Carla Vall violencia machista

Portada del libro "Romper en caso de emergencia" de la abogada Carla Vall.

«Romper en caso de emergencia», el manual de Carla Vall para reaccionar ante la violencia machista

Cristina Bazán | Guayaquil - 20 abril, 2022

Tras una década de ejercicio profesional como abogada y algunos años de criminóloga, Carla Vall detectó la necesidad que las víctimas de violencia machista y su entorno tenían de contar con un manual con lenguaje «cercano» que pudiesen utilizar para reaccionar ante estos casos. Así es como nace «Romper en caso de emergencia», el nuevo libro de la penalista que publica en castellano de la mano de la editorial Catedral.

«Yo pensaba que lo que iba a decir ya se encontraba en el mundo. Pero vi la necesidad de que hubiese un material traducido a un lenguaje comprensible y que fuera accesible. Sobre todo en momentos de alto estrés, como el cercano a una agresión o cuando alguien de tu entorno ha sufrido un ataque sexual, por ejemplo, y que si no eres jurista tienes que entender lo que está pasando», explica Vall en una entrevista con Efeminista.

La idea, asegura la abogada, era hablarle, con distintas voces y distintos tonos, a «todos los que están conviviendo y viviendo en el mundo de las violencias», incluidos los potenciales agresores.

«Va principalmente para las afectadas y a las personas que todavía no la han sufrido pero que pueden ser víctimas. Intento ser esa amiga omnipresente que quiere guiar sin juzgar lo que ha pasado. Pero también me dirijo al resto de operadores intentando hacer un poco de espejo de la situación y de lo que no estamos haciendo todavía suficientemente bien, que es evidente», agrega.

El libro aborda desde los conceptos básicos sobre las violencias, recogidas en el Convenio de Estambul, hasta los nuevos, como la violencia vicaria, con la que la autora tiene experiencia por los recientes casos que ha defendido.

«Las relaciones interpersonales neutras no existen, así que, si no te sientes cómoda, haz caso a tu instinto. Te lo repito: HAZ CASO A TU INSTINTO. Si tu cuerpo dice que algo no está bien, hazle caso. No apagues la señal de alarma. Rómpelo antes de que sea una emergencia», escribe Vall en el libro.

Reaccionar ante la violencia machista

Pregunta: ¿Por qué es importante que en pleno siglo XXI se publique un manual que nos permita saber qué hacer, cómo actuar, incluso no como víctima, sino como acompañante?

Respuesta: Creo que muchas veces tenemos en mente querer ayudar. Lo que pasa es que a veces en esta posición es difícil que una encuentre su lugar, porque ves muy claro qué es lo que tienes que hacer, qué es lo que tendría que hacer la víctima, pero nos falta esa empatía que nos permita entender bien qué es lo que realmente puede hacer la otra persona.

Muchas veces pensamos: «si yo fuera ella, lo que haría sería tal», pero el primer paso es identificar que tú no eres ella y que ella no tiene los mismos recursos que tú. Y que además tú lo estás viendo sin sufrir la victimización de estar bajo ese prisma de la violencia. Entonces, todas las formas de razonar, junto con los vínculos afectivos, hacen que se cambie toda esta perspectiva.

P: Y aunque creen que saben qué harían ante un episodio de violencia, cuando les pasa también hay un shock que las paraliza…

R: Claro y es que hemos sido educadas para evitar todo tipo de ataques y sobre todo los ataques vinculados a la sexualidad porque hay un estigma social de víctima que nos dice que de algún modo estamos manchadas.

Incluso las propias víctimas lo tienen interiorizado y piensan: “¿esto que he vivido va a ser para siempre?». Creo que es muy importante para la recuperación de una víctima que hagamos saber que esto no es verdad, que la mayoría de las víctimas salen adelante y se recuperan. Que esto es una experiencia traumática que se tiene que tratar y se le tiene que dar su tiempo y que incluso en los casos en que quedan secuelas, esas secuelas no ocupan toda la esfera de la vida.

El estigma de la violencia sexual

P: En el libro también habla mucho de la culpa y del miedo. ¿Qué inmoviliza más?

R: Nuestro cerebro ya está programado para bloquearse. Se activa ante una situación de miedo. El miedo es una cuestión de carácter cultural, que no es lo que elige el cerebro, es lo que hemos vivido. Entonces creo que en un primer momento lo que aparece es el miedo.

Llevamos toda la vida diciendo que el ataque sexual es lo peor que le puede pasar a una mujer, que me parece absolutamente absurdo porque lo peor es que nos maten, pero parece que no, que el estigma de haber sido violada y seguir con vida es lo peor que te puede pasar. Entonces, si llevas toda la vida escuchando esto y se acerca el momento, pues lógicamente tu cerebro decide que lo mejor que puede hacer es inmovilizarse para que sea lo más rápido posible y lo menos lesivo posible.

P: Y eso viene encadenado con el estigma de ser cómplices de la violencia… ¿Por qué cree que sigue sucediendo esto y aún no se pone un espejo al agresor?

R: Porque tenemos también cierto miedo social. Es decir, preferimos echar el problema fuera que asumir cómo lo resolvemos en la proximidad. En la lejanía todo el mundo es capaz de manifestarse contra las violencias, cuando no nos implica una posición en lo social. Si yo con quien me tengo que confrontar es con un padre, con un tío, con un abuelo, con mi mejor amigo es infinitamente más difícil que con un desconocido.

Y además, porque seguramente muchas veces habremos aguantado, nos habremos reído de sus chistes o sus cosas. Y eso nos hace sentir culpables de no haberlo frenado antes. O quizá porque es una persona maravillosa y no podemos creer que una persona maravillosa pueda cometer delitos.

