Aurora Luque da voz en «Gavieras» a las castigadas por buscar su libertad

Laura de Grado Alonso | Madrid - 1 septiembre, 2020

La poeta griega Safo, la diosa Anfitrite, la peregrina Poimenia, el mito de Las Danaides, la escritora Santa Teresa de Ávila, Eleonora Fonseca Pimentel, la primera mujer que dirigió un periódico en Europa, o Marisol son algunas de las «gavieras» que caminan por las páginas del poemario «Gavieras» de la poeta y traductora Aurora Luque. Mujeres que decidieron «no servir al sistema, no ir por el camino preestablecido», y por ello fueron «castigadas con el olvido o con castigos reales”. 

El título del libro, ganador del XXXII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe en 2019, uno de los más importantes de este género, es un tributo a la editora Ana Santos Payán, fundadora de la editorial El Gaviero y a quien le debemos que la RAE incluyera la palabra «gaviera»como femenino de <<gaviero>> –marinero que vigila la gavia-, según explica a Efeminista Luque (Almería, 1962).  

Además, para la autora, <<gaviera>> va mucho más allá y representa a toda «mujer que atiende el horizonte, que esta pendiente y atenta, una mujer que no esta recluida ya en su habitación propia, sino que aspira a mirar todo el horizonte«, según ha ilustrado. 

Castigadas por ser libres

Los versos de «Gavieras», libro publicado por Visor , son un recorrido por mujeres históricas y mitológicas que la han ido interpelando en momentos de su vida y con las que establece un diálogo acerca de la libertad, la existencia y la construcción de identidad.

«Mujeres que deciden no servir al sistema, no ir por el camino prestablecido, y generalmente son castigadas o con el olvido o con castigos reales”,  aclara la autora.

Castigos como el que le impusieron al personaje mitológico de Medusa, inconfundible por su cabello de serpientes. Medusa fue violada por Poseidón y como consecuencia de ello, la diosa Atenea, que lo tomó como una ofensa, la castigó a ella transformando su pelo en serpientes y condenándola a convertir en piedra a todo aquel que la mirara.

Así, la poeta, muy interesada en el mundo clásico, hace una relectura de los mitos griegos, rompe con el rol de «diosa» o «madre» de algunas figuras mitológicas e investiga, a través de la prosa, «qué hizo que el relato construyera a los personajes femeninos del mito tan pasivos».

Para ello además, se sirve de la simbología que da el mar, que fue una vía de libertad para la escritora, periodista y embajadora Isabel Oyarzabal, exiliada en México «que para poder vivir libremente cruzó el océano». O una vía de conocimiento para la peregrina del siglo IV Poimenia quien empeñó toda su riqueza en barcos y se lanzó a recorrer miles de kilómetros para que «un hermitaño» la curase de una enfermedad que padecía. 

Defender la libertad

Junto a esta compilación de figuras femeninas, las páginas de «Gavieras» emanan libertad. Una libertad «reciclada y reformulada» que sigue siendo, para la autora, «una reivindicación de nuestros días».

«La libertad no es un logro antiguo pasado de moda, ni que haya que olvidar. Sino que está mas claro que nunca que hay que defenderla como en el siglo XVIII porque siguen presentes los mismos peligros de limitación y de violencia para quienes piden o reclaman esa libertad», aclara Luque. 

Para ella, además, son las mujeres quienes tienen mayores ansias de libertad por la «presión patriarcal«,   añade la autora, que este año ha editado y traducido «Grecorromanas: Lírica superviviente» (Austral) y «Poemas y testimonios» de Safo (Acantilado) y ha traducido «Si no, el invierno» de Anne Carson (Vaso Roto).

El feminismo, una revolución viva

En ese sentido, ha alertado del peligro que alberga la creciente hostilidad hacia la presencia de las mujeres en todos los ámbitos, precisamente, explica, «porque ya es real y rotunda y protegida políticamente». Por eso y porque «el feminismo es una revolución viva y en marcha» y eso, aclara, «molesta».

Raquel Vázquez, poeta hacia una identidad propia

En la misma línea se ha expresado la joven poeta Raquel Vázquez (Lugo, 1990), galardonada por el XXXII Premio Loewe a la Creación Joven en esta última edición por su poemario «Aunque los mapas», que reconoce el largo camino que queda por recorrer contra el «machismo estructural» pero, a la vez, se muestra esperanzada por recuperar «ese espacio arrebatado históricamente».  

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Raquel Vázquez (Lugo, 1990), galardonada por el XXXII Premio Loewe a la Creación Joven. Foto cedida por Fundación Loewe

A Vazquez, que lo que más apasiona de la poesía es la exploración y la indigación, en «Aunque los mapas» le interesaba apelar al lector para que cuestione sus caminos y pueda «construir una vida propia y un lugar propio».

«Quería reivindicar esa idea de hacer propio nuestro espacio, de que a veces hay mapas ya trazados pero que cada uno tenemos que construir nuestros propios mapas», ha explicado la poeta, que entiende su poemario como «un viaje hacia una identidad propia».

Una aventura que parte del desierto, de la sequía y de no encontrarse a sí misma, para terminar con la nieve, cimentando una vida propia y con lo cual, produciendo agua.