Apartheid Género Mujeres Afganas

Mujeres afganas caminan por una carretera en Kandahar, Afganistán, 28 de enero de 2026. EFE/EPA/QUDRATULLAH RAZWAN

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Afganas exiliadas en España alertan de la "normalización" internacional del apartheid de género en Afganistán

Gema Mañogil | Madrid - 3 febrero, 2026

Mujeres afganas exiliadas en España y activistas por los derechos humanos han alzado la voz de forma colectiva para denunciar que la comunidad internacional está normalizando el "apartheid de género" impuesto por el régimen talibán en Afganistán desde 2021, situación ante la que exigen estrategias políticas y jurídicas reales que devuelvan la dignidad y los derechos a millones de niñas y mujeres atrapadas en un sistema que ha institucionalizado la misoginia.

Estas son algunas de las conclusiones de la mesa redonda que, con el título La lucha de las mujeres afganas contra el apartheid de género: una responsabilidad colectiva, ha organizado Casa Asia (Madrid) y en la que han participado las activistas Natasha Arnpriester, Batol Gholami, Khadija Amin y Alessia Schiavon.

El objetivo del evento ha sido volver a poner el foco en esta lucha y servir de "altavoz" para que sean ellas quienes lideren la reivindicación desde este espacio, impidiendo que el conflicto caiga en el olvido mediático, según ha explicado a Efeminista el director general de la institución, José Pintor.

Las activistas han denunciado que este sistema borra a las mujeres de la vida pública y las condena a la vida doméstica, la violencia y al olvido: "Para mí es uno de los mayores problemas de derechos humanos de nuestro tiempo y del momento, y dado todo lo que está sucediendo en el mundo, siento que se ha normalizado", ha señalado en una conversación con Efeminista la Senior Legal Counsel de Open Society Foundations, Natasha Arnpriester.

La vicepresidenta de People Help y miembro de Raise Against Gender Apartheid in Afghanistan (Ragaa), Silvia Sala, ha apelado durante la jornada al deber de la sociedad civil organizada de posicionarse con claridad en un contexto global marcado por, dice, la "polarización y la indiferencia".

Sala ha insistido en la necesidad urgente de tejer una "alianza estratégica y decidida entre organizaciones" que permita lograr una incidencia real y conseguir avances tanto jurídicos como políticos.

El duelo por la justicia y la educación robada

La prohibición de la educación secundaria y universitaria ha sido uno de los ejes centrales del encuentro en el que la jueza de la Corte Suprema en Afganistán antes del regreso de los talibanes, Fariba Quraishi, ha compartido su impotencia al hablar de sus sobrinas, que continúan en Afganistán, y de las miles de niñas que ven pasar los días sin futuro.

Visiblemente emocionada, Quraishim, que ha dicho inclinar su cabeza "ante la resiliencia de estas jóvenes", ha recordado que el tiempo pasa, y se ha preguntado: ¿Qué puede compensar el tiempo de las niñas privadas de educación?".

Durante la mesa se ha expresado que la pérdida del acceso a las aulas y al mercado laboral supone el cierre de las únicas vías hacia la libertad y la independencia económica para las mujeres, lo que supone eliminar los escudos más efectivos contra la violencia sexual, los matrimonios forzados y los embarazos no deseados. 

Una realidad que ha confirmado desde el público asistente Zahra Hussaini, una joven que llegó a España el pasado diciembre, y que ha alertado sobre el riesgo al que se enfrentan las que han conseguido salir del país: “Sabemos que no pueden volver a Afganistán, si vuelven las matan”. 

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Fotografía de Zahra Hussaini, joven afgana que llegó a España en diciembre de 2025, durante su participación en la Casa Asia (28/01/2026). EFE/Gema Mañogil

Hussaini ha mostrado su preocupación por el aumento de los suicidios y los matrimonios no deseados dentro de las fronteras, las únicas salidas, ha dicho,  que el régimen ha dejado a las mujeres a las que se “les ha prohibido estudiar, trabajar y vivir”.

