Todas somos Laura

Jóvenes del instituto de la localidad onubense de Zalamea la Real colocan carteles realizados por ellos mismos en repulsa por la muerte de la joven zamorana Laura Luelmo. EFE

Todas somos Laura

EFE | Documentación - 18 diciembre, 2018

España se estremeció ayer cuando encontraron el cuerpo de Laura Luelmo, desaparecida desde el pasado miércoles, a unos cuatro kilómetros de El Campillo (Huelva), donde se trasladó este mismo mes para hacer una sustitución en un instituto de la cercana localidad de Nerva.

Y hoy España reacciona con dolor y hartazgo al conocer que murió de un fuerte golpe en la frente y la detención por su presunta implicación en el crimen de Bernardo M.N., un hombre de 50 años que salió de la cárcel el pasado mes de octubre tras cumplir veinte años encarcelado por el asesinato de una anciana y dos robos con fuerza.

«Ni una más ni una menos»

Las redes sociales se han inundado de tuits de repulsa con dos mensajes: #todassomosLaura y #niunamásniunamenos. Y con imágenes que muestran un retrato de una chica sobre un «no es no» o a una joven corriendo junto a la leyenda: «correr sin miedo y no correr por miedo». O el dibujo de dos niñas que portan un cartel en el que se puede leer: Por un 2019 en el que cada niña y mujer que sale de su casa vuelva SANA y SALVA. Todas ellas que son desde anoche la imagen del perfil de whatsapp de muchas mujeres.

La joven maestra zamorana de 26 años vivía en el municipio onubense desde el pasado 10 de diciembre. Allí se trasladó para trabajar en un instituto.

Hoy, también, se guardaba un minuto de silencio en muchos colegios de España por «la chica que había salido a correr y la mataron», relataban los niños al salir de la escuela.

En la Universidad de Salamanca, donde estudió, o en la Biblioteca Nacional, donde fue becaria…las muestras de repulsa por lo sucedido y de cariño hacia la víctima y su familia se han sucedido en toda España.

Han sido especialmente emotivas y numerosas en municipios de Zamora, provincia de la que era natural la joven, donde se han guardado minutos de silencio en todas las instituciones y organismos públicos con la asistencia de numerosos ciudadanos, y en Huelva.

En la provincia andaluza la han recordado no sólo en El Campillo, donde vivía, sino también en otros municipios como Zufre, Zalamea, Aljaraque, Isla Cristina, Huelva o Nerva, donde Laura Luelmo se había incorporado al claustro del Instituto de Enseñanza Secundaria Vázquez Díaz, para cubrir una sustitución como profesora de Plástica.

Desde la política y las instituciones también se ha repetido la condena ante el asesinato de la joven. Aunque no todos han sabido estar a la altura.

Porque en esto y sobre todo en estos momentos hay que estar todos juntos, dejar las diferencias políticas aunque sólo sea por unas horas, y respetar el dolor de la familia y honrar la memoria de la joven.

A Laura Luelmo le gustaban las ilustraciones, la pintura, la fotografía, viajar….En su último tuit, el pasado 8 de marzo, aparece un cartel del Día Internacional de la Mujer. Y otro, retuiteado por ella, que estremece: «Te enseñan a no ir sola por sitios oscuros en vez de enseñar a los monstruos a no serlo, ESE es el problema».

El riesgo de ser mujer

El caso de Laura Luelmo se une al de otras jóvenes asesinadas en los últimos años cuando practicaban deporte, paseaban o regresaban a su casa.

Ninguna de ellas formará parte de las estadísticas de violencia machista porque, pese a que en casi todos los casos el móvil fue una agresión sexual, el asesinato no fue cometido por su pareja o expareja, que son los que configuran la citada estadística.

El pasado 3 de mayo, fue localizado el cadáver de Leticia Rosino, de 32 años, que desapareció el día anterior mientras paseaba por las afueras de Castrogonzalo (Zamora) como hacía habitualmente.

Esta joven fue abordada por un adolescente de 16 años que cuidaba un rebaño de ovejas y que, tras arrastrar a la víctima hasta una zona alejada del camino para consumar la agresión sexual, intentó estrangularla y golpearla en la cabeza con piedras de grandes dimensiones hasta matarla.

Posteriormente, arrojó el cadáver por un barranco, donde fue encontrado.

Hace menos de una semana, el pasado jueves, día 13, el Juzgado de Menores de Zamora impuso al menor una medida de ocho años de internamiento en régimen cerrado y cinco más de libertad vigilada por violar y asesinar a Leticia Rosino.

También este año, el 4 de agosto, la turista española Arantxa Gutiérrez López, de 31 años, fue asesinada en Tortuguero, provincia de Limón (Costa Rica), cuando había salido a caminar por un sendero cercano a su hotel.

Al parecer, murió asfixiada tras un ataque sexual, presuntamente cometido por Albin Díaz, de 33 años, indocumentado de nacionalidad nicaragüense que fue detenido.

De los ocurridos antes de 2018, el caso más mediático fue el de la madrileña Diana Quer, de 18 años, cuyo cadáver fue localizado el 31 de diciembre del pasado año tras permanecer desaparecida desde el 22 de agosto de 2016 cuando volvía sola a casa después de haber estado con unos amigos en las fiestas de la localidad de A Pobra do Caramiñal (A Coruña), donde veraneaba con su madre y su hermana.

Tras dieciséis meses de incertidumbre, la Guardia Civil detuvo hace un año, el 29 de diciembre, a José Enrique Abuín, el Chicle, un hombre que había intentado secuestrar y agredir sexualmente unos días antes a otra mujer, y que al poco confesó haber matado a Diana y condujo a los agentes hasta el paradero del cadáver, un pozo de una nave industrial en la parroquia de Asados, en Rianxo (A Coruña).

Desde entonces se encuentra en la cárcel a la espera de sentarse en el banquillo ante un jurado popular, acusado de los delitos de homicidio o asesinato, detención ilegal y contra la libertad sexual.

Otro caso que causó gran conmoción fue el de Denise Pikka Thiemuna, una peregrina estadounidense de 41 años que fue asesinada a golpes en las inmediaciones de Castrillo de los Polvazares (León), en abril de 2015 cuando realizaba el Camino de Santiago.

Denise se desvió de la ruta y fue a parar a las inmediaciones de la vivienda de Miguel Ángel Muñoz Blas, quien la golpeó con un palo hasta la muerte y le cortó las manos para borrar huellas antes de enterrar el cuerpo.

Rocío Wanninkhof, Marta del Castillo y Anabel Segura son otros casos que integran esta trágica lista. Anabel fue secuestrada, al igual que Laura Luengo, mientras hacía «footing» por los alrededores de su casa en la zona residencial de La Moraleja, en Madrid.

Anabel, de 19 años, desapareció el 12 de abril de 1993 y su cadáver fue localizado el 29 de septiembre de 1995 en una fábrica de ladrillos abandonada en Numancia de la Sagra (Toledo), lugar señalado por los autores de su secuestro y muerte, detenidos horas antes. El suceso tuvo, en este caso, una motivación exclusivamente económica.