Edurne Portela los ojos cerrados

La escritora y novelista Edurne Portela. Foto: Archivo EFE/Luis Eduardo Noriega A.

Edurne Portela: «El silencio revictimiza»

EFE | Madrid - 14 abril, 2021

La novelista y ensayista Edurne Portela, que dio voz a los silencios sobre el terrorismo en su exitosa novela «Mejor la ausencia» y habló de la violencia de género en «Formas de estar lejos», regresa ahora con «Los ojos cerrados» donde habla de esos silencios heredados de la Guerra Civil y de cómo quedan todavía muchas memorias que desentrañar sobre ese pasado.

El silencio es una forma de continuar la violencia sobre las víctimas, que «revictimiza», asegura a Efe la escritora y doctora en Literaturas Hispánicas por la Universidad de North Carolina (Estados Unidos) con motivo de la publicación de su nuevo libro «Los ojos cerrados», editado por  Galaxia Gutenberg.

Todas las violencias que ha tratado anteriormente Portela (Santurtzi, Vizcaya, 1974) siguen estando presentes en esta novela pero en esta ocasión entra la memoria y retrocede a los años de la Guerra Civil y, sobre todo, los años de después, «del silencio», un silencio que se convierte, precisamente, en una de las formas de relacionarse entre los personajes.

Edurne Portela habla de silencios en «Los ojos cerrados»

Su novela transcurre en un sitio imaginario, llamado Pueblo Chico: «España está llena de pueblos así, pequeños pueblos con comunidades muy reducidas en las que esas historias de violencia pasan de generación en generación y es mucho más difícil olvidar y buscar una convivencia cuando ha habido ese tipo de desgarro social», explica.

En ese pueblo vive Pedro, el anciano protagonista de esta historia, depositario de secretos que rodean la violencia que ha atravesado el lugar durante décadas. Y allí llega Ariadna que irá desvelando su vinculación con la historia silenciada del lugar.

«El silencio revictimiza», dice Edurne Portela: «está la primera violencia, la del asesinato, la tortura o la desaparición, esas violencias que desgarran, y luego está el silencio».

«El silencio es una forma de continuar la violencia sobre las víctimas»

Y el silencio «condena a la víctima a serlo permanentemente, porque su daño no se reconoce, no se comparte, su herida queda ahí pero relegada a un segundo plano para aquellos que no quieren que se vea ni se discuta. El silencio es otra forma de violencia o, por lo menos, otra forma de continuar la violencia sobre las víctimas«, sostiene la autora.

Edurne Portela reconoce que se ha escrito mucho sobre la Guerra Civil y el franquismo desde la historia o desde la ficción, pero asegura que «queda mucho por descubrir», especialmente desde la perspectiva de las pequeñas historias familiares.

Y también queda por saber cómo ese pasado nos configura, como le ocurre a Ariadna, dice Portela.

«¿Cuántas personas hay en España que saben que en su familia pasaron cosas durante la guerra pero no saben exactamente qué, que no saben cómo murieron sus seres queridos? Para mucha gente todavía eso es una deuda pendiente y por eso la novela un diálogo entre presente y pasado, que se van uniendo. Es un ejercicio de memoria inagotable. Quedan muchas memorias que desentrañar sobre ese pasado», indica la escritora.

Memoria democrática

Edurne Portela considera que de lo que se debería hablar es de «memoria democrática», que no supone un enfrentamiento porque lo que se busca es «verdad, justicia y reparación».

Y afirma que «si alguien se ofende porque alguien quiere saber dónde está enterrado su abuelo, ese es el que tiene un verdadero problema». Esas personas son las que «incentivan el odio y la división y las que no respetan los principios fundamentales democráticos», subraya.

«No creo que eso debiera tomarse como un ataque o una provocación sino como un ejercicio de memoria democrática«, dice la escritora que agrega: «Si se supone que hemos superado esa etapa histórica, deberíamos poder debatir con tranquilidad y los que se ponen intranquilos son los que están en contra de seguir ese proceso de memoria democrática».

Violencia contra el cuerpo de la mujer

En su novela también se cuenta cómo, cuando hay un conflicto como fue la guerra civil y la posguerra, siempre hay una violencia «muy dirigida» contra la mujer.

«Y el cuerpo de la mujer al final se convierte en ese espacio donde dirimir muchos de los odios y las venganzas«.

Habla asimismo de otras víctimas, los niños, y de cómo la violencia brutal condiciona toda una vida y asegura que los «niños son los grandes olvidados porque se cree que lo superan todo, pero es todo lo contrario».