Cristina Rivera Garza: «El feminismo es el pensamiento más lúcido para enfrentarnos al futuro»

Carmen Sigüenza | Madrid - 31 agosto, 2021

El 16 de julio de 1990, Liliana Rivera Garza fue asesinada, presuntamente por su exnovio, huido desde entonces. Ahora su hermana, la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, reconstruye la vida y la memoria de esta joven brillante, estudiante de arquitectura, a la que a los 20 años le fue arrebatada la vida cuando decidió que quería terminar la relación con quien había sido su novio desde la preparatoria, que insistía en no dejarla ir.

«El invencible verano de Liliana» (Literatura Random House) es el título de este impresionante libro que ha escrito la narradora, traductora y critica mexicana rescatando la vida de una mujer brillante y audaz «que careció, como nosotros mismos, como todos los demás, del lenguaje necesario para identificar, denunciar y luchar contra la violencia sexista y el terrorismo de pareja que caracteriza a tantas relaciones patriarcales», dice la escritora en una entrevista con Efeminista.

El invencible verano de Liliana

Pregunta.- Ha pasado mucho tiempo desde el asesinato de su hermana, Liliana. ¿Ha tenido que pasar este tiempo para poder escribir sobre ello, y ya con un contexto en el que se habla abiertamente de feminicidios, de asesinatos de mujeres?

Respuesta.- Creo que uno nunca está preparado. No importa cuántos años hayan pasado, el golpe sigue siendo el mismo. Pero en tu pregunta hacías mención a la contextualización. Yo creo que eso es importante. Creo que, aunque falta mucho por hacer, la  discusión y la conversación sobre los derechos de la mujer,  la crítica a ciertas narrativas machistas que antes pasaban por naturales...,  creo que todo ello nos ha permitido ampliar  la gama de historias que podemos contar acerca de la violencia.

P.-  En el libro, con esa estructura que le ha dado, parece que el lector se siente muy cerca de la protagonista, está con ella, la está leyendo. ¿Cómo se planteó escribir un libro tan difícil?

R.- Yo creo que esa es precisamente la parte más difícil, la escritura del libro como tal. Hay una parte difícil, que es personal, que tiene que ver con las emociones, con las personales. Pero bueno, este es un libro, no un libro literario. El peligro más fuerte era dibujarla a ella nada más como una víctima pasiva que no hace más que recibir los golpes del mundo. O, lo que también es muy común, hacer una especie de pornoviolencia, volver a a detallar actos de violencia que terminan por violentar una vez más a la víctima de la violencia, que también es otro gran peligro al escribir.

Escribir sobre cualquier cosa es difícil, pero escribir sobre la violencia, especialmente dirigida a los cuerpos de las mujeres, presenta un montón de obstáculos.

Yo tuve la suerte de encontrar los documentos de mi hermana en varias cajas con sus pertenencias. Encontré el archivo que ella hizo de sí y creo que fueron esos documentos los que me dieron la forma del libro. Era importante que en este libro ella fuera la estrella, la protagonista. Finalmente le arrebataron todo, incluso la vida. Y aquí yo lo que quería era que su voz nos guiara para entender el mundo como ella lo había entendido.

Siempre he creído que algo a lo que nos ayudan los libros es a ponernos en los zapatos de otros, a ver el mundo desde la perspectiva de otros. Que también es una definición del amor. Es lo que creo que todos queremos cuando estamos enamorados, poder ver el mundo como lo ve la persona amada. Creo que, en este sentido, el poner ahí las palabras directas de Liliana, el citarla, el invocarla materialmente con su perspectiva, con su mirada, fue fundamental para este libro.

«Escribir este libro ha significado hacer redes con otros lectores»

P- ¿Qué ha supuesto este libro para usted?

R.- Creo que hasta he perdido peso. Ha sido el libro más difícil que he escrito. Pero también el que ha significado una liberación mayor. Simplemente el hecho de haber atravesado el ejercicio de hacerlo ya para mí es una ganancia. La respuesta ha sido tan rica, tan solidaria, tan generosa.

También me ha enseñado que los libros no sólo nos ayudan a articularnos por dentro, a rehacernos por dentro. Y aunque sé que hay muchas cosas que tenemos que tirar -que no estamos ni cerca de tirar al patriarcado, y hay miles de cosas por hacer-, escribir este libro, entre otras cosas, ha significado tender lazos y hacer redes con otros lectores, con los lectores generosos y solidarios y con la plática, con la misma conversación que se da a su alrededor. Yo creo que eso es importante.

P.- Y en México, ¿qué acogida ha tenido? ¿Qué se respira con este libro?

R.- Pues, mira, yo qué te puedo decir… Yo voy a decir que todo ha sido fabuloso. A lo mejor esa pregunta es para los lectores, pero lo que yo siento y que de verdad me ha sorprendido es la respuesta muy empática, muy solidaria, muy material también. Hay una cierta inmediatez en el libro que sientes que estás con Liliana, que sientes que es tu amiga, que le estás hablando directamente, y a lo mejor eso contribuye a esta sensación de que ya formamos una familia, formamos parte de algo más grande que nosotros mismos.

«En 1990 nadie habló del caso»

P.- ¿Qué ha cambiado a su juicio desde 1990 hasta hoy en México? 

R.-  Voy a decir varios ejemplos para esa respuesta. En 1990, cuando sucedió el feminicidio de mi hermana, nadie habló del caso. De alguna manera, el silencio nuestro por el dolor, la estupefacción generalizada, la interpretación de que en algo andaría, algo habría hecho ella, es algo que conduce a hablar de crimen pasional. Es exonerar al perpetrador y dejar la responsabilidad en los brazos de la chica, ¿no?

