Aintzne Gorria lucha libre mujeres

Aintzne Gorria es una luchadora dentro del tapiz pero también en su vida diaria, que asegura ha dado un "giro de 180 grados" en tan solo un año después de tener que ausentarse del deporte durante meses por sufrir bulimia, pero ahora asegura sentirse una persona "distinta".EFE/Jesús Diges

Aintzane Gorria: la lucha libre también es un deporte de mujeres

Raúl Bobé | EFE Pamplona - 24 abril, 2020

Su vida ha dado un «giro de 180 grados» en tan solo un año y, ahora,  Aintzane Gorria, asegura sentirse una persona «distinta». La lucha libre llegó a su vida casi por casualidad, porque, según cuenta a Efe, en la ikastola se le metió en la cabeza «hacer judo».

Su entrenador la fue iniciando en la práctica de este deporte en el Club de Lucha Burlada, pero ella sabía desde el principio que tenía las «cualidades necesarias» para la lucha. Y no se equivocaba.

Las batallas más importantes de su vida no solo se limitan al tapiz, también las lidió fuera tras ausentarse del deporte durante meses por sufrir bulimia.

Ahora, compagina sus estudios de INEF con los campeonatos que disputa por toda Europa. Una aventura que se vio interrumpida en el preolímpico de Budapest, ciudad donde se encontraba cuando empezó el confinamiento.

Cancelado el preolímpico de Budapest

«Nosotras estábamos en Hungría y nos iba llegando más información» cada día, explica la luchadora navarra, que añade que cancelaron el campeonato y su propio vuelo antes de volver y, además, la habían «echado» de la residencia de deportistas, al desalojar todo el edificio «de sopetón».

Un caso positivo en judo les obligó a cerrar, en primer lugar, el módulo en el que reside habitualmente Gorria y, al día siguiente, todo el complejo, por lo que nada más llegar a Madrid tuvo que ir directa allí.

«Fui corriendo a la residencia, cogí todas las cosas deprisa, no sabía lo que cogía, lo que no, ni para cuánto tiempo, y me fui a casa a las dos de la mañana«, recuerda Gorria.

Alternativas durante el confinamiento

Ahora desde su casa de Burlada intenta seguir una rutina para «perder lo mínimo posible todo lo que hemos trabajado hasta ahora», porque su deporte no se puede entrenar «en un espacio tan reducido y sin gente», y aprovecha para ser la «personal trainer» de sus amigas a través de videoconferencias.

Sin embargo, su objetivo está mucho más lejos de su hogar, concretamente en Tokio, donde se celebrarán los Juegos Olímpicos el próximo año 2021 tras su posposición, algo que asegura que ha sido un «alivio» porque le «faltaba rodaje» después de estar un año fuera de la competición.

Contra la desinformación de la lucha libre

Además, se muestra indignada por la desinformación que hay sobre el mundo de la lucha libre, que es asociada en muchas ocasiones al «Smackdown» que, en palabras de Gorria, es todo «teatro» y señala como culpables a algunos profesionales del deporte, empezando por la forma de impartir Educación Física.

«No tiene que ser tanto un pasatiempo, sino una asignatura más», explica Gorria, y añade que debería conocerse por qué es importante el deporte, los beneficios que tiene y «abrir la mente de la gente» para romper muchos de los estereotipos que existen.

«Me sigue sorprendiendo la reacción de la gente cuando le digo que hago lucha», admite.

Un deporte también de mujeres

Gorria tiene claro que «no tiene que ver lo femenina o no que seas para practicar el deporte que te de la gana» y comenta que, afortunadamente, la lucha libre es un deporte muy igualitario en España, pero que cuando sale a campeonatos internacionales ha llegado a sentirse «incómoda» por el hecho de ser mujer.

La luchadora relata que en otros países se ha cruzado con gente de culturas «muy machistas» que se piensan que «pueden hacer contigo lo que quieran».

Y recuerda un incómodo episodio en Georgia, donde estuvo en un ascensor rodeada de un grupo de chicos que la increpaban y no querían que saliese de allí.

Gorria no tiene miedo a contar las cosas sin tapujos, tampoco en lo que se refiere a la bulimia, que, según sus palabras, es una «enfermedad muy complicada que te hace tener la realidad super distorsionada» y, además «te avergüenzas de tenerla», lo que hace «más difícil que te abras al resto».

Su otra gran batalla

Admite que al principio pensaba: «Yo no estoy enferma», «no necesito ayuda», pero un psicólogo le hizo darse cuenta de que no tenía el control ni sobre ella, ni sobre su vida y se sincera al decir que «sin él no hubiese sido posible» porque en el momento en el que empezó a contarle lo que le pasaba, también comenzó «el proceso de curación«.

Gorria explica que la enfermedad en sí es muy compleja para ser inducida por una sola cosa.

«Es algo que yo tenía en la cabeza desde que tengo memoria, me miraba al espejo y me decía lo fea y lo tonta que era», una sensación que estalló «a raíz de los cánones que te impone la sociedad y el propio deporte».

Por otro lado, el hecho de estar en tratamiento y retirada de la competición hizo que le retirasen la «Beca Pódium«, concedida por Telefónica y el Comité Olímpico Español.

«Me dolió la poca empatía que tuvieron conmigo y lo poco que me valoraron más allá del dinero», recuerda con tristeza.

Para finalizar, Gorria ha querido enviar un mensaje de positividad: «La gente que está pasando por esto ahora mismo está en un agujero tan grande que no puede ver más allá», pero «cuando sales afuera ves las cosas de otra forma y es todo mucho más bonito» y te das cuenta de «lo que eres capaz de conseguir» y eres «mucho más feliz».