Afrobolivianas historias

Las antropólogas bolivianas María Soledad Fernández (2i) y Varinia Oros (c) posan junto a mujeres asistentes a la inauguración de la muestra audiovisual "Mapas de Vida. EFE/ Stringer

Las afrobolivianas alzan la voz para contar sus historias

Gina Baldivieso | Tocaña (Bolivia) - 25 octubre, 2022

El encuentro de tres generaciones de afrobolivianas y la posibilidad de contar en primera persona sus historias y los cambios en la comunidad de Tocaña son parte del tejido antropológico que se expone en una muestra en el museo de esa localidad en la zona subtropical de Los Yungas de La Paz.

Las protagonistas viven a unos 100 kilómetros de La Paz, en un cerro a más de 1.300 metros de altitud con un paisaje verde y exuberante y un clima cálido que se siente tras el descenso desde la cordillera que se atraviesa para llegar a Los Yungas.

Medio centenar de mujeres de 14 a 60 años abrieron sus corazones y brazos a las antropólogas Varinia Oros y María Soledad Fernández para confiarles sus historias para el proyecto que plasmó el trabajo de al menos cuatro meses en la muestra audiovisual «Mapas de Vida. Genealogías e historias de vida de Mujeres de Tocaña-Coroico».

«Hemos hecho un tejido de historias (…) Es una historia en una sola voz, en primera voz, donde cuentan esta cotidianidad a la que no siempre damos importancia», ha manifestado Oros, mientras que Fernández destacó la «complicidad» surgida en los talleres en los que ambas recogieron testimonios, sentires y vivencias de las afrobolivianas.

Voces protagónicas de las afrobolivianas

«Antiguamente estábamos rezagadas, teníamos miedo a expresarnos», ha comentado a Efe Susana Zabala, una de las «tías», como llaman a las mujeres mayores en la comunidad, que protagoniza la exposición.

La tía Susana ha recordado que los padres solían decir que «las mujercitas no tenían que estudiar, solamente son para cocinar, atender a los hermanitos y ayudar a la mamá», por lo que muchas de ellas no pasaron del tercero de primaria.

Con el paso del tiempo, Susana pudo realizar otras actividades y está convencida de que «nunca es tarde para formarse y seguir aprendiendo». Y a sus 63 años cuenta orgullosa que es promotora comunitaria contra la violencia.

Para las mujeres fue «una gran sorpresa» el proyecto de Oros y Fernández, al haberse criado con la recomendación de sus padres de que no hablen sobre sus vidas.

Al entrar en confianza, compartieron sus vivencias, pudieron escucharse mutuamente y las más jóvenes conocieron algunas costumbres que se están perdiendo.

Como la de construir con paja las carpas para resguardar del sol a los bebés mientras las mujeres trabajan en las plantaciones de hoja de coca, que junto al café es uno de los productos insignia de Los Yungas.

«Ahora ha cambiado bastante porque la carpa ya no es de paja, es de calamina» y el aguayo, el tejido andino usado para cargar a los bebés fue sustituido por telas estampadas, ha explicado a Efe Tania Zabala, de 27 años.

Los cambios también se ven en la vestimenta, pues mientras las niñas y jóvenes llevan ropa y peinados modernos, las tías conservan las polleras, sombrero bombín y blusas características de las aimaras bolivianas, y recogen sus cabellos ensortijados en dos trenzas cortas.

«Antes vivíamos con nuestros papás. Carecíamos de educación, las vestimentas, el alimento era mucho más escaso que ahora que hay mucha más oportunidad», ha mencionado a Efe Rita Zabala, de 33 años.

Las mayores conocen cómo era la vida en la comunidad, pero las más jóvenes no, por lo que es necesario recordar para «valorar muchas cosas que ahora tenemos», ha opinado.

La muestra

Con una combinación de fotografías y textos impresos, la muestra sintetiza en una sola todas las historias y narra aspectos como la comunidad, la escuela, la vida en familia, la juventud, la crianza, la cocina o las danzas típicas como la alegre saya afroboliviana y la zemba, entre otros.

También incluye un video con los testimonios y un mapa corporal que describe los rasgos que las afrobolivianas destacan en sí mismas, como el cabello ensortijado, el color de sus pieles o sus habilidades manuales.

Al ver la exposición, las mujeres se mostraron contentas y agradecidas porque «las señoras especialmente estaban abajo, no teníamos voces, teníamos vergüenza, teníamos miedo», ha afirmado la tía Segundina Medina.

«Pero desde el momento que ha llegado este proyecto nos hemos reunido en esta sala y nos hemos dado cuenta de que las mujeres tenemos voz, podemos salir adelante», ha sostenido.

La tía Susana espera que el proyecto no termine ahí y que «ojalá con la ayuda de estos expertos podamos seguir adelante, seguir trabajando, ayudando también y compartiendo nuestra sabiduría».

El proyecto es respaldado por el Fondo Suizo de Apoyo a la Cultura de la Embajada Suiza en Bolivia que ejecuta la organización Solidar Suiza, la Asociación Aguayo y el Centro de Interpretación Cultural Afroboliviano Tocaña.

La muestra estará en Tocaña hasta concluir octubre, en noviembre irá a la localidad vecina de Coroico y a fines de ese mes llegará a La Paz.