Solteras lesbianas madres Chile

El alto costo de tratamientos como la inseminación intrauterina o la fecundación in vitro impiden a mujeres solteras y parejas de lesbianas de Chile cumplir su sueño de ser madres. EFE/ Antonio Lacerda

Las barreras de solteras y lesbianas para ser madres en Chile

Cristina Bazán | Guayaquil - 23 enero, 2023

El alto costo de los tratamientos de reproducción asistida (TRA) como la inseminación intrauterina o la fecundación in vitro y la falta de cobertura de estos servicios en el sistema de salud público impiden a mujeres solteras y parejas de lesbianas de Chile cumplir su sueño de ser madres.

Aunque el problema se extiende a otros países de América Latina, las chilenas veían en el texto de la Constitución rechazada el pasado 4 de septiembre una oportunidad para «beneficiarse del progreso científico para ejercer de manera libre, autónoma y no discriminatoria sus derechos sexuales y reproductivos». Ahora tendrán que esperar más tiempo.

Y es que actualmente las mujeres solteras y parejas homosexuales solo pueden acceder a estos tratamientos por medio de clínicas privadas, pues el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) los financia solo para parejas heterosexuales con diagnóstico de infertilidad y con intentos limitados. Los programas tampoco contemplan la donación de gametos o embriones.

«Socialmente Chile es un país bien distinto con respecto a derechos sexuales y reproductivos (reconocidos) en los últimos cinco o diez años, con la aprobación de la ley de identidad de género, el acuerdo civil, ahora con el matrimonio igualitario. Sin embargo, estas políticas no van amarradas a las políticas de salud», explica a Efeminista el doctor Cristián Jesam, especialista en medicina reproductiva e infertilidad en Chile.

Solteras y lesbianas enfrentan barreras para ser madres

Según Jesam, en el país sudamericano se hacen aproximadamente unos 6.000 ciclos de fertilización in vitro al año y «solo 200 cupos son para el sistema de Fonasa. Todo el resto lo hacemos en clínicas privadas. En el sistema público el acceso es súper escaso».

«La legislación avanza, pero no se ha modificado el convenio marco que tiene Fonasa, que es como el sistema de salud público, con el Ministerio de Salud. Por lo tanto, las mujeres solas o las mujeres lesbianas consultan a clínicas de reproducción asistida privadas para acceder a esto», agrega.

Los precios varían de acuerdo al tipo de técnica (de baja o alta complejidad), de las veces que se realice y de la cantidad de muestras de esperma o incluso de óvulos donados que necesite la mujer, ya que las probabilidades de un embarazo en un primer intento son bajas, por lo que los tratamientos suelen pasar de los 3.000 dólares.

«Lo más probable es que tú puedas gastarte fácilmente unos 30.000 o 40.000 dólares en esto. Entonces evidentemente el acceso es muy restringido a personas que pueden pagar», cuenta a Efeminista Javiera Navarro, directora del Magíster de Clínica Relacional con niños, niñas y adolescentes de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile, quien también tuvo a su hija por medio de un tratamiento de reproducción asistida.

Navarro, quien también realiza una investigación doctoral sobre los relatos de orígenes en familias que han usado la dono concepción, ve como un avance que las clínicas privadas acepten cada vez más a mujeres solteras u homosexuales, pues cuando ella quiso quedar embarazada, en 2012, le costó mucho encontrar una clínica que aceptara hacerle el tratamiento.

«Yo fui a una clínica muy importante en Chile. Fui a ver a un doctor de fertilidad y me dijo que esa clínica no aceptaba a una mujer sola, que yo podía llevar a alguien que se hiciera pasar por mi pareja, pero a mí sola no me podían hacer el tratamiento», recuerda.

Acceder a un banco de esperma también es un problema en Chile. La gran mayoría de las muestras se importan de Estados Unidos o de España, y otras mujeres, según Navarro, prefieren viajar a Argentina o Perú para realizarse tratamientos «con precios más asequibles». Esto impide, agrega, conocer la real magnitud del fenómeno en el país.

