La historiadora catalana Elisenda Durban recrea en "La metgessa" (Pagès editors) la vida de Agnódike, la primera ginecóloga en el siglo IV ac. EFE/ Andreu Dalmau
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El legado de Agnódike, la primera ginecóloga de la Grecia clásica
La vida de Agnódike, la ateniense que, ocultando su género para poder ejercer la Medicina, se convirtió en la primera ginecóloga en el siglo IV a.C, revive en "La metgessa" (Pagès editors) de la mano de la historiadora catalana Elisenda Durban.
En una entrevista con EFE, Durban ha explicado que con rigor histórico reconstruyó la vida de la ateniense tirando del hilo de una primera fuente, nada menos que el bibliotecario del emperador romano Augusto Gai Juli Higi, quien describió a esta mujer en su obra 'Fabulae' en el siglo I d.C.
"Di con esta historia y no lo podía crear. Tenía claro que tenía que conocerse", señala sobre esta médico "valiente" y un periplo "asombroso" teniendo en cuenta la "fuerte misoginia" de la época.
Agnódike, la ginecóloga que desafiaó la misoginia
En forma literaria de "diario íntimo", el libro parte de la infancia de Agnódike, nacida en el seno de una familia acomodada, la de Demetri de Falaron, en la ciudad Atenas e integrada en ese momento en el reino macedonio.
Agnódike vio su vida marcada por la enfermedad y muerte de varias mujeres de su familia que la llevarán a taparse el pecho y cortarse el pelo para, haciéndose pasar por un hombre, estudiar medicina y abrir una consulta en la que se especializará en tratar a mujeres.
"El boca a boca hizo que las mujeres, a las que ella confesaba su género tras jurarse discreción, quisieron ser solo tratadas por ella. Eran tiempos que para evitar desnudarse ante un médico, muchas no se curaban ni trataban de ningún modo", explica Durban, quien revela que los facultativos de la época pensaban que era tan popular entre las pacientes féminas porque las "seducía" y de eso fue acusada ante un tribunal.
La ginecóloga, quien tuvo en el juicio que revelar su cuerpo para librarse de las acusaciones, consiguió salir de la cárcel gracias a una inusual contestación solidaria en las calles de sus pacientes y otras mujeres.
"Era algo muy poco habitual. Hablamos de un momento de la sociedad en general y el mundo médico en particular muy muy misógino", destaca la escritora, quien señala que ya en la época se sentaron las bases de un estudio y práctica médica que dejaba de lado a las mujeres y sus particularidades de salud.
El machismo de la Grecia clásica
A la Agnódike, explica Durban en la novela, se le acercaban tanto atenienses 'eupátridas' ricas y pudorosas que casi no salían de casa y que tenían que "dar hijos sanos" como 'metecas', las extranjeras solteras y que buscaban librarse de alguna enfermedad, o incluso las 'heteras o porne', quienes por su profesión, buscaban no quedarse embarazadas y protegerse de enfermedades sexuales.
Para dar cuenta del machismo de la época, Durban recuerda las palabras de uno de los primeros filósofos, Tales de Mileto, explicando los motivos por los que estaba agradecido a la suerte: "En primer lugar por haber nacido humano y no animal, después por haber nacido hombre y no mujer, y en tercer lugar para ser heleno y no bárbaro".
También se hace eco de lo dicho por Demóstenes, un político y orador de Atenas de la época de Agnódike, cuando decía: "Mantenemos a las heteras por el placer, las concubinas por las necesidades diarias y a las mujeres para tener a los hijos legítimos y ser administradoras de confianza por la casa".
Más allá de Agnódike, el libro también repasa otras figuras clave para la medicina como Hipócrates o Praxágoras y Herófilo de Calcedonia, de los que recibió lecciones.
"He querido pasear al lector por los paisajes y la vida cotidiana de algunas de las ciudades más emblemáticas de la historia de la Grecia clásica, por Atenas, Tebas o Alejandría, con personajes históricos memorables se integran en la trama, como el matemático Euclides; el escritor de comedias Menandro; el faraón Ptolomeo o el político Demetri de Falaron, entre otros", ha explicado.
Durban, licenciada en Historia Antigua y especializada en egiptología, ha recuperado también cerca de ciento setenta nombres de utensilios, prendas, costumbres, festividades o lugares con el fin de hacer más rica la inmersión del lector, apunta, en el mundo que vivió Agnódike.