Ante este bloqueo, la educación online clandestina emerge como una de las pocas grietas de esperanza en el muro de prohibiciones, aunque no exenta de barreras, entre ellas, la imposibilidad de trasladar al entorno virtual la formación práctica en disciplinas esenciales, como la Medicina, que exigen una presencialidad que las pantallas no pueden suplir. Un desafío pedagógico al que se añade, además, una profunda desigualdad de acceso.

Brecha digital y resistencia online

En la jornada se ha destacado que no es lo mismo vivir en un entorno rural que en uno urbano, y muchas familias carecen de acceso a internet o no pueden costear los dispositivos necesarios, lo que genera una nueva desigualdad. A pesar de ello, activistas como la fundadora y CEO de la Asamblea de Jóvenes Líderes de Afganistán (AYLA) y miembro de la junta directiva de la Asociación de Mujeres Afganas en España (AMAE), Batol Gholami, utilizan su formación informática para apoyar a las niñas a través de la enseñanza en línea, convirtiendo la tecnología en una herramienta de supervivencia intelectual.

Es una resistencia que el régimen conoce pero no logra sofocar: "Los talibanes saben que hay clases en línea porque todos los días publicamos y hablamos sobre ello, pero no saben quién y cuándo va a participar", ha explicado Gholami, quien ha subrayado que para garantizar su seguridad no se publican fotos ni la identidad de las participantes en redes sociales.

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Fotografía de la activista afgana Batol Gholami durante su participación en la Casa Asia (28/01/2026). EFE/Gema Mañogil

Para la periodista afgana, presidenta de la Asociación Esperanza De Libertad y miembro de la directiva de Netwomening, Khadija Amin, esta oportunidad digital marca la diferencia respecto al primer mandato fundamentalista, cuando ella asistía a "clases clandestinas presenciales" bajo un peligro extremo. 

"Ahora con internet es más fácil, no pueden controlarlo todo", ha reconocido Amin, aunque ha advertido de la fragilidad de esta vía ante el poder absoluto de los talibanes sobre las infraestructuras: "Lo que hacen a veces es cortar internet; si no tenemos conexión, no podemos comunicarnos con quienes están dentro de Afganistán".

Para Amin, esta obsesión por el control responde a una certeza del régimen: "Los talibanes nos tienen miedo, por eso no nos permiten estudiar, saben que las mujeres afganas somos luchadoras".

Urge apoyo generalizado de los hombres

El debate sobre la responsabilidad masculina también ha estado presente durante el acto en el que la ingeniera civil y exfuncionaria de la ONU, Sunita Nasir, ha señalado que existen hombres que apoyan a sus hijas y parejas en la clandestinidad de sus hogares y en la vida pública. 

Un apoyo que a menudo pagan con su libertad e integridad: "Hay muchos hombres que están encarcelados", ha asegurado Nasir, y ha detallando que "los torturan sexualmente, los matan delante de otros hombres". También ha recordado a los "profesores afganos que han dejado de dar clase en la universidad" como acto de protesta por la expulsión de sus alumnas.

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Fotografía de la exfuncionaria afgana de la ONU Sunita Nasir durante su participación en la Casa Asia (28/01/2026). EFE/Gema Mañogil

Sin embargo, Amin, sostiene que este apoyo es insuficiente. "Las niñas que estudian tienen apoyo" en sus familias, también de los hombres de su entorno, para conectarse a sus clases, ha concedido Amin, pero ha recordado que "ellos no han perdido nada".

Amin ha señalado que muchos hombres callan por miedo a las represalias para sus familias o por conformidad y ha denunciado que esta segregación tiene consecuencias mortales: tras los últimos terremotos, “los rescatistas que llegaron ayudaban a los hombres”, ya que los médicos no pueden atender a las mujeres debido a las leyes de segregación, dejándolas morir por falta de asistencia sanitaria femenina.

El rol de la comunidad internacional

Para las juristas, la definición de lo que ocurre en Afganistán es clara. "No es un conjunto de violaciones aisladas. Es un sistema coherente de dominación y exclusión impuesto por la ley, independientemente de si lo consideramos legítimo o no", ha explicado Arnpriester en su discurso inaugural titulado Responsabilidad colectiva para el futuro de la justicia de género en Afganistán.

