Sarah Moss: La masculinidad y el patriarcado también dañan a los hombres

Laura de Grado Alonso | Madrid - 21 agosto, 2020

En el libro «Muro fantasma», ahora traducido al español y publicado por Sexto Piso, la escritora y profesora de escritura creativa de la Universidad de Warwick, Sarah Moss (Glasgow, 1975) invita a cuestionarse el significado de las fronteras y de lo insensato de volver al pasado, a la vez que disecciona las relaciones humanas gobernadas por una masculinidad dominante, los roles de género y normalización de la violencia intrafamiliar.

La joven Silvie, la voz que narra y protagoniza «Muro fantasma», la sexta novela escrita por Moss y uno de los libros más aclamados por la crítica anglosajona en el último año, participa junto a su familia en un curso de antropología que recrea la vida de los antiguos británicos en la edad de hierro. Un contexto en el que tiene que luchar por la soberanía de su cuerpo y de su vida frente a la violencia y el autoritarismo de su padre Bill, mientras sueña con que a ella no la constriñan los mismos limites patriarcales que a su madre.

Moss, cuyo séptimo libro «Summerwater» acaba de ser publicado en Reino Unido, confiesa que su escritura está influenciada por el estilo de Shirley Jackson, Miriam Toews y Kathleen Jamie, a esta última, explica, le debe su afán por escribir sobre la naturaleza, el lugar y la pertenencia.

Según explica la autora en una entrevista con Efeminsita, el título del libro, que ha sido traducido por Vanesa García Cazorla, está inspirado en los llamados «muros fantasmas» que construían los antiguos británicos con las cabezas de sus antepasados para protegerse de los invasores enemigos. Sin embargo, para ella «esos muros simbolizan mucho más».

Muros fantasma y nacionalismos

Pregunta.- ¿Qué simboliza ese muro fantasma al que se refiere el título del libro?

Respuesta.- Escribí el libro justo después de que Trump anunciara que estaba construyendo su «hermoso muro» y también cuando dijeron que se iba a levantar una vaya a lo largo de la frontera de Hungría para evitar que los refugiados y solicitantes de asilo ingresaran en Europa.  Gran Bretaña estaba, si no literalmente reconstruyendo muros, al menos cavando el túnel un poco más profundo. Así que pensé en cómo todos esos muros son paredes fantasmas, siempre son intentos mágicos de mantener a los forasteros fuera.

P.- Ese sentimiento nacionalista del que habla, de pertenecer a una tierra y verla como propia subyace en el libro. Pero, ¿donde está el equilibrio entre el pertenecer a una tierra y creer que es de tu propiedad?

R.- Creo que ese es el desafío. Tenemos que encontrar formas de sentir que pertenecemos a un sitio sin creer que somos dueños, porque la propiedad consiste en evitar que otras personas accedan a ella, es exclusiva. Pero, en realidad, pertenecer se trata de asumir la responsabilidad de un lugar y amarlo, lo que está absolutamente bien. Tenemos que permitir que todos puedan amar los lugares. No puede tratarse de algún tipo de afirmación genética.

P.- Siguiendo con esta idea de amar la tierra y la relación con ella, está en auge el debate sobre el medio ambiente y el cambio climático. ¿Cree que se puede tener una relación de respeto con la tierra?

R.- Estoy segura de que podemos hacerlo si conseguimos cambiar los intereses comerciales que nos impiden hacerlo. Quiero decir, la práctica individual de la relación con la tierra es interesante y lúdica y eminentemente controlable. ¿Qué si podemos evitar que las compañías petroleras o los gobiernos destruyan la tierra?, creo que eso es otra pregunta muy diferente.

Sería mucho más constructivo si algo de ese sentimiento nacionalista que está surgiendo en este momento en todo el mundo se pudiera aprovechar al ecologismo, si al menos pudiéramos sentir que necesitamos proteger y cuidar esta tierra que afirmamos poseer.

Porque si las personas están tan decididas a poseer un lugar y controlarlo, también querrán que esté allí para la próxima generación, pero al parecer no funciona de esa manera.

Escapar del patriarcado que limitó a nuestras madres

P.- En el libro vuelven a vivir como en la Edad de Hierro, justamente en esta vuelta al pasado se aprecia cierta reproducción de los roles de género, ¿cual es el interés de esto?

R.- Estaba interesada en la forma en que, tal vez no todos, pero mucha gente imagina que la versión más conservadora del género debe ser la más antigua. Pero realmente eso no es cierto. Por ejemplo, yo solía enseñar literatura del siglo XVIII y la ficción del siglo XVIII es realmente impactante porque es mucho más obscena, sexy, grosera y se interesa en los roles de género de una forma mucho más divertida que la mayoría de la literatura del siglo XIX. No sabemos nada sobre el género de la Edad del Hierro, sabemos que existe una tendencia a que los hombres sean enterrados con armas y que las mujeres sean enterradas con joyas. Pero aparte de eso, ¿quién sabe? Tal vez las mujeres estaban cazando y los hombres estaban sentados en casa mirando a los bebés y cosiendo.

