Pornografía jóvenes

Un grupo de mujeres protesta frente al Ministerio de Consumo en Madrid en contra de la prostitución. EFE/David Fernández

Vinculan el abuso de la pornografía con las violaciones grupales por menores

Rosabel Tavera | Castelló - 10 junio, 2022

El aumento de los casos de violaciones grupales cometidas por menores de edad, que tienen normalizados patrones de dominación y de agresividad hacia las chicas, puede deberse al uso y abuso cada vez más temprano de la pornografía, así como a los modelos distorsionados de pareja y de relaciones que ofrece a los menores de edad.

Así lo han constatado los psicólogos valencianos Enric Valls y Nika Vázquez tras la detención de cinco menores -que han quedado en libertad vigilada- por la supuesta agresión sexual, una de ellas grupal, de la que habrían sido víctimas dos niñas de 12 y 13 años en Burjassot (Valencia).

Hipernormalización de la sexualidad

El uso cada vez más temprano de las nuevas tecnologías, la visión distorsionada de las relaciones que ofrece el porno de consumo masivo, la falta de control parental sobre los contenidos a los que acceden los menores y la falta de autoestima y de empatía son factores que fomentan las conductas violentas en edades en las que se está formando todavía la personalidad y el conocimiento de lo que está bien o está mal.

Valls ha asegurado que existen varios tipos de problemáticas asociadas a las tecnologías y al sexo, como el ciberacoso o «grooming» -cuando un adulto se hace pasar por un menor y pide contenido audiovisual sexual a un menor para después chantajearle- o el «sexting» -el intercambio de imágenes o vídeos de contenido sexual-.

Los jóvenes «se pasan fotos sin miramientos, sin ser conscientes de que eso va a quedar ahí para siempre y se da una hipernormalización de la sexualidad, en la que no todo vale», ha advertido este experto, sobre todo porque «no se corresponden con la edad con la que se están llevando a cabo».

«No se puede normalizar el uso de videojuegos violentos o sexuales» a edades tempranas porque «el niño se vuelve insensible» y lo ve como algo normal, ha añadido.

Enric Valls atendió a un adolescente muy familiarizado con un juego violento, en el que mataba a otras personas, y le relató que una vez «observó un accidente brutal de moto pero no había sentido nada, estaba insensibilizado«.

Idea distorsionada de las relaciones

Con la pornografía ocurre lo mismo. Los adolescentes que la consumen se hacen una idea distorsionada de la pareja y las relaciones sexuales, ha indicado el psicólogo.

En este sentido ha explicado que dentro de la pornografía hay diferentes vertientes, pero los vídeos más vistos no son de una mujer y un hombre sino de «una mujer rodeada de muchos hombres, de tríos, de actos en los que se denigra a la mujer y se la utiliza como un trozo de carne».

Y como el adolescente no tiene todavía un criterio formado sobre lo que está bien o está mal, «ya le empieza a afectar».

Por su parte, Nika Vázquez ha señalado que este consumo fomenta una relación con la sexualidad «que ni es sana ni es real«, y ha valorado un anuncio televisivo australiano en el que dos actores porno llamaban a la puerta de una casa; cuando una señora con bata les abría, le decían que necesitan hablar con su hijo, a quien le tenían que decir que los vídeos de ellos que veía en su ordenador no se corresponden con la realidad.

Este consumo de pornografía está asociado a «una sexualidad que nada tiene que ver con la realidad«, según la psicóloga. Incluso, ha señalado, tiene pacientes de más de 30 años «que dicen que si sus relaciones no son como en las películas, que si no agrede, humilla o agarra del pelo a su pareja, o si ésta no está operada con silicona, no disfruta la relación».

Normalizar patrones de dominación

Consumir este tipo de contenido hace que se normalicen patrones de dominación sobre la mujer, porque «es una máquina, no es real», tal y como ponen en práctica también en videojuegos. Se genera una «falta de empatía» motivada por la falta de conocimiento de un sexo por el otro.

Y entra en juego también la falta de autoestima, presente en una gran parte de los adolescentes, tanto en las chicas cuando piensan que lograrán aceptación «si te miran por la calle, si un chico se quiere acostar contigo», y en ellos, que no se dan cuenta de que «no necesitas humillar a nadie ni estar por encima de alguien» para ser respetado.

Esta baja autoestima en un grupo de chavales se «retroalimenta» porque «junto a sus amigos se sienten alguien, pero en solitario no son así, no se valoran», ha añadido la psicóloga.

Ambos profesionales abogan por hablar, por aumentar la comunicación con los hijos adolescentes, para así naturalizar el sexo, entender qué es, para qué sirve o qué es el placer.

Hay que dar al adolescente «la oportunidad de expresarse» en una etapa de cambios físicos y psíquicos y «conectar con su mundo afectivo, mostrar interés, escucharle y ofrecer el hombro cuando lo necesite, sin agobiarle», han recomendado.