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Fotografía de Senior Legal Counsel de Open Society Foundations Natasha Arnpriester durante su participación en la Casa Asia (28/01/2026). EFE/Gema Mañogil

Arnpriester ha destacado que han sido las propias mujeres afganas quienes, durante casi cinco años, han "documentado, testificado y elaborado estrategias" mientras la atención mundial se desviaba. Un liderazgo que, a su juicio, ha "transformado la trayectoria del derecho internacional" al forzar el debate sobre la tipificación del crimen.

En este sentido, la directora de Fibgar y coordinadora de Ragaa, Alessia Schiavon, ha detallado que la comunidad internacional se encuentra ante una ventana de acción crítica: la negociación del borrador de los artículos sobre prevención y castigo de crímenes de lesa humanidad en Naciones Unidas. "Tenemos una oportunidad única en la vida", ha asegurado Schiavon.

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Fotografía de la directora de Fibgar Alessia Schiavon durante su participación en la Casa Asia (28/01/2026). EFE/Gema Mañogil

Actualmente, los Estados debaten en un comité preparatorio donde la sociedad civil está "empujando" para que se escuche su voz y se inserte la perspectiva de género en el texto. El objetivo es lograr la inclusión explícita del "apartheid de género", un "hito novedoso" en el derecho penal internacional, antes de que finalice el plazo de mejora del texto a finales de abril.

"El apoyo fundamental de España"

Esta labor requiere también de apoyo institucional y la embajadora de Política Exterior Feminista del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Ana Alonso, ha coincidido durante su intervención en que la defensa de los derechos de las afganas es una responsabilidad compartida que interpela directamente a las instituciones.

Una implicación que la propia Amin ha querido reconocer, asegurando que "el apoyo que tenemos desde España es fundamental, no lo tenemos en otros países" y ha recordado: "Seguiremos luchando por nuestros derechos, pero no podemos hacerlo solas". Su objetivo es trabajar "desde fuera" para obligar a que la comunidad internacional "preste atención" y fuerce un cambio real en la situación.

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Fotografía de la periodista afgana Khadija Amin durante su participación en la Casa Asia (28/01/2026). EFE/Gema Mañogil

Gholami ha argumentado a Efeminista que la pantalla no puede ser la única respuesta ante la prohibición de los talibanes y reclama "más becas" en España para que las estudiantes puedan salir del país y cursar sus estudios "oficialmente y de forma presencial". Una demanda que a menudo choca con el silencio administrativo: la activista ha lamentado que, tras recibir promesas de acogida en instituciones educativas, al intentar concretarlas posteriormente "no hay respuesta". "Necesitamos un acto colectivo", ha sentenciado, exigiendo compromisos reales más allá de los eventos públicos.

Versos como trinchera ante la barbarie

Frente a la prohibición de la voz, la poesía se ha reivindicado como una herramienta de transformación en la jornada moderada por la coordinadora de Política, Sociedad y Programas Educativos de Casa Asia, Yasmin Paricio

Paricio ha recuperado los versos de la poeta víctima de feminicidio en 2005, de acuerdo con la condena de la ONU, Nadia Anjuman: "No soy como ese frágil sauce que se estremece a la mínima brisa,/ soy una mujer afgana y justo es que no ceje mi lamento".

"Los labios huyen de estar en silencio,/ el cuerpo huye de vestir penas./ ¡Ven, abramos los labios, rompamos el silencio!", se ha recitado en la sala como un mandato impostergable a no ser cómplices de la barbarie.

Un llamamiento final que trasciende los muros de Casa Asia: la lucha contra el "apartheid de género" no se detiene en la denuncia. Exige, como han reclamado unánimemente las ponentes, que la comunidad internacional asuma su parte de responsabilidad para que la resistencia de las mujeres afganas deje de ser un acto heroico de supervivencia y se convierta en una prioridad política global.