Cristina Araújo disecciona el «larguísimo camino» que recorren las víctimas tras una violación

Cristina Bazán | Guayaquil - 28 noviembre, 2022

Después de sufrir una violación, las sobrevivientes recorren un «larguísimo camino» cuesta arriba del que poco se habla y en el que además de la salud física y psicológica hay situaciones mucho más «profundas» que les pueden afectar, así lo asegura la escritora Cristina Araújo Gámir, quien ha decidido explorar en detalle ese recorrido en su ópera prima «Mira a esa chica».

Ganadora del Premio Tusquets de Novela 2022, «Mira a esa chica» cuenta la historia de Miriam, una joven que es violada por un grupo de hombres en el portal de un edificio después de salir de una fiesta y que tras el crimen se enfrenta a los constantes cuestionamientos de la sociedad, de sus amigos, de los medios de comunicación y los suyos propios al transitar por experiencias desconocidas de la mano del miedo y del desconcierto que, a decir de la autora, deberían abordarse más.

«Todo nació después de que leí un artículo sobre las pruebas por las que tenía que pasar una chica luego de ir a urgencias inmediatamente después de una violación y me llamó muchísimo la atención porque nunca me había planteado el después. Cuando oyes las noticias de estas cosas tan violentas te quedas con el momento, con toda la agresividad, pero no con el larguísimo camino que tienen que seguir después todas las personas que pasan por una tragedia», explica Araújo (Madrid, 1980) en una entrevista con Efeminista. 

Ese artículo que la inspiró para escribir esta historia -cuenta- hablaba de los tratamientos de enfermedades que debe seguir la víctima inmediatamente después de sufrir violencia sexual.

«En la que más me fijé fue en la de la infección del VIH porque era la que más tiempo se tardaba en descartar, hasta un año después no se podía y tenías que estar tomando la medicación durante bastante tiempo. Las otras duraban menos en cuanto a la sanación, como la gonorrea, la sífilis, la hepatitis», explica la autora.

«Todas estas se trataban en el momento con antibióticos o con vacunas, pero con la del VIH era un camino más largo. Entonces ahí me di cuenta que no es solo la salud psicológica la que está en juego y ni siquiera la física, en el sentido de algo tangible como pueden ser las heridas, sino que hay cosas mucho más profundas que te pueden afectar. Todo eso me dio muchísimo que pensar», agrega.

Entre esas otras situaciones que afrontan las víctimas están, por ejemplo, la mediatización de los casos y las críticas machistas. «Que la gente hable del tema a tu lado aunque que no sepan que eres tú, que todo el mundo opine en la televisión, en el portal de tu casa, en todas partes. Si se lo ocultas a tu familia, si te vas y dices que vas a otro sitio cuando a lo mejor vas a una revisión médica, cómo te planteas volver a salir a la calle, encontrarte con la gente», sostiene.

«Mira a esa chica», de Cristina Araújo Gámir

Para narrar la historia, que evoca al caso de «La manada» pero que incluye también situaciones de otros juicios por violación, la autora disecciona la vida y los pensamientos más íntimos de Miriam y de su entorno cercano, lo que provoca que los lectores se sientan parte del relato y hasta se identifiquen en algunas situaciones.

«Quería hacer un cuadro muy completo de ella como personaje principal y lo que pasa por su cabeza. Me parecía muy enriquecedor si estaban muchos puntos de vista. He intentado ser muy sincera. Hay veces que tengo pensamientos que me pasan por la cabeza, como a todo el mundo supongo, que digo: «Madre mía, ¿cómo puedo pensar esto?», y sobre todo (me pasaba) cuando era adolescente», explica Araújo.

Agrega que los personajes están en una edad «emocionalmente muy inestable» en la que quieren encajar y que no tienen los recursos o el valor para hacerle frente a pensamientos o comportamientos que no son los más apropiados, aunque puedan detectarlo.

«Quiero que cuando la gente que lea el libro tenga estos pensamientos que tienen los personajes digan: «Bueno, mira, yo también alguna vez he pensado así», o «Bueno, igual no lo había verbalizado de esta manera». Eso lo que siempre voy a intentar cuando escriba», destaca.

Esa inmersión en la cabeza de los personajes también fue destacada por el jurado del Premio Tusquets como la también escritora Sara Mesa, quien catalogó la novela como «de una gran hondura psicológica, precisa, excelentemente construida. Disecciona con fina inteligencia los entresijos del pensamiento patriarcal, al que se atreve a mirar de frente en toda su complejidad».

«Antes de juzgar, mira a esa chica; ponte en su lugar y luego en el lugar de quienes miran», señaló Antonio Orejudo.

Portada del libro «Mira a esa chica», de Cristina Araújo Gámir. Cortesía de Tusquets.

«Hay que fomentar la empatía»

La autora cuenta que, durante la lectura que hizo de varios juicios antes de escribir la historia, encontró muchas situaciones que provocan que las víctimas se cuestionen constantemente si seguir ese camino ha sido lo correcto. La culpa influye desde el primer momento.

«En uno de los capítulos, en urgencias le preguntan a la protagonista si quiere que le den ropa y ella se queda pensando y con el dilema si debió haber ido o no. Eso me impactó mucho porque el hecho de que haya chicas que vayan y que les ofrezcan eso también les hace plantearse que si la ofrecen es que igual debería haber sido la cosa mucho más violenta. Porque a muchas a lo mejor lo que les pasa ha sido en su propia casa, a lo mejor ni siquiera ha sido en plan arrancar cosas ni nada ni heridas ni nada. Continuamente están plantando cara a situaciones que les hacen dudar», relata.

Muchas otras, dice, incluso tienen conflictos con que las llamen supervivientes, pues no se reconocen así y les hace sentir que para estar ahí debieron haber estado «al borde de morir».

Araújo Gámir asegura que con «Mira a esa chica» no tiene ninguna intención de instruir ni de señalar nada, «es simplemente una exposición de situaciones en las que se ve expuesta a una chica que pasa por esto». Sin embargo, sí le gustaría crear empatía con jóvenes de esa edad. 

La misma empatía que, asegura, se debe inculcar desde la casa para prevenir estas situaciones. «Por ahí empieza todo. El acoso puede acabar siendo sexual, pero siempre va a empezar siendo de otro tipo porque si una persona hace eso de mayor creo que de pequeño también ha sido víctima de algo o ha tenido esa imagen en la que fijarse para imitarla».

«Yo creo el colegio puede hacer algo, pero cuando llegas ahí tienes que estar un poco formado en eso por tu familia. Creo que es muy importante la educación en casa», enfatiza.