Tamara Tenenbaum

Montaje de una foto de Tamara Tenenbaum, filósofa y escritora del ensayo "El fin del amor", junto a la portada del libro. Foto: Seix Barral/ Rodrigo Mendoza

Tamara Tenenbaum: Estamos ante el fin de la pareja como objetivo vital de las mujeres

Laura de Grado Alonso | Madrid - 19 enero, 2021

En el ensayo «El fin del amor. Amar y follar en el siglo XXI», la filósofa docente en la Universidad de Buenos Aires y escritora Tamara Tenenbaum se adentra en el mundo de los afectos para ofrecer un análisis minucioso de las subjetividades que gobiernan las relaciones.

En el mismo sostiene que estamos ante el final de un paradigma en el que «la pareja era la única forma de entender el amor y en el cual las mujeres tenían que pasar la vida buscando una pareja y ese tenía que ser el objetivo vital«.

Nacida en una comunidad judía ortodoxa en el corazón de Buenos Aires, Tenenbaum (Buenos Aires, 1989) cuestiona las dinámicas del amor desde un lugar muy concreto: como parte de una generación con curiosidad genuina y ganas de repensar los modelos y posibilidades de relaciones más allá de la pareja y de la monogamia heterosexual.

Una generación que también encuentra nuevos obstáculos y nuevas retóricas del amor ya que «los ideales del consumo han reemplazado los ideales morales» en las relaciones. Ahora conseguir pareja es sinónimo de éxito y la soltería es un fracaso y un estado de infelicidad, explica a Efeminista Tenenbaum, durante una entrevista.

Tras el éxito editorial en Argentina, la autora de «Nadie vive tan cerca de nadie» y del poemario «Reconocimiento de terreno» y colaboradora de medios como El País, Orsai o Vice, trae a España su primer ensayo de la mano de Seix Barral.

El fin del paradigma de la pareja

Pregunta.- Publica «El fin del amor», ¿Qué pretende reivindicar este título?

Respuesta.- Creo que estamos viendo el fin de un paradigma en el cual la pareja era la única forma de entender el amor y las mujeres tenían que pasarse la vida buscando una pareja, ese tenía que ser el objetivo vital y la forma de ser felices. Estamos viviendo una explosión de mil millones de alternativas, mil millones de formas de ser feliz y de convivir, y yo creo que eso es el inicio del amor. Cuanto más libres seamos a la hora de elegir, más auténticas serán nuestras elecciones.

«Por eso creo que la libertad es el principio del amor y no el fin». 

P.- ¿En ese paradigma del que habla, qué supone el ideal de pareja y el amor romántico para las mujeres? 

R.- Cuando aparece la pareja como objetivo central de las mujeres, todo lo demás que tenemos las mujeres en nuestras vidas -nuestras amigas, otros vínculos, inserciones comunitarias, trabajos, participaciones políticas, etc.- queda desdibujado porque lo que importa es si tenemos o no pareja. Eso sigue siendo una configuración patriarcal muy clave que nos hace profundamente infelices y que conspira contra nosotras en muchos niveles.

Hay un entramado de organizaciones económicas y políticas en torno a la pareja y también organizaciones emocionales, cosas que aprendemos y que seguimos incorporando, y que tenemos que deshacer en un trabajo que es personal y colectivo. 

«Se trata de no pensar en la soltería como un estado de infelicidad.»

La pareja como ideal de éxito y producto de consumo

P.- En el libro habla de cómo la idea de éxito y fracaso y las lógicas capitalistas aparecen ligadas a la pareja, ¿Qué papel juegan en las relaciones?

R.- Parece que los ideales del consumo hoy han reemplazado los ideales morales de otra época. Hoy nadie piensa que es inmoral ser soltero, pero sí se puede llegar a pensarlo en términos de éxito y fracaso y lo consumimos de esa manera, la pareja es un consumo. En redes sociales, en publicidad, en productos culturales, en todas partes consumimos una imagen y unos ideales de lo que es una buena pareja.

Y tienen mucho que ver con el capitalismo, porque parte de lo que tenemos que hacer como feministas es poner a circular otros modos de vida. Por eso yo no pienso tanto en censurar o en intentar que ciertos ideales dejen de circular, porque eso no tiene sentido, sino en poner otros discursos a circular, mostrar otras vidas y otras personas.

El mercado del deseo y la precarización de las relaciones

P.- Retoma a la socióloga Eva Illouz, teórica del amor contemporáneo, y su «mercado del deseo», ¿Qué es?

R.- Cuando hablamos de un mercado de deseo hablamos de un fenómeno histórico por el cual esas relaciones antes estaban reguladas por autoridades o las comunidades decidían quién se casaba con quién. Ahora, en nuestra actualidad, podríamos decir que la decisión de con quién estar en términos de pareja, sexuales y afectivos es una elección puramente individual. 

