Sin anticonceptivos, ni higiene menstrual, los derechos olvidados de las jóvenes tras la dana

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Una joven retira el lodo acumulado en una calle de la localidad valenciana de Paiporta tras la dana.EFE/ Biel Alino

Sin anticonceptivos, ni higiene menstrual, los derechos olvidados de las jóvenes tras la dana

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Una joven retira el lodo acumulado en una calle de la localidad valenciana de Paiporta tras la dana.EFE/ Biel Alino

Dos años después de la catástrofe que arrasó parte de Valencia y provocó 233 muertes, un informe de Plan International revela cómo la salud sexual y reproductiva de las adolescentes y mujeres jóvenes quedó relegada durante la emergencia de la dana, con tratamientos interrumpidos, poco acceso a anticonceptivos, dificultades para gestionar la menstruación y menos protección frente a las violencias.

"A mí me bajó la regla ese mismo día y en mi casa no hubo agua corriente hasta dos semanas después. Las duchas que habilitó mi pueblo estaban en la otra punta", recuerda una de las jóvenes afectadas.

Su testimonio forma parte de Donde nadie mira, un informe que Plan International publica coincidiendo con el segundo aniversario de la catástrofe de la dana del 29 de octubre de 2024 y que pone el foco en los derechos sexuales y reproductivos que quedaron fuera de la respuesta a la emergencia.

La investigación, elaborada a partir de las experiencias de 55 adolescentes y jóvenes y 43 profesionales de doce municipios de l'Horta Sud (Valencia), revela que las necesidades de las chicas quedaron relegadas frente a otras urgencias, como el suministro de agua, alimentos o la limpieza de las calles.

"Siento que se establecieron servicios de comida o incluso salud mental durante un tiempo, pero no se centraron en nada de higiene femenina, ni abusos, ni ámbito reproductivo, al tener en mente ayudar al trauma de la dana", lamenta otra de las participantes.

Revisiones aplazadas y anticonceptivos inaccesibles

Las inundaciones dejaron prácticamente inhabilitadas numerosas unidades de salud sexual y reproductiva, que tuvieron que trasladarse a espacios provisionales o limitar su actividad a las urgencias vitales.

La colocación y retirada de DIU e implantes, las pruebas del virus del papiloma humano (VPH), el diagnóstico de infecciones de transmisión sexual y el seguimiento posparto quedaron suspendidos o se retrasaron durante meses.

"La atención anticonceptiva no se atendió absolutamente nada; se recetó todo para después. Lo único que sí se atendía eran las embarazadas que se ponían de parto o empezaban con contracciones", relata una psicóloga-sexóloga de una de estas unidades.

Las dificultades no terminaron cuando bajó el agua. Algunas jóvenes tuvieron que desplazarse a Valencia para conseguir medicación y otras no retomaron sus revisiones pendientes hasta un año después.

Una de las entrevistadas relata que estaba recibiendo atención por síndrome de ovario poliquístico, ahora llamado Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP), cuando llegó la dana: "Luego me atrasaron los seguimientos y me mandaron anticonceptivos que hubo que salir a Valencia a buscar".

En otros casos, las consecuencias fueron especialmente duras. Una joven que sufrió un aborto espontáneo durante la catástrofe cuenta que tuvo que caminar hasta el hospital mientras sangraba y que posteriormente recibió seguimiento telefónico.

"Lo viví con depresión, sin ganas de salir", recuerda.

Vista de los daños causados por las inundaciones en la localidad de Paiporta, Valencia.

Sin agua, sin intimidad y sin educación sexual

La falta de agua corriente convirtió también algo tan cotidiano como menstruar en una dificultad añadida. Aunque las compresas y los tampones comenzaron a distribuirse gracias a la solidaridad ciudadana, su llegada fue desigual y muchas adolescentes carecían de espacios adecuados para asearse o cambiarse con intimidad. Los preservativos, por su parte, apenas estuvieron presentes en los puntos de reparto.

A esta situación se sumó la suspensión de los programas de educación sexual en institutos y centros juveniles, algunos de los cuales todavía no se han recuperado.

El informe advierte de que estas carencias no surgieron con la dana, sino que la emergencia agravó desigualdades previas. Ante la falta de recursos educativos, muchas jóvenes siguieron resolviendo sus dudas sobre sexualidad a través de sus amistades, internet o herramientas de inteligencia artificial.

La catástrofe también les arrebató espacios de encuentro y protección. Los centros juveniles, parques y polideportivos permanecieron cerrados durante meses y, en unas calles sin iluminación, muchas familias restringieron especialmente las salidas de sus hijas.

Al mismo tiempo, los servicios de atención a víctimas de violencia de género perdieron temporalmente el acceso a expedientes, lo que dificultó el seguimiento y la detección de situaciones de riesgo.

Incorporar la salud sexual y reproductiva a los protocolos de emergencia

Pese a todo, las adolescentes participaron activamente en la respuesta: limpiaron viviendas, distribuyeron alimentos y cuidaron de sus vecinas. Sin embargo, según la investigación, apenas se les preguntó qué necesitaban.

Foto de archivo de voluntarias mientras se preparan para colaborar en las labores de limpieza de la localidad de Paiporta tras el paso de la DANA. EFE/ Biel Aliño

"Damos por hecho que un sistema sanitario como el nuestro resiste cualquier cosa, y que lo que viven las niñas en otras emergencias del mundo aquí no pasaría. La dana nos ha demostrado que tener buenos servicios no sirve de mucho si nadie ha pensado cómo mantenerlos en pie para las jóvenes cuando todo se viene abajo; algo que desgraciadamente no va a parar de ocurrir con la emergencia climática", advierte Virginia Saiz, directora general de Plan International en España.

Por ello, la organización reclama incorporar la salud sexual y reproductiva desde el primer momento a los protocolos de emergencia, habilitar puntos de atención confidenciales y garantizar la participación de las jóvenes en la reconstrucción.

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