Shirley Condori, la primera cholita boliviana que surca los cielos como tripulante de cabina

Yolanda Salazar | La Paz - 2 mayo, 2021

Recepcionista, comerciante, modelo y, ahora, tripulante de cabina. Ni el cielo es el límite para Shirley Condori, la primera cholita boliviana en surcar los cielos que sirve de ejemplo de perseverancia para el resto de mujeres aimara. 

Condori trabajaba desde hace unos siete años como recepcionista de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y le llamó la atención las insignias que llevaban unos inspectores, también le asombró «lo imponentes e impecables» que pasaban las azafatas por su oficina, eso le impulsó a averiguar qué debía hacer para llegar a la misma posición que ellas.

«Las tripulantes siempre están bien puestas, bien arregladas, bien imponentes, las ves impecables, eso es lo que a mí me ha llamado la atención y el hecho de estar en contacto con la gente y conocer distintos países», comenta a Efe Condori.

Es así que decidió inscribirse en un curso de tripulante de cabina en Jet Airway Academy para hacer realidad su sueño, eso sí, pidió a los encargados que le permitieran atender a las clases con su vestimenta de todos los días, una amplia pollera, una manta y las características trenzas de las cholitas en Bolivia.

«Estos tiempos ya son otros, yo creo que la vestimenta no debería ser un impedimento para que nosotras podamos cumplir cualquier tipo de trabajo o profesión», agrega Condori.

Las clases

La mujer aimara, que nació en la provincia de Pacajes, en el departamento de La Paz, realizó sus clases teóricas con su vestimenta típica, pero para hacer las prácticas de vuelo debió quitarse sus polleras y ponerse el uniforme reglamentario. Lo que más le costó fue deshacerse las trenzas y recogerse el cabello.

Sin embargo, ella era consciente de que debía seguir las estrictas reglas de aviación, por lo que se habituó al uniforme que también tendría que usar si quería trabajar de tripulante de cabina, pero no pierde las esperanzas de que en un futuro esta situación cambie y puedan volar con sus polleras.

Cuando se subió al avión para practicar le encantó volver a sentir esa «sensación» como un nudo en el estómago al despegar, que recuerda de la primera vez que cogió un avión en su vida hace muchos años atrás, pero esta vez también le gustó estar al «servicio de la gente» y conocer varios lugares en un solo día.

«Ha sido una sensación que nunca voy a olvidar, que hasta ahora me acuerdo, me encanta volar«, admite Condori.

Al terminar el curso, que también se alargó por la pandemia de la covid, y aprobar sus exámenes recibió la certificación a sus cuarenta años y se convirtió en la primera mujer indígena en ser tripulante de cabina y ahora pretende seguir sus estudios para llegar más lejos.

«Estoy muy feliz, es un logro del cual me siento muy orgullosa y yo creo que las mujeres en estos tiempos tenemos que ir abriendo camino para otras mujeres«, confiesa Condori.

Las pasarelas

La aimara, que siempre lleva un collar de un avión en el cuello, cuenta que fue complicado para ella distribuir su tiempo entre su trabajo, el cuidado de sus hijos, ser comerciante cuando podía y seguir en las pasarelas modelando la vestimenta típica de las cholitas paceñas.

Ella pertenece a la escuela y agencia de modelos Rosario en la ciudad de El Alto, colindante a La Paz, que es de mujeres indígenas, y que se siente orgullosa de vestir y mostrar las frondosas polleras, las joyas, la manta y el típico sombrero de las aimaras en las pasarelas bolivianas de las que ha formado parte.

Ahora que sus compañeras de pasarela se han enterado de que Condori es tripulante de cabina muchas de ellas se están animando a entrar al curso y seguir sus pasos, comenta.

Ella está orgullosa de servir de ejemplo a sus hijos y enseñarles que hay que perseverar para conseguir sus sueños y metas en la vida, pero también de quedar como ejemplo para la siguiente generaciones de mujeres aimaras que quieran surcar los cielos.

«Los sueños están para cumplirse, los sueños no tienen que limitarse por la edad, el origen, la procedencia, el color, no hay limitaciones«, enfatiza Condori.