Más familias diversas se interesan por el tratamiento

Según la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida (Redlara), en el año 2018, los bebés nacidos de TRA representaron un 0,62% del total de nacimientos en Chile. De estos, un 30,6% fue resultado de la transferencia de embriones congelados y descongelados, y un 20,4% corresponden a bebés nacidos de mujeres que se embarazaron con óvulos donados.

Sin embargo, y aunque algunas organizaciones LGBTIQ+ han realizado encuestas en las que otorgan algunos datos sobre maternidad, no hay cifras oficiales que permitan conocer la dimensión real de mujeres solas o parejas de lesbianas que acceden a estos tratamientos.

Según cálculos que ha hecho la propia Navarro con base en cifras de la Redlara, en Chile alrededor de 5.000 niños han nacido en los últimos 10 años a través de donantes. De ese número, un 20 % pertenecen a diversidades familiares, es decir, a mujeres solteras o a parejas homoparentales.

El doctor Cristián Jesam, por su parte, asegura que en la clínica privada en la que trabaja se ha registrado un aumento de estas pacientes en los 5 años que tiene de funcionamiento. «Cada día es mucho más frecuente que vengan parejas de mujeres o mujeres solas a embarazarse. Y en general, son mujeres que tienen más de 35 años las que están consultando. También porque la mujer ha decidido posponer la maternidad por distintas causas como laborales, profesionales o personales», cuenta.

Las barreras sociales y el movimiento feminista

El estigma que todavía pesa sobre las familias diversas en Chile, donde recién en diciembre de 2021 se aprobó el matrimonio igualitario, y la poca importancia que se le da a estos tratamientos a nivel político también representa una barrera.

Javiera Navarro afirma que la diversidad familiar es algo que «recién está siendo reconocido» y que «esto sigue siendo cuestiones muy de élite», pues aunque ha habido algunos intentos en el Congreso de legislar los tratamientos, «no se le da prioridad suficiente».

«Hay grupos en donde es súper abierto y en donde está muy bien que tú tengas una pareja mujer, pero en otros todavía existe muchísimo estigma, con mucha discriminación hacia la homosexualidad, mucha discriminación a ser madre sola», explica.

Esto sumando, asegura, a una poca implicación del movimiento feminista en este tema. «La discusión feminista de los derechos reproductivos ha estado centrada en la libertad de las mujeres para decidir sus embarazos y la maternidad ha sido siempre vista como algo no tan feminista. Reconocer el deseo de ser madre y de querer tener muchos hijos tiene casi como una prensa patriarcal. Entonces los movimientos feministas no le han puesto atención a esto, más bien les importa el derecho de las mujeres a no ser mamás si no quieren serlo, pero no a que las mujeres quieran ser mamás».

Alondra Carrillo, vocera constituyente feminista e integrante de la organización «Coordinadora Feminista 8M», admite que este tema no se ha discutido en el interior del movimiento chileno. Aunque también cree que la Constitución rechazada podía abrir la puerta no solo a legislar la reproducción asistida sino también «lo que tiene que ver con las terapias hormonales o cualquier otra mediación técnica para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos que pueda estar protegida y amparada por el Estado».

El doctor Jesam quiere ser positivo y pensar que como «este Gobierno, el Ministerio de Salud y el Ministerio de la Mujer, ha hecho mucho énfasis en proteger los derechos sexuales y reproductivos de las personas en general y de la mujer» va a existir un avance. «Y que esto se va a traducir en un cambio en la forma en que las mujeres acceden al sistema público». 

«No sé qué es lo que está en el fondo, qué es lo que falta para eso», piensa al recordar que debido a la pandemia el sistema público chileno también dejó de hacer inseminaciones artificiales a parejas heterosexuales. «El covid dejó estragos en la salud y me imagino que se están poniendo los fondos en otros en otros focos y como nadie se muere por ser infertil…»

«Quiero ser optimista y que cada día la gente va a tener más acceso a las técnicas de reproducción asistida», concluye.