El director Paul Urkijo posa junto a Yune Noguerias, Elena Irureta e Iñake Irastorza durante la presentación de la película 'Gaua'. EFE/Siu Wu
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Dos filmes de época, de género y feministas destacan en la sección competitiva de Sitges
Dos películas de época, de género y feministas, la vasca Gaua, de Paul Urkijo, y La hermanastra fea, de la directora noruega Emilie Blichfeldt, destacan en la sección competitiva del Festival de Cine Fantástico de Sitges.
Mientras Gaua parte del juicio real realizado por la Inquisición en el siglo XVII a dos mujeres de la zona de Zugarramurdi, acusadas de brujas y juzgadas en el proceso de Logroño en el siglo XV, La hermanastra fea es una relectura del cuento tradicional de La Cenicienta, tamizado con altas dosis de "body horror".
Una edición que combina terror, historia y reivindicación
El director Paul Urkijo, que ya estuvo en Sitges con su anterior trabajo, Irati, ha explicado que su filme recoge "todas esas leyendas e historias vinculadas a lo oscuro, a la noche, de la mitología vasca, con toda clase de espíritus, demonios y brujas, así como la imaginería alrededor de los aquelarres".
Recuerda Urkijo que toda esas acusaciones de brujería fueron "un invento de los inquisidores para reprimir una zona, diciendo que allí había brujas, que practicaban antropofagia e infanticidio, que fornicaban con el diablo en forma de macho cabrío".
Urkijo parte de la "resignificación" de la bruja hecha a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando se convierte a la bruja en "un símbolo de empoderamiento de la mujer".
En ese contexto, la película redignifica el aquelarre de la escena final, convertido en "algo épico y símbolo de libertad", que es su manera de "rendir homenaje a todas esas mujeres que sufrieron", y también alude "a los inquisidores de hoy en día, que ya no ven brujas pero sí dicen que niños de 6 años son terroristas y les pegan un tiro en la cabeza, como está sucediendo en Gaza".
El filme, añade Urkijo, también va contra esos "inquisidorcillos de las redes sociales que pretenden desde una rancia tradición imponer a la mujer cómo tiene que ser para ser una buena mujer, cómo tienen que ser los cuerpos, cómo tiene que ser la sexualidad de la gente".
Para representar al represor en la historia el director recurre a Mateo Txistu, un personaje de un cuento que es un cura obsesionado con la caza, soberbio, maldecido por Dios tras abandonar la misa por obsesionarse con una liebre que piensa que es una bruja o un diablo".
El director desestructuró deliberadamente la línea cronológica de la historia para que el personaje principal, Kattalin (Yune Nogueiras), escuchara unos cuentos en los que ella es una protagonista más.
Una Cenicienta desde la mirada de la hermanastra
En cuanto a La hermanastra fea, Blichfeldt ha explicado en la presentación que le atrajo de este proyecto "la idea de que nunca se había tenido en cuenta la perspectiva de la hermanastra" y ha añadido: "siempre nos hemos burlado de ella por su apariencia".
La directora tuvo un sueño en el que pensó inconscientemente en la hermanastra y se le apareció la escena final en la que ella se presenta ante el príncipe con el zapato ensangrentado porque ha tenido que cortarse los dedos para que le encaje perfectamente.
"Me di cuenta de que todas somos esas hermanastras, porque tenemos esa presión del ideal de belleza y que solo hay el ideal de belleza de Cenicienta", ha explicado.
La actriz protagonista, Lea Myren, afrontó esta "redefinición del arquetipo" de su papel pensando en que "Elvira no había tenido espacio para desarrollarse completamente, todo lo que hace parece que sea el mal, la nariz grande, los pechos", así que querían explicar "de dónde venía esa maldad y que la audiencia empatizara y la quisiera, porque su inseguridad viene de esa presión social".

La directora Emilie Blichfeldt posa junto a Thea Sophie Loch Naess y Lea Myren durante la presentación de su nueva película 'La hermanastra fea'. EFE/Siu Wu
El objetivo último, apunta Blichfeldt, era cambiar el principio de la historia, porque Elvira no es consciente ni siquiera de tener un cuerpo, pero se acaba dando cuenta del poder que tiene con su cuerpo.
La propia directora sufrió esa presión social por el estándar de belleza y, como traslada a la película, sobrevivió a través del humor, que funciona como "una catarsis porque hace que no te tomes tan en serio".
Ve interesante el paralelismo de su película con La sustancia, protagonizada por Demi Moore: "Siendo dos mujeres distintas de culturas y épocas diferentes, apelan al espectador a la necesidad de redefinir la narrativa en torno a las mujeres, porque desgraciadamente la idea de que las mujeres se deben adecuar a los estándares de belleza sigue vigente".
Con esta filosofía, admite Blichfeldt, La hermanastra fea recupera la idea de los cuentos originales de los hermanos Grimm, mucho más macabros que con el tamiz Disney con que han llegado a nuestros días, pues al principio estaban pensados para lectores adultos y no infantiles.