Papusza poeta gitana

Foto de cubierta de "El bosque, mi padre", de Papusza, con el rostro de la poeta, del Muzeum Okregowe Wtarnowie, y cedida por Torremozas

«El bosque, mi padre», de Papusza, la poeta gitana que burló su destino

Carmen Siguenza - 3 enero, 2020

Papusza, que significa «muñeca» en romaní, es el nombre con el que todos llamaban a la primera poeta gitana que publicó su obra,  Bronislawa Waj,  una mujer que sobrevivió al Holocausto y que se convirtió en la voz y en la memoria del pueblo gitano, aunque también por ello fue despreciada y condenada al ostracismo dentro de su propia comunidad.

Ser mujer y relatar al mundo el padecimiento del pueblo romaní y su historia era una traición.

«El bosque, mi padre», por primera vez en castellano

Ahora se publica un libro bilingüe con sus poemas ,«El Bosque, mi padre» (Torremozas) por primera vez en castellano con traducción del polaco de Amelia Serraller, que incluye, además, una extensa introducción. Un libro poderoso, un bosque negro y nevado por donde se ve la vida y la persecución de la comunidad romaní, la naturaleza como hogar, su sufrimiento durante la Segunda Guerra Mundial o la amenaza constante de los nazis.

«A día de hoy, la  figura de Papusza (1908 o 1910-1987) sigue siendo un enigma y un caso sin precedentes», afirma Serraller en el prólogo, en el que también comenta que ni siquiera se sabe con exactitud la fecha en la que vino al mundo esta poeta.

De familia nómada, nunca fue al colegio

Nacida en un familia nómada, hija de Katarzyna Zielinka, su padre falleció en Siberia, adonde fue deportado por hurto, según la leyenda. Fue criada por su madre, quien se casó con otro hombre con el que tuvo cinco hijos y que la maltrataba.

Como cuenta en el prólogo Serraller, Papusza, a pesar de que nunca fue al colegio, sí aprendió a leer y a escribir. «Ofrecía gallinas, pollos o viandas a cambio de que los niños escolarizados y una tendera judía le enseñaran letra a letra». Su familia o clan cada vez que la pillaba en estas cuitas le daba una paliza. Lo que sí le enseñó su madre, al parecer, «fue a pedir y a ser astuta y falsa para contribuir al sustento de la familia y no volver con las manos vacías».

Obligada a casarse

A los 17 años fue obligada a casarse con el arpista gitano Dionizy Wajs. No pudo tener hijos, lo que supuso otro gran drama para Papusza, y finalmente adoptaron un niño huérfano tras la Segunda Guerra Mundial, al que apodaron Tarzanio.

Fue víctima de más de un intento de violación, como desvela Serraller, y ya casada conoció a su descubridor, el poeta y etnógrafo polaco Jerzy Ficowski (1924-2006), quien se refugió con los gitanos escapando de los servicios de inteligencia.

En 1950,  Papusza, gracias a Ficowski  y a Julian Tuwim, «el escritor más importante de su generación, consiguió una editorial y apareció en la prensa como la «poeta gitana», y ahí también comenzó el rechazo y la acusación del tabor, el campamento gitano. En 1951 publicó por primera vez en revistas.

Acusada de traidora por su pueblo

En 1953 fue acusada por el consejo de ancianos de «traidora» y la aislaron del resto, y en 1956, cuando se publicó una antología con de su obra, y después en 1973 «Canciones habladas», empeoró todo y fue declarada por los gitanos como infame. Vivió el resto de su vida aislada y condenada al ostracismo, como explica en Serraller en este bellísimo libro.

Ceija Stojka también denunció el genocidio gitano

La publicación de «El bosque, mi padre», que estará en las librerías en enero, coincide con la exposición que el Museo Reina Sofía dedica a otra mujer Ceija Stojka, la artista autodidacta austriaco-romaní que también sobrevivió al Holocausto. La obra de Stojka también grita y denuncia la persecución y el genocidio de la comunidad gitana a manos de los nazis.

Un poema de  Papusza:

«Ya no pisaré aquellos lugares gitanos de antaño»

Oh, amigos, ¿os gustaría conocer nuestra vida,
la auténtica realidad gitana?/Sé que no me creeréis,/pero, por favor, escuchad este canto/y sabed que ni una sola palabra es mentira.

Yo canto cómo mi madre pasaba penurias./No volveré a los bosques negros,/¡creedme, que muera si miento!,/donde los gitanos solían ir
por ese camino… ¡maldito sea!/Los pobres gitanos crecieron allí. ¿Dónde estuve?, no voy a decirlo./Allí me crié, allí nací./En mi vejez
he aprendido a ser sensata.

No volveré a pisar/donde estuvieron los gitanos bajo la oscura noche./Donde los niños escuchaban/el canto nocturno de los pájaros de la muerte…»