“Tener la carne”, la novela debut de Carla Nyman sobre el duelo, el deseo y los vínculos tóxicos

Cristina Bazán | Guayaquil - 7 noviembre, 2023

Carla Nyman lleva varios años escribiendo poemas y obras de teatro y un día de 2020 se dio cuenta de que la historia de un monólogo teatral que estaba puliendo podía ir más allá de lo que había imaginado. Es así como nació “Tener la carne”, su novela debut en la que cuenta la perturbadora historia de un crimen confeso vertebrado por un tóxico, absorbente y sin límite vínculo entre una madre y una hija, pero en la que también está presente el deseo, la muerte y el duelo.

“Todo esto surgió por una inquietud que yo tenía acerca de las relaciones materno filiales trabajadas en literatura. Quería saber cómo funcionaban o cómo se relacionaban esas dos generaciones y sobre todo cómo lo trabajaban las escritoras en literatura. Me empecé a interesar por esos vínculos que a veces resultan algo siniestros y esa fue la imagen que funciona de disparadero para entrar en Tener la carne”, explica a Efeminista Nyman (Palma de Mallorca, 1996).

En la historia, una joven ha matado a su novio con la ayuda de su madre e intenta contar al juez que lleva la investigación su versión de los hechos, pero no logra encontrarlo. Así que Carla Nyman lleva a las y los lectores a un recorrido casi visual por la confesión de la protagonista.

Entre las buenas críticas que ha recibido la novela (Reservoir Books, 2023) se destacan las influencias en la escritura de Nyman de autoras como las argentinas Ariana Harwicz y Samanta Schweblin, la francesa Annie Ernaux, la austriaca Elfriede Jelinek o la belga Amélie Nothomb, pero también del director de cine Pedro Almodóvar.

“Es verdad que sí he visto cine de Almodóvar pero no pensaba que podría permear tanto en la narrativa y ahora dándome cuenta, revisitando la novela, es verdad que hay muchas cosas de Almodóvar. Así que soy almodovariana sin saberlo”, dice entre risas la también poeta.

“Tener la carne”, la novela debut de Carla Nyman

Pregunta: El tema que sobresale en el libro es la relación madre e hija, que tienen un cordón umbilical invisible que no han cortado, una relación más cotidiana de lo que podría parecer…

Respuesta: Sí, yo creo que la relación que hay entre la madre y la hija viene muy unida a esta idea del cordón. Realmente hay una confusión entre la madre y la hija, no queda claro dónde están los límites entre una y otra, sino que esas fronteras entre ellas dos son borrosas, como si fueran el mismo organismo o el mismo cuerpo duplicado que se va moviendo así por las playas de Garrucha, de una manera un poco extraña.

Ellas tienen una relación desde el reproche, desde el odio, desde una oscuridad muy profunda. No queda muy claro quién es la extensión de quién y esto lo que provoca es que la culpa que una pueda tener o que una pueda sentir se va a ver duplicada o multiplicada por la culpa de la otra. Tienen culpas compartidas y duplicadas porque son ese mismo monstruo que está lleno de culpas y de reproches ajenos.

P: Y aunque es una ficción, por la forma particular en la que cuenta la historia, esta relación tóxica entre madre e hija sí existe en la realidad.

R.- Claro, de hecho yo nunca llegaría a catalogar esta relación materno filial como de familia disfuncional, porque creo que es lo que ocurre en muchas familias, a veces en unas con mayor porcentaje y otras en menor porcentaje, pero al final creo que somos el producto histórico, a veces biológico, a veces situacional de las personas que nos rodean y sobre todo de las personas con las que guardamos un vínculo familiar.

Entonces creo que todas las estirpes acaban arrastrando de alguna manera duelos, alegrías, amores, oscuridades que se van heredando y que se van desplazando de generación en generación. De eso no nos vamos a poder librar jamás. Sí puede haber un ejercicio de purificación o de frescura, pero no se puede cortar o sacar de cuajo.

A lo mejor esta peculiaridad que tienen ellas dos esté hiperbolizada o pueda servir de símbolo o de metáfora de otras familias, pero no creo que sea una cosa aislada. Esto sí ocurre, hay relaciones que llegan hasta ese punto de intimidad.

Frustración, muerte, luto

P: También hay en la novela una especie de maternidad deseada que no se puede tener.

