquilidad y valentía» porque hay que estar orgullosa de quien se es: «Lo que tú sientes no se enseña, lo luchas, lo peleas y lo vives».

Aún en 2021, muchas niñas le escriben para contarle que en sus familias no las aceptan y en muchos casos, aclara, es porque los padres consideran que van a sufrir por ser lesbianas.

«Quien te mire mal es quien tiene el problema, no tú, tú no estás fallando en nada. Por eso es tan importante educar en diversidad desde pequeñitos. (…) Como no hemos sido educadas en la diversidad, pensamos que está mal lo que hacemos y vamos a tener que justificarlo y demostrar más, luchar el doble que una mujer cis, porque tenemos que demostrar todo el tiempo que somos personas válidas y normales. Y es agotador», destaca.

Y matiza que «el patriarcado influye en todo» y que las mujeres lesbianas reciben «un tipo de homofobia más relacionada con el machismo»: «He sufrido más por el hecho de ser mujer que por ser lesbiana», afirma.

El coste de visibilizarse como lesbiana

La histórica activista Rosa Arauzo (76 años) defiende que la visibilidad es una opción personal y que hay que «pagar un precio» por la visibilidad lésbica: «Es una elección personal. Hay que hacer un camino, no todo el mundo está dispuesto, ni preparado ni puede«, reconoce a Efe.

El coste para Arauzo fue elevado: madre de seis hijos, descubre su «orientación lésbica» tras separarse de su marido y no lo oculta, por lo que sufre el rechazo social de su entorno y alejan a sus hijos de ella.

«Tampoco es que yo sea Juana de Arco. Tomo esa decisión porque no quiero que mis hijos pasen por un juez, someterlos a la presión horrorosa de un juez. A lo mejor en otro momento hubiera hecho las cosas de una manera menos traumática, no supe tener la paciencia suficiente, ganarme ese espacio sin tener que llegar al rompimiento total«, rememora.

Arauzo, que pudo retomar el contacto con cinco de sus seis hijos y se ha retirado «a los palacios de invierno» con una de ellas, sostiene que no podría haber vivido una vida de mentira.

Mayores LGTBI

Cristiana practicante, asume sus «contradicciones» pero mantiene que «ames a quien ames, Dios te ama, eso es indiscutible».

Una de las protagonistas del cartel feminista vandalizado de Ciudad Lineal, la activista de los derechos del colectivo LGTBI incide en que las lesbianas tienen «un espacio físico, mental, emocional y colectivo» que deben ocupar en libertad y esa libertad significa «respeto, derechos y leyes».

Los años de lucha «se están notando», concede, pero las lesbianas mayores «es un poquito complicado» que sean visibles: «Siguen igual, son amigas íntimas», dice Arauzo, integrante de la Fundación 26 de Diciembre.

Su receta para avanzar es la lucha conjunta de todas las mujeres y recomienda a las lesbianas más jóvenes que recurran a las asociaciones «para no estar solas, para no sentirse abandonadas» porque el colectivo LGBTI las puede ayudar a tener referentes, a «fortalecer su forma de vivir y a sentirse protegidas».