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Dos mujeres piden dinero en la calle para alimentar a sus hijos en Tegucigalpa, Honduras. EFE/ Gustavo Amador

La pandemia agudizó la trata local de mujeres y niñas en América Latina

Cristina Bazán | Guayaquil - 30 julio, 2020

La llegada de la COVID-19 agudizó la trata local de mujeres y especialmente de niñas y adolescentes en América Latina, una región donde el número de víctimas detectadas ha crecido de forma «pronunciada» en los últimos años, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (Undoc).

La restricción de movilidad, la crisis económica y la falta de servicios de salud y de protección son los factores que más contribuyeron a la captación de nuevas víctimas, quienes han tenido que lidiar muy de cerca con el riesgo al contagio.

«Esta crisis ha puesto en peligro especialmente a mujeres y niñas, pues los tratantes aprovechan las restricciones que existen, que no se puede pasar de ciudad en ciudad, que no hay transporte y que aumenta la búsqueda de trabajo y casa para explotarlas sexualmente», cuenta a Efeminista Daniel Rueda, presidente de la Fundación Alas de Colibrí que trabaja en Ecuador con supervivientes de trata.

Una situación que coincide con los últimos informes de Naciones Unidas, en los que ya se advertía antes de la pandemia de que, a diferencia de en otras regiones,  en algunos países de América Latina y el Caribe, más del 50 % de las víctimas de trata con fines de explotación sexual eran niñas.

La COVID-19 y el tráfico interno

Daniel Rueda, de Alas de Colibrí, explica que ellos han detectado que las víctimas de trata ya ni siquiera salen de sus ciudades y que, en la mayoría de los casos, son introducidas en ese mundo por sus familiares. Según cifras de la ONU, el 93 % de las mujeres víctimas de trata detectadas en Latinoamérica fueron encontradas dentro de su mismo país, una situación que aumentó con la pandemia.

«En Ecuador, Perú y Bolivia, la trata de personas ahora se concentra más de forma interna, en mujeres y especialmente en niñas. Son trasladadas entre provincias o departamentos para la explotación o a veces en la misma ciudad. Ya no es necesario que crucen grandes distancias, a veces en la misma ciudad son interceptadas y captadas para la explotación», indica.

Ana Margarita González, abogada de Women’s Link Worldwide, coincide con Rueda en que la trata interna se ha incrementado y añade que las restricciones de movilidad solo le han dado más control al captador. «El cierre de fronteras no cambia la situación de movilidad, la gente se sigue moviendo en la forma en la que puede y lo que hace el cierre es favorecer los pasos irregulares».

«Hay situaciones de explotación sexual en los contextos de tránsito de mujeres migrantes que se pueden catalogar como situaciones de trata y que tienen que ver con que necesitan ayuda para pasar la frontera y lo que les piden de intercambio, entre comillas, son servicios sexuales, para orientarlas y ayudarlas a cruzar», explica.

«Por temas de documentación, incluso de necesidad, nace el termino de sexo transaccional. Esto se ha incrementado muchísimo», agrega Rueda.

La migración prepandemia

Pero la trata de mujeres migrantes con fines de explotación sexual ya venía aumentando en los últimos años, especialmente a raíz de las crisis que empezaron a vivir países como Venezuela, Honduras, Guatemala o el Salvador.

«La trata de personas se sostiene a través de situaciones estructurales como la pobreza extrema y la necesidad de trabajo, entre otros. Y en el momento que estas situaciones se han exacerbado, como ahora, evidentemente las personas son más vulnerables», menciona Rueda.

«Migrantes venezolanas y colombianas en situación de pobreza extrema son más fáciles para la captación y para la explotación laboral o sexual. Hemos visto que esto se ha incrementado a pasos galopantes», precisa.

El especialista cuenta, por ejemplo, que en la casa de acogida para supervivientes de trata que ellos gestionan ya tienen a cuatro mujeres venezolanas que han llegado en los últimos tres años.

Otro de los factores que preocupa sin duda es la salud de las víctimas, especialmente de las migrantes. La abogada de Women’s Link dice que las mujeres están «más expuestas a contraer el virus» y a «situaciones graves de salud» porque son prostituidas sin ninguna protección. Una situación innegociable con el captor. «No tienen otra opción». 

A esta situación, añade González, se suma que los servicios de salud y de justicia, especialmente para las migrantes, se han visto mermados por la pandemia, lo que las vuelve más vulnerables.

Las niñas, las víctimas más frecuentes

Para ambos especialistas, la situación de las niñas es cada vez más preocupante. Según la ONU, en América Latina, el porcentaje de niñas víctimas de trata (31 %) es incluso mayor que el de los hombres (12 %).

Esa cifra general cambia cuando se aborda la situación específica de ciertos países. Naciones Unidas reporta que en Perú, Bolivia y Ecuador, la cifra de niñas es superior al 50 %, mientras que en Colombia, Venezuela y los países del cono sur (Argentina, Chile y Uruguay) las víctimas mayoritarias son las mujeres.

Datos de ocho países de la región señalan que el 96 % de las víctimas de trata con fines de explotación sexual son mujeres y niñas.

Ana Margarita González dice que en el caso de Colombia, los casos se registran en mayor cantidad en las provincias fronterizas con Venezuela, donde la presencia de grupos armados también es más grande. «Los grupos armados están vinculados con situaciones de trata con fines de explotación sexual de mujeres y niñas, pero también con fines de reclutamiento«.

Mientras que Daniel Rueda señala que en Ecuador el factor de mayor vulnerabilidad para las niñas está muchas veces en sus propios hogares. “Quedan vulnerables ante el cuidado de terceros, ante la explotación sexual o abuso sexual y no tienen la facilidad de poder hablar con alguien más porque no están yendo a la escuela», denuncia.

Fortalecer los sistemas de protección

Frente a esta situación, los expertos coinciden en que los Estados deben fortalecer los sistemas de protección de víctimas de trata, pues si estos «ya eran precarios» antes de la pandemia, ahora lo son más.

«América latina es una de las regiones más inequitativas y los recursos son limitados para combatir este delito. Ahora los Estados se han visto abocados a utilizar esos pocos recursos en la pandemia. Existen leyes y políticas, pero para que se hagan efectivas se necesitan recursos humanos y económicos y ahora están abocados a la emergencia», explica Rueda.

Lo mismo sucede por parte de los organismos internacionales, asegura González, lo que ha dejado en un segundo plano la atención inmediata que se debe brindar a una víctima. «Las instituciones humanitarias también están volcadas a la atención de la pandemia». 

Para los dos expertos, esto es aprovechado aún más por las redes de trata, pues «tienen un camino mas amplio para poder cometer sus ilícitos».