R: Claro, aunque más que una maternidad que no se puede tener yo creo que lo que hay aquí es una frustración por parte de todos los personajes, como que no han llegado a satisfacer todas las necesidades primarias que tienen. Por un lado está la hija que tiene una relación de reproche, de odio y de un amor intensificado hasta los huesos con la madre, pero que luego no termina de cuajar en lo cariñoso. Eso lo busca con un padre ausente y lo busca también en el novio al que ha asesinado, pero que previamente ya estaba ausente porque le había sido infiel y desaparecía de maneras aleatorias.

Entonces estos personajes parten de una frustración muy fuerte, creo que son muy sensibles también, si no, no harían y no pensarían toda esta clase de cosas y esto les lleva a querer llegar a experimentar una fusión con el otro. Por eso la madre está sustituyendo la ausencia de su marido con el cadáver del novio de su hija.

Yo creo también que tanto la madre como la hija están en permanente fase de duelo, intentan rellenar esos huecos de una manera tan descabellada, que por eso resulta tan gracioso, pero creo que también es humano buscarlo en lugares extrañísimos porque los que deberían ser dados de una manera natural no han funcionado.

P: ¿Y qué significa la muerte en esta historia?

R: La muerte aquí no deja de ser un símbolo de esta protagonista que está en permanente duelo y por lo tanto en una observación en espejo, porque la madre también está en esa fase de duelo y la muerte es justo el último duelo de todos, la muerte es esa sensación de no poder recuperar jamás a esa persona o ese sentimiento que a uno le hacía sentir tan bien. Es una sensación de putrefacción y el amor se va convirtiendo en algo tan desagradable. Cómo una persona que era el objeto de amor para ella se acaba convirtiendo en el objeto de desprecio, en el objeto de la desgracia máxima, que es un cadáver que no se puede ni mover.

Y como la protagonista no puede resucitar a ese muerto, lo que hace es llevárselo consigo e intenta recuperar las funciones de su cerebelo, el movimiento, pero al final no deja de ser un saco de huesos porque está muerto. Entonces es un poco como querer resucitar a un Frankenstein, a un batiburrillo de órganos que que ya no son funcionales, eso es el duelo realmente.

“Hay un deseo de poder tener la carne”

P: El deseo carnal también está muy presente en la historia, ¿de ahí sale el nombre del libro?

R: Sí, por parte de las protagonistas, sobre todo por parte de la hija, hay un deseo de poder tener la carne, de poder sentir que puede fusionarse de alguna manera con la persona a la que ama. Hay una sensación de ausencia todo el rato, ya sea por parte de su padre, de su madre o de su novio, como que la biología no termina de ser una garantía de nada porque aunque su padre le haya dado esos genes y esos cromosomas su padre desapareció. Ahí la biología no ha servido de vínculo absoluto entre padre e hija.

La madre está pegada, pero de una manera muy hostil a ella y tampoco la biología es garante de nada y en la relación erótico afectiva tampoco, el vínculo más espiritual tampoco es garante de nada, entonces ella lo que quiere es de una manera muy física y muy visceral tener esa carne, es su mayor deseo.

Su mayor ansia es poder llenar esa ausencia con algo de carne, con algo de cuerpo y no sentir constantemente ese hueco que lleva arrastrando por las playas de Garrucha con un calor muy sofocante.

P: La novela también podría adaptarse al teatro, ya que nació con esa idea…

R: Sí lo he pensado alguna vez. Es verdad que ahora estoy más en la mente de una narradora que intenta evitar sentir los límites de la escena, porque al final la escena pone límites, unos límites muy generosos, pero los pone, pero sí me encantaría.

A mí lo que sí me gusta mucho es jugar con esta idea de que no existen fronteras entre los géneros y que estamos leyendo una novela, pero que a lo mejor estamos leyendo una obra de teatro o a lo mejor estamos leyendo un poema.

Creo que está todo de alguna manera atravesado en lo que escribo y eso es lo que me parece más interesante del proceso creativo no sentirme encasillada en “es que el género narrativo tiene estas pautas y estas condiciones y ya de aquí si te sales está mal”. Y en ese sentido Penguin, Reservoir Books, me ha dado muchísima libertad. Si algún día lo vemos en los teatros sería genial, será otra cosa, pero sería genial.