Debemos derrumbar un montón de muros a nivel social. Yo creo que estamos en un punto de inflexión donde el estigma está cambiando o por lo menos cuestionándose. Pero es verdad que hasta ahora ha sido muy, muy difícil. Entonces, ¿cómo vamos a conseguir pasar la pelota del estigma a los agresores, si las víctimas tienen que superar todavía tantos obstáculos?

La abogada Carla Vall. Foto: Maria d’Outremond

El papel de la justicia

P: ¿Cuál es la deuda más grande que tiene la justicia con las víctimas?

R: No puedo escoger una. Yo pienso en una mirada de derechos humanos: verdad, justicia, reparación. Es decir, ¿qué hacemos con todos los casos que están prescritos? Porque no había un clima social que fuera suficientemente válido y cálido como para que las víctimas pudieran ser escuchadas y por lo tanto pudieran alzar la voz.

Pero además, ahora que existe más o menos este clima, ¿qué es lo que estamos haciendo? Yo pienso que de entrada faltan recursos y cuando hablo de recursos pues faltan juzgados, faltan jueces, faltan fiscales, no faltan servicios, casas de emergencia.

Falta muchísimo. Porque si estamos pensando en que es un grupo de delitos que sufre infradenuncia constante, es decir, calculamos que se denuncia entre el 10, 12 y 20 % según el estudio de los casos y ya vivimos en el colapso constante, pues tendríamos que imaginar qué pasaría si denunciara el 50 %. No estamos preparadas. El sistema está previendo un nivel de violencia que es prácticamente puntual y aislado, y no una situación que es estructural y muy común.

P: ¿El sistema de justicia está haciendo algún tipo de examen de conciencia sobre el tratamiento a las víctimas?

R: Cuando se dice que el feminismo es ideología de género yo creo que es verdad, como lo es el machismo, en el sentido que lo que tenemos que asumir es que aquí tenemos un problema que no es solamente delictual, de violencia, sino que es una violencia que habla de la ideología. Es decir, podemos tener sujetos violentos, pero hacia dónde diriges la violencia es ideología.

El sistema judicial es un reflejo de la sociedad y por lo tanto, los operadores jurídicos estamos bañados en esta ideología y tenemos un posicionamiento con respecto a eso. Entonces, creo que quizá deberíamos ser un poco más sinceros y pensar que tenemos fuertes problemas ahí también, porque hay una cuestión ideológica muy clara detrás y a partir de ahí tenemos que darnos cuenta que la forma en que son tratadas las víctimas también habla de cómo se ve el mundo por parte de los operadores jurídicos.

La violencia vicaria

P: En el libro dice que la violencia infantil y vicaria se trata como una «cuestión puntual» y no como estructural. ¿Por qué hay que darle la dimensión de estructural?

R: Sin esta explicación a nivel cultural y a nivel estructural es imposible atender las formas la violencia. Tenemos ahí un doble problema porque la derecha tiende a eliminar la idea de estructura para apuntar a los casos individuales. Pero la izquierda, que es donde yo me sitúo, tiene un problema muy importante con la seguridad y entonces intenta ver solamente la estructura.

Pero me pregunto. ¿Por qué no vemos esta relación dinámica entre la estructura y los sujetos? La estructura se manifiesta con las acciones de las personas. Entonces debemos darle una vuelta a cómo hacemos una prevención, un abordaje, una reparación que tenga en cuenta estos dos elementos: que la estructura existe y es la que reproduce la violencia. Pero a su vez que los sujetos son los autores de esta reproducción. Es un paso más hacia una visión un poco más profunda de la violencia.

P: Por eso se dice que un agresor no es un buen padre…

R: Completamente. Eso nos permite darnos cuenta de que si le privamos al agresor del canal de vinculación de la violencia que es la mujer, esta violencia no desaparece. Esta violencia está buscando un lugar donde poder golpear y hacer daño igualmente a la mujer.

Y aquí me gustaría también ser muy clara porque el sujeto principal de la violencia vicaria, la víctima directa, es el niño o la niña. Porque vivimos en una sociedad que tampoco ha tendido a respetar históricamente los derechos de los niños. Parece de algún modo que están atacando a los menores para dañar a la madre, pero estás dañando principalmente al menor. Entonces yo creo que ahí se da una estructura muy fácil para el agresor en el sentido de ya sabe dónde golpear, porque además lo siente como algo suyo, como una posesión que puede utilizar para golpear a la madre.

«Romper en caso de emergencia» de Carla Vall

P: ¿Cómo cree que puede ayudar su libro a los lectores?

R: Una de las cosas más bonitas que me ha pasado con el libro fue que un adolescente me dijo que había comprado el libro, había señalado lo que le había pasado y se lo entregó a su madre. Le dijo que no podía hablar, pero que se lo comunicaba de esta forma. Y el otro día también me escribió una madre que lo estaba leyendo con su hija y que estaban compartiendo lo que habían sufrido tanto la madre como la hija en las relaciones.

No imaginé que podría ser como una carta para el diálogo. Creo que lo más bonito que me ha pasado es esto, que alguien ha puesto ahí algunas palabras que te suenen tuyas y que las puedas compartir de esta forma.

Y mi voluntad es transmitir principalmente la idea de que vas a ser feliz. Y no en plan hippie, sino en plan “es estadística”, porque lo que nos dicen los datos es que la mayoría de nosotras hemos sido agredidas sexualmente o agredidas por ser mujeres, física o psicológicamente, y que a pesar de ello hemos conseguido seguir con nuestras vidas y que tenemos derecho a la reparación, que somos sujetas de derechos. Esto es algo muy importante.