Ahora que ha salido el libro, muchos compañeros y compañeras de Liliana, de la secundaria, de la preparatoria y de la universidad, por supuesto personas con las que no pude entrar en contacto mientras hacía el libro, se han puesto en contacto conmigo para por fin poder llorarla.

En la interpretación y en el lenguaje del crimen pasional, pues siempre es la chica la que es la culpable: Pues algo habrá pasado ahí, algo le hizo, lo ha de haber provocado. Ese tipo de lenguaje maligno es macabro. Creo que, ahora, esos mismos personajes se leen la versión de Liliana y son capaces de entender  la historia desde un punto de vista completamente distinto, y de ahí surge la empatía, de ahí el surge: ¿Te ayudo?  ¿Qué podemos hacer por ti? Vamos a exigir justicia juntos.

Surge este cambio del yo al nosotros. Yo creo que ese es un cambio importante. Legalmente es muy importante que existan leyes que nombren este tipo de violencias. Me parece también importantísimo que en México, como en otros países, estemos discutiendo el uso de otros términos en nuestra vida laboral.

No son romances de oficina, es acoso laboral, hay hostigamiento. Es decir, tenemos ya una serie de conceptos que nos ayudan a navegar, a identificar el peligro y a prepararnos y a luchar contra eso. Yo creo que eso es importante.

Tenemos también organizaciones mucho más amplias de mujeres en el mundo. Lo vimos con la marea verde en Argentina, lo vemos con movilizaciones en España, no se diga con marchas de jóvenes en México. Hay una atención despierta, vital, energética, y hay una conversación urgente que las feministas no han dejado ir, que han insistido una y otra vez. Esta es la conversación de nuestros tiempos. Sin esta conversación no vamos a llegar al futuro.

Portada del libro «El invencible verano de Liliana».

Cristina Rivera Garza y el feminismo

P.- ¿Qué piensa Cristina Rivera Garza del movimiento feminista?  ¿Y del feminismo en América Latina?

R.- Para empezar no creo que haya un movimiento feminista. Creo que tendríamos que hablar en sentido estricto de los feminismos. Y hay discusiones que a mí me parecen también muy importantes. Hay disenso, que también me parece muy importante. A mí me interesa mucho el feminismo interseccional, al que no se le olvidan diferencias de clase, raza, por ejemplo. Y me parece, lo decía hace rato y lo digo muy sinceramente, que es el pensamiento más lúcido que tenemos para enfrentarnos al futuro.

El feminismo no solo es acerca de los seres humanos, es acerca de todos estos elementos no humanos con los que convivimos. Es acerca de una ética de estar sobre la tierra. Entonces, como pensamiento, me parece el más lúcido, los más lúcidos como disensos me parecen los más importantes de los que hay que ponerles atención. Y como movilización en general, yo creo que estamos viendo las grandes ganancias, los grandes logros que se han dado en Argentina recientemente.  Esta tensión constante de no cejar, de poner el dedo en la llaga e insistir e insistir.

Por eso el libro «El invencible verano de Liliana» para mí es activista. Es un libro que en ese sentido es muy claro. No sé si es el lenguaje de los feminismos contemporáneos lo que me ha permitido a mí escribir este trabajo, este libro. Me gustaría pensar que también está contribuyendo y que está dando pa’lante también, que se trata de platicar juntas, de reunirnos.

«Estamos viendo una guerra desatada contra las mujeres»

P.- ¿Qué está pasando en México?

R.-  Bueno, yo creo que no hay que limitarlo a México, no sé. Yo creo que estamos viendo una guerra desatada contra las mujeres en el mundo. Hay libros y hay documentales y lo vemos en las noticias. Ciertamente en México, según las estadísticas, cada día diez familias amanecen con el corazón destrozado porque han perdido a una mujer en manos de la violencia, pero no me gustaría especializar.

Yo creo que lo vemos a lo largo y ancho de América Latina. En Estados Unidos hay muchísimos feminicidios, pero no se usa la palabra feminicidio. Creo que es algo que yo lo veo en mi práctica como académica en la universidad. Me parece que es un fenómeno mucho más global y que está muy relacionado con economías extractivas, las que se sostienen a través de la explotación, específicamente de cuerpos que quedan abajo en la jerarquía de poder.  Y eso les pasa a las mujeres con su trabajo doméstico invisibilizado, con trabajos que siempre son más explotados en la plaza pública. Entonces creo que es esa cuestión estructural lo que ha desatado, lo que nos tiene en vilo con esta guerra contra las mujeres.

P.- El titulo, «El invencible verano de Liliana Garza», es muy esperanzador…

R.- Eso me importaba mucho del libro. Hay mucha tristeza, es cierto. Hay una rabia muy grande contra la impunidad que se vive en México y en el mundo. Los feminicidios existen porque hay impunidad, pero a la vez, quería que este libro fuera sobre Liliana y desde su punto de vista, y yo creo que ella siempre se vio como una agente dinámica de su historia. Siempre estuvo buscando soluciones alternativas, maneras distintas de hacer las cosas. Y eso es un carácter. Es un carácter sólido, fuerte, aventurero e luminoso. Me importaba mucho que esto estuviera en el libro.

También decir que está la tristeza, hasta la rabia, hasta el enojo. Pero también está ese punto de vista que viene de ella directamente de sus papeles y que yo tenía que respetar. Y yo creo que ahí esté esa frase que ella repitió tantas veces para consolar amigos, para consolarse a sí misma. Lo que nos dice es que todos pasamos por momentos difíciles, todos tenemos inviernos, pero tenemos que siempre estar pensando en este verano que llevamos dentro y que ciertamente es invencible y lo hacemos invencible con otros.