Resolución 1325

Una mujer afgana pasa junto a una pintura mural al costado de una carretera en Herat, Afganistán. EFE/EPA/JALIL REZAYEE

Veinte años de la Resolución 1325 sobre mujeres, paz y seguridad

Laura de Grado Alonso | Madrid - 31 octubre, 2020

Este 31 de octubre se cumplen 20 años de la Resolución 1325, un texto que supuso un antes y un después en el reconocimiento del papel fundamental que tienen mujeres y niñas en la construcción de la paz. Pese a ello, entre 1992 y 2019 las mujeres solo fueron el 13 % de las personas negociadoras, el 6 % de mediadoras y el 6 % de firmantes de los mayores procesos de paz del mundo, según el informe «Mujeres, paz y seguridad» del Secretario General de la ONU presentado con motivo de este aniversario.

«La Resolución 1325 fue un reconocimiento por parte de la comunidad internacional del papel que mujeres y niñas juegan en la construcción de paz y también de que el conflicto tiene un impacto diferente en mujeres y niñas», ha asegurado la jefa adjunta de Paz y Seguridad de ONU Mujeres, Sarah Douglas, durante una entrevista con Efeminista en la que ha analizado los logros y carencias en la implementación del acuerdo durante estos veinte años.

El texto, aprobado en el año 2000 por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, insta a incrementar la participación y representación de las mujeres en la prevención, gestión y solución de conflictos, y a garantizar la protección de mujeres y niñas en estos contextos, particularmente contra la violencia sexual en conflictos armados.

Mujeres presentes en Afganistán, Filipinas, Somalia o Colombia

Desde entonces, otras nueve resoluciones del Consejo de Seguridad –1820, 1888, 1889, 1960, 2106, 2122, 2242, 2467 y 2493– han versado sobre mujeres, paz y seguridad y, en la actualidad, 88 países han adoptado sus propios planes nacionales para transformar estas resoluciones en acciones.

Unos avances que en 2001 permitieron a las mujeres afganas (4 de 36 delegados) sentarse en la mesa para formar un gobierno tras la desaparición del régimen talibán. O que en 2004 hicieron que Asha Hagi Elmi se convirtiera en la primera mujer somalí en firmar un acuerdo de paz poniendo fin a la guerra civil somalí. O que en 2010 llevaron al gobierno de Filipinas a nombrar a una mujer, Miriam Coronel-Ferrer, para dirigir el equipo del gobierno en las negociaciones de paz con el Frente Moro de Liberación Islámica (MILF).

En Colombia las mujeres también hicieron historia al alcanzar, en 2016, tras 52 años de conflicto, un acuerdo de paz entre el gobierno y el Ejército Popular insurgente (FARC-EP) con una representación de mujeres delegadas de un tercio y un texto con 130 disposiciones sobre cuestiones de género.

Escasa implementación del 1325 y sin financiación

No obstante, aunque ha habido muchos logros en lo que se refiere a «arquitectura de género», es decir, procesos, estructuras, planes y personas que trabajan en estas cuestiones, la implementación no ha sido suficiente, crítica Douglas.

Entre 2015 y 2019, tan solo 1 de cada 5 acuerdos de paz firmados contenían disposiciones de género.

«En términos de implementación sobre el terreno, ha habido mucho menos avance. Este año un informe muestra que solo el 6 % de los mediadores de 1992 a 2019 fueron mujeres», ha explicado la experta de ONU Mujeres.

Douglas también ha criticado la «ridícula cantidad de fondos destinados a la igualdad de género». La proporción de ayuda que se dedica a programas o proyectos con el objetivo principal de mejorar la igualdad de género y los derechos de la mujer en países frágiles y afectados por conflictos ha disminuido al 4,5 % en 2017-2018, frente al 5,3 % de 2015-2016.

«Las organizaciones de mujeres constructoras de la paz en el terreno, que en realidad están haciendo el trabajo, solo obtienen el 0,2 % de los fondos que van a los países en conflicto», ha añadido.

Invisibles en la construcción de la paz

Otra de las limitaciones que ha encontrado la Resolución 1325 es la escasa visibilidad que hay del trabajo y el activismo de las mujeres por la paz, ha subrayado Douglas, quien ha puesto como ejemplo a las organizaciones de mujeres que están negociando el acceso a alimentos y la entrada de ayuda humanitaria en Siria, Irak o Yemen y que no son reconocidas.

«Lo que hacen las mujeres en la construcción de la paz, la prevención y la resolución de conflictos a menudo se da por sentado y es invisibilizado por quienes toman las decisiones, porque existe la percepción de que un grupo de hombres sentados en mesas decidiendo cosas es lo que es la paz, y no es así», ha recalcado la experta en construcción de paz.

Mujeres y niñas son el 96 % de las víctimas de violencia sexual

Además, Douglas ha querido aprovechar esta fecha para recordar que en la actualidad, cuando 2.000 millones de personas viven en países afectados por conflictos, siguen afectando de manera diferenciada a hombres y a mujeres.

En 2019 Naciones Unidas documentó 2.838 casos de violencia sexual relacionada con conflictos, de los cuales el 96 % fueron a mujeres y niñas.

 «Además, el papel que tienen las mujeres y las niñas en el cuidado de la familia, el abastecimiento de alimentos, el abastecimiento de agua, el cuidado de los enfermos, los heridos, etc. se ve amplificado y exacerbado por el conflicto«, ha asegurado.

Cinco nuevas metas

Para lograr una implementación total del texto, Douglas ha explicado que de cara a los diez próximos años el Consejo de Seguridad de la ONU se ha propuesto cinco metas.

La primera de ellas supone transformar la toma de decisiones y hacer que la participación de las mujeres en las mesas de paz para que sea realmente significativa. Ya que su ausencia en la tomas de decisiones «es una oportunidad perdida».

«Sabemos por una investigación que hicimos en 2015 que la participación de las mujeres hace que la paz sea más duradera«, ha defendido.

La segunda tiene que ver con la protección de las mujeres defensoras de los derechos humanos, ya que entre 2015 y 2019, las Naciones Unidas han verificado 102 defensoras de los derechos humanos, periodistas y sindicalistas asesinadas en 26 países afectados por conflictos.

Además, durante los últimos años ha habido un incremento en el gasto militar de los países, explica Douglas, algo que mujeres y sociedad civil llevan denunciado décadas, que piden revertir esa tendencia: «gastar más en infraestructura social y de salud y menos en militar».

A estos objetivos, se suman el compromiso por producir más datos y hacer más análisis del papel que juegan las mujeres en la paz y seguridad, así como aumentar la financiación.