Hombres los odio Pauline Harmange

Pauline Harmange, activista y escritora feminista autora de "Hombres, los odio". Foto: Delporte

«Hombres, los odio» se publica en español tras su polémica en Francia

Laura de Grado Alonso | Madrid - 1 diciembre, 2020

«Hombres, los odio», el provocador ensayo de la activista y escritora feminista francesa Pauline Harmange, que multiplicó sus ventas tras el intento de prohibición por parte de un mandatario del Ministerio de Igualdad francés en agosto, llega ahora a España para defender que bajo un sistema patriarcal «es legítimo» odiar a los hombres y que a veces, incluso, se vuelve necesario para romper con la dominación masculina.

Para ello, el manifiesto, publicado por la editorial Paidós, ahonda con agudeza y humor en el concepto de «misandria», una serie de emociones negativas respecto de los hombres como son el desprecio, la hostilidad, la desconfianza o el odio, para acabar abogando por establecer relaciones basadas en la sororidad entre mujeres.

Unas páginas que nacen de la rabia feminista al ver cómo los hombres se instalan en la pereza en vez de trabajar por deconstruir su machismo y sexismo, y que puede llegar a resultar incitador o provocador entre hombres con el «ego algo frágil», confiesa la activista.

Pauline Harmange, que está escribiendo un ensayo sobre el aborto y espera poder lanzarse pronto al mundo de la ficción literaria, cree que el rechazo a los hombres es una consecuencia común de la liberación de la mujeres y una especie de mecanismo de autodefensa.

«Hombres, los odio» nace del hartazgo

Pregunta.- ¿De dónde nace el ensayo de «Hombres, los odio»?

Respuesta.- Durante el verano de 2019 escribí un artículo en mi blog en el que hablaba del agotamiento militante que sienten muchas feministas. Escribí, entre otras cosas, que estaba muy cansada de ver cómo incluso los contenidos destinados a educar a los hombres no los consumían ellos sino las mujeres, lo que quería decir, para mí, que los hombres que se autoproclaman bienintencionados son perezosos cuando se trata de informarse realmente del sexismo y de las dificultades que viven las mujeres.

Ya tenía ganas de ahondar en el tema, que me llevaba personalmente directamente a la misandria, cuando Monstrograph me propuso escribir sobre ello en un libro –cosa que acepté inmediatamente.

P.- ¿Qué supone para usted que este ensayo se publique ahora también en español?

R.- Estoy encantada de que el tema que he abordado sea de interés para tantas personas de países tan diversos. Personalmente, ahí está la prueba de que el patriarcado y el sexismo son problemas que no conocen fronteras —por mucho que tengamos culturas diferentes en ciertos aspectos, las mujeres sienten el mismo hartazgo y la misma cólera. Me siento muy honrada de que las lectoras españolas puedan tener acceso a este texto.

Intento de censura por parte de un mandatario francés

P.- El ensayo tiene un tono provocador hacia los hombres, ¿Qué busca con él? ¿cree que algún hombre se puede sentir ofendido?

R.- Ofender a un hombre es la última de mis preocupaciones. He escrito este libro para las mujeres. Así, el tono solo será provocador si se es un hombre con un ego algo frágil. Hablo con mi cólera y con mi sentido del humor, que es un arma necesaria para sobrevivir en este mundo.

P.- Hubo un intento de censurar el libro por incitación al odio, ¿Qué ocurrió? ¿Cómo vivió este proceso?

R.- El día en que se publicó mi libro en la editorial Monstrograph, un mandatario del Ministerio de Igualdad entre mujeres y hombres se puso en contacto con mis editores, y les ordenó retirar el libro de la venta. Me sorprendió mucho: un funcionario que gestiona expedientes de violaciones y de agresiones sexuales debería estar demasiado ocupado haciendo bien su trabajo como para tener tiempo de enviar tales amenazas.

Ni había leído el libro, ni tenía intención de hacerlo. Es la prueba flagrante de una cierta pereza intelectual, que es exactamente lo que denuncio.

Aún a día de hoy sigo sin saber cómo ese señor ha podido fijarse en este libro.

Misandria, de la hostilidad a la desconfianza hacia los hombres

P.- En el libro se adentra en el concepto de misandria, ¿Qué es esto? 

R.- La misandria es, según el diccionario francés, un «odio retorcido hacia los hombres» —no hay que olvidar que los diccionarios los escriben los hombres. Para mí, se trata de un conjunto de emociones negativas hacia los hombres, que pueden ir de un simple desprecio hasta la hostilidad, pasando por la desconfianza, sencillamente porque hay muchos hombres que son, como poco, inútiles y, como mucho, peligrosos para las mujeres.

Al principio, «misándrica» sirvió como insulto por parte de los antifeministas para desacreditar a las feministas, independientemente de lo que reclamaran.

Quise volver a apropiarme de ese insulto y demostrar que odiar a los hombres es legítimo en la sociedad en la que vivimos.

P.- ¿Esa desconfianza y aversión hacia los hombres de la que habla en el texto, ¿se puede considerar una herramienta de autodefensa feminista? ¿En qué medida es legítima?

R.- Sí, es el argumento que quiero subrayar. Desconfiar de los hombres y tenerlos en baja estima nos permite protegernos como mujeres que somos, protegernos de mecanismos que nos van a llevar a confiar en hombres que no se lo merecen, porque así es como nos han educado.

Romper con la dominación masculina

P.- ¿Es necesaria la misandria para romper con la dominación masculina?

R.- La misandria es, para mí, una consecuencia de esta ruptura; no necesariamente una herramienta. Creo que muchas mujeres sienten estas emociones negativas y no se atreven a adueñarse de ellas, a aceptarlas, porque está muy mal visto. Vivir de forma plena la misantropía de cada una de nosotras permite llegar a un punto en la vida en el que la opinión de los hombres deja de tener importancia, y es ahí cuando nos liberamos, individualmente, de la dominación masculina.

P.- Por último, en el libro también anima a las mujeres a establecer relaciones de sororidad entre sí. ¿Por qué es esto tan necesario y cómo se relaciona con el rechazo hacia los hombres?

R.- Cuando se rechaza la hegemonía de los hombres y su omnipresencia en nuestras vidas, hacemos sitio para otro tipo de relaciones. Ahí es donde entra en juego la sororidad. Dejamos de competir con el resto de mujeres, podemos apreciar su valor y realizarnos por medio de amistades (¡o relaciones amorosas!) con personas que merecen todo nuestro afecto.

Es necesario porque, hoy, los hombres no se esfuerzan lo suficiente para ser buenas parejas, buenos amigos, buenas personas con las mujeres de su entorno. Y ya no podemos seguir esperando pacientemente a que se vuelvan mejores para poder sentirnos realizadas y ser felices.

P.- Después del boom de este libro, ¿está pensando escribir algún otro ensayo o algún otro trabajo?

R.- Desde hace varios meses, estoy escribiendo un ensayo sobre el aborto, pero después de eso me gustaría centrarme en la escritura de novelas. Escribí una hace unos años que estoy poniendo a punto y tengo otros proyectos de ficción que me hacen mucha ilusión.