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a artista barcelonesa Silvia Gubern posa durante la presentación de la exposición antológica 'Esplendor.Volver al origen'. EFE/Andreu Dalmau

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Silvia Gubern: "Las mujeres pintoras lo hemos pasado fatal"

EFE| Barcelona - 28 noviembre, 2025

"Las mujeres pintoras lo hemos pasado fatal", ha confesado la artista Silvia Gubern (Barcelona, 1941) en el Museo Can Framis de la Fundación Vila Casas, que acoge la exposición antológica Esplendor. Volver al origen con cerca de doscientas obras suyas.

Silvia Gubern fue pionera en las prácticas conceptuales en Cataluña (Grup El Maduixer), autora del logo de la sala de conciertos Zeleste (1973) y del diseño del interior, en ambas localizaciones con Àngel Jové, y de la portada del disco de Jaume Sisa Qualsevol nit pot sortir el sol (1975).

Trayectoria, larga y polifacética

Gubern tiene una premiada producción en diseño de estampados textiles y una larga y polifacética trayectoria en las artes visuales y plástica de vanguardia en Cataluña a través del collage, la pintura inversa en vidrio, la escultura y el dibujo bordado.

Tras varios viajes a Sudamérica, en los que confirmó su afinidad con el arte mágico y simbólico y las prácticas chamánicas de las culturas indígenas, y un grave accidente de tráfico (1987), Gubern se instaló en la localidad de Llinars del Vallès (Barcelona), donde desarrolló un singular itinerario de "autoconocimiento" y silencio creador.

"Ser mujer me ha marcado como artista, siempre he estado rodeada de hombres y las críticas que recibía eran terribles, aludían a la sensibilidad especial por el color, a una obra armoniosa", revela Gubern.

Ha comentado que su interés por el arte se remonta a los años de su infancia, cuando se preguntaba por el sentido de la vida y pronto su atención se detuvo en un lema que descubrió en los frontispicios de algunos edificios clásicos: "Conócete a ti mismo y al final conocerás el universo".

La artista le dio la vuelta a esa frase clásica: "conoce el universo y al final te conocerás a ti mismo" y se convirtió en el motor de su obra artística, en la que explora el "para qué está el ser humano en esta vida".

Una obra marcada por la espiritualidad

Todas estas reflexiones le han servido para "encontrar respuestas en el arte", y en una obra que básicamente es "espiritualidad", señala la artista, quien ha recordado que "Kandinsky fue el primero que relacionó el arte con la espiritualidad, un término que hoy se debería revisar".

La exposición, comisariada por Assumpta Bassas, se articula, como la propia Gubern ha subrayado, en torno a "un hilo conductor a través de los cinco elementos: agua, aire, tierra, fuego y éter, entendidos como principios matéricos esenciales y como ámbitos simbólicos".

El recorrido se inicia con el elemento agua, entendido como un pozo del inconsciente, personal y colectivo, materializado con la escultura de una fuente que Gubern creó en 2001 con forma de cáliz y de la que emana agua real en un movimiento continuo, como sucede con la serie de dibujos Este árbol es mi mente (1965-1970), en los que las raíces de estos vegetales beben tanto de la tierra como del cielo, explica la comisaria.

La Creación (1992), pintada sobre el reverso de un vidrio, preside la primera sala como si fuera un altar y está instalada como la primera vez que la obra se mostró en la Sala Vinçon, donde Gubern expuso en cuatro ocasiones (1973, 1976, 1981, 1992).

El segundo elemento, aire, está presente en los dibujos más antiguos, textos manuscritos y las publicaciones de su poesía, desplegados, en parte, en una de las paredes.

En el espacio dedicado a tierra, Gubern despliega sus conocimientos como "sanadora energética" y un ejemplo clarividente es su obra Piedra Sagrada (1974), pintada, como la mayoría de su obra, sobre el reverso de vidrio.

Según la comisaria, en la narrativa de Gubern el vidrio es "metáfora del estado cristalino de toda materia y de un estado de conciencia".

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Una de las obras de la exposición antológica 'Esplendor.Volver al origen'. EFE/Andreu Dalmau

El elemento fuego está presidido por la escultura Sol (1995) y custodiada por otras dos de la serie Esculturas Primordiales (1995).

El fuego es el elemento que alude a "una renovación radical y sustancial, necesaria en los procesos alquímicos" y, de hecho, precisa Bassas, "la referencia a la alquimia planea por toda la exposición, entre una amplia alusión a otros lenguajes herméticos, esotéricos y chamánicos".

El elemento éter está presente en todas las salas del museo, en consonancia con la fluidez que le atribuyen numerosas filosofías antiguas.