P.- La narración recae en la joven Silvie, el lector es testigo de sus luchas internas, sus reflexiones, su intento por ser a dueña de su propia vida y cuerpo, ¿qué simboliza este personaje?

R.- Encuentro esa edad muy interesante, ese momento tardío de la adolescencia o temprana adultez cuando de alguna manera todo es posible, pero no sabes qué hacer con esa posibilidad. A esa edad, estamos muy definidos por lo que sabemos hasta ese momento. Y probablemente tengamos más opciones de las que tendremos nunca más, pero no sabemos cómo ejercer esa elección. Es un momento muy narrativo y muy interesante porque los personajes de esa edad no están limitados como lo están los personajes viejos o más jóvenes.

«Muchas de nosotras imaginamos que seremos la primera generación en escapar de las limitaciones que determinan la vida de nuestras madres (…) y a medida que envejeces, descubres que las cosas no han cambiado tanto.»

P.- ¿Cómo afecta en esta edad la relación con sus padres?

R.- Es un momento en el que a menudo comenzamos a imaginar que no somos solo las historias contadas por nuestros padres. Y Silvie está en ese punto, en el que en realidad quiere parecerse más a su padre que a su madre. Y creo que eso es otra cosa muy interesante sobre la adolescencia femenina.

Muchas de nosotras, entre los 15 a 20 años, imaginamos que seremos la primera generación en escapar de las limitaciones que determinan la vida de nuestras madres. Y ciertamente, creo que mis amigas y yo alguna vez pensamos que nunca encontraríamos los mismos problemas que enfrentan nuestras madres, que simplemente no íbamos a tener que molestarnos con eso o que no tendríamos que lidiar con los problemas que ellas tienen que lidiar. Y a medida que envejeces, descubres que las cosas no han cambiado tanto y que no puedes terminar en el lado correcto del patriarcado. Pero hay un momento al final de la adolescencia en el que piensas que para ti podría ser diferente. Y eso es bastante emocionante.

Masculinidad y cómo el patriarcado también daña a los hombres

P.- ¿Qué diferencias hay en el libro entre las relaciones que establecen las mujeres y las que establecen los hombres?

R.- En este libro se puede decir que estoy muy interesada en las relaciones entre mujeres y también en cómo las mujeres tienen más espacio y más permiso para construir buenas relaciones entre ellas. Mientras, los hombres más jóvenes están paralizados por estas dos imágenes destructivas de masculinidad que ven frente a ellos (Bill y el profesor). El profesor en realidad no es mucho mejor que Bill, sus técnicas para dominar son más refinadas, pero usa su conocimiento y su estatus social como formas de poder y violencia.

Y los jóvenes están realmente atrapados allí porque es muy difícil y particularmente en los 90, cuando el libro está ambientado, era difícil para un joven enfrentarse a un hombre mayor que sugería que «no eres un hombre de verdad si no haces esto o eres femenino o no estas a la altura de la masculinidad». Eso es terriblemente controlador y hace que sea mucho más difícil para los hombres desarrollar amistades cálidas y pensar en los sentimientos y apoyarse mutuamente. De modo que también soy muy consciente del daño que el patriarcado hace a los jóvenes.

Narrar la violencia contra las mujeres

P.- El prólogo del libro comienza con una joven que está siendo sacrificada, de alguna manera la descripción te hace cómplice de ese sacrificio. ¿Hay aquí una voluntad de que nos cuestionemos nuestra complicidad en la violencia contra las mujeres?

R.- Sí, absolutamente. Pensé con mucho cuidado en escribir sobre la violencia contra las mujeres, porque muchas veces creo que eso es políticamente desastroso. Es muy frecuente que la forma en que la gente escribe sobre violencia contra las mujeres acabe siendo voyeurista y excitante, incluso si se supone que no es así. Y tú, si vas a escribir sobre violencia contra las mujeres, tienes que hacerlo de una manera que no deje espacio para que el lector esté mirando o escuchando. El lector tiene que estar en la cabeza del personaje, detrás de los ojos del personaje, entre las orejas de los personajes… No puedes abrir ningún espacio. No puedes dejar que retrocedan ni un pequeño paso para ver o escuchar lo que está sucediendo. Así que eso me pareció crucial al escribir las escenas de violencia.

Fronteras lingüísticas para las escritoras

P.- En esta época en la que muchas mujeres están ocupando su espacio como escritoras y ganando visibilidad y como profesora de escritura en la Universidad de Warwick, ¿cuál diría que es el futuro de las escritoras?

R.- Me gustaría ver un cambio en la idea de la escritura de mujeres y creo que lo hemos estado viendo. Recuerdo que cuando era adolescente, cuando entraba en una librería a menudo había una sección llamada «escritura de mujeres», lo que realmente me molestaba.

Necesitamos más diversidad de voces en todos los sentidos y necesitamos más ficción traducida y, sin duda, creo que va a haber más ficción traducida al inglés y más escrita por mujeres. Tradicionalmente muy poco de lo que se ha traducido ha sido hecho por mujeres, entonces, las voces de las mujeres no atravesaban las fronteras lingüísticas.