Pero el hecho de que este mercado esté desregulado no significa que no haya asimetrías funcionando. Aparecen asimetrías entre varones y mujeres porque nosotras todavía tenemos una presión fuerte y se arma este cuello de botella en un mercado en el que las mujeres demandan más de lo que los hombres ofrecen. Eso no es inmoral, no habla mal de mujeres ni hombres, sino que habla mal de una sociedad que nos educa por un lado a las mujeres para pensar que la pareja es lo único que importa y a los varones para pensar que la pareja es una carga. 

P.- También habla de la «precarización de las relaciones». ¿Cómo afecta a la juventud esta precarización a nivel afectivo?

R.- A mi me interesaba este concepto porque creo que muchas veces en la vida sexoafectiva, por miedo a la pérdida, terminamos sujetando al otro y precarizando nuestras propias vidas. Intentamos preservar lo que no se puede preservar. El amor es como es, es frágil y no hay salvataje. Entonces muchas veces, por no abrirnos a la incertidumbre, acabamos precarizando nuestros propios vínculos y a nosotros mismos. Buscamos seguridad y al final acabamos matando lo vivo.  

«A veces hay síes que no son síes»

P.- En otro de los capítulos habla del consentimiento, este año España encara su año legislativo con la llegada de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, la ley del sólo sí es sí. A este respecto expone una reflexión sobre que a veces ese “sí” ni siquiera es un sí libre y real. ¿A qué se refiere?

R.- Me interesa discutir el paradigma del consentimiento explícito. Primero, porque creo que es un paradigma que viene de cierta cultura norteamericana que tiene que ver con lo legal. Y la idea de estar legalmente cubierto me parece una forma horrible de pensar los vínculos. Yo creo que no hay ninguna regla que pueda suplantar el consentimiento. A veces hay síes que no son síes. 

Esa empatía, esa persona que percibe que no lo estás pasando bien aunque dijiste que sí, eso es lo importante. Y la voluntad de no querer acostarse con alguien que no quiere acostarse con vos, no hay consentimiento explícito que pueda reemplazarlo. En ese sentido, el énfasis en el consentimiento explícito me parece que se pierde de muchas sutilezas que hacen que algunos síes no sean sí.

¿Qué es la cultura del consentimiento?

P.- En este punto también propone «la cultura del consentimiento frente a la cultura de la violación».

R.- Con la cultura de la violación jamás estamos diciendo que todos los hombres sean violadores, sino que tiene que ver con la idea de la conquista, la idea de que la mujer es un ‘no’ que hay que transformar en un ‘sí’. Una cosa es la seducción y otra cosa es la presión, hay una diferencia. El problema es cuando se celebra ese trabajo del varón como una conquista, como si estuviese bien presionar porque eso es lo que hace la masculinidad. Y como mujer se supone que una, incluso, tiene que agradecer esa presión porque es lo que hace que te sientas deseada.

«Justamente la cultura del consentimiento se trata de erotizar vínculos que no tienen que ver con la violencia.»

América Latina tras la aprobación del aborto en Argentina

P.- Hace apenas unas semanas desde la aprobación del aborto en Argentina, ¿Qué supone esto para el feminismo argentino y latinoamericano? 

R.- Para América Latina esto puede ser muy importante ya que salvo Uruguay no hay ningún país que tenga el aborto legal en todos los distritos. Va a ser incluso más importante en otros países que en Argentina. Porque en Argentina era ilegal pero siempre se realizó mucho, la prohibición no era efectiva, se estimó que se hacían 450.000 abortos por año. 

Y por otro lado también lo pienso en términos de la conciencia y de la subjetividad. Cuando yo era adolescente había un gran miedo, y pensar que ahora las adolescentes no van a tener ese miedo porque pueden saber a quién llamar y dónde acudir y que pueden hacerlo gratis, es un gran cambio.

«La maternidad será deseada o no será”

P.- Relacionando esta conquista del derecho al aborto con el capítulo que dedica a la maternidad, ¿considera que se está creando el espacio para repensar las maternidades más allá de si ser o no madre? 

R.- Una de las consignas que apareció fue que “la maternidad será deseada o no será”, que la maternidad ya no será una obligación de las mujeres ni biológica, ni moral, ni de ningún tipo, que no sea una responsabilidad de las mujeres, del mismo modo que no se estigmatice a las mujeres que no tienen hijos. Todo eso es parte de lo que se habilita con el derecho al aborto, pero que ya se viene habilitando y hablando hace tiempo. 

Y por supuesto creo que queda mucho por pensar y hay nuevos problemas con relación a esto. Ahora ser madre parece cada vez más difícil y ahí también hay mucho que repensar en el hecho de convertir la maternidad en algo más exigente y más incompatible con nuestras vidas.

«En un mundo capitalista ser pobre es una condena»

P.- ¿En su opinión cuál sería la hoja de ruta para conquistar los afectos libres de los que hablaba antes?

R.- Yo creo que la hoja de ruta tiene que ver con extender las libertades que tenemos vos y yo a otras muchas mujeres. La realidad es que estamos en un momento en que las mujeres de clase media gozamos de muchísima libertad, pero hay una amplísima cantidad de mujeres que se quedan al margen de muchos de los beneficios porque en un mundo capitalista ser pobre es una condena