trata de mujeres

Una mujer observa a través de la ventana de su vivienda, en la que permanece confinada. EFE/Brais Lorenzo

Nueva normalidad de las víctimas de trata: más miedo y menos alternativas

Laura de Grado Alonso | Madrid - 30 julio, 2020

«Negociar el preservativo es duro, pero negociar la mascarilla es imposible», asegura una víctima de trata. Una falta de protección que se ha convertido en el miedo más común entre las mujeres prostituidas en el contexto de la nueva normalidad, donde el riesgo a contagiarse de coronavirus se ha sumado a su situación de indefensión y a la angustia por no tener ninguna salida laboral.

Una situación de «desamparo total» que denuncian desde Médicos del Mundo (MdM) y desde la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (Apramp) con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas este 30 de julio. 

Fecha en la que, además, quieren recordar al Gobierno la urgencia de garantizar alternativas reales para terminar con la trata con fines de explotación sexual, empezando por el Ingreso Mínimo Vital (IMV) para todas esas mujeres en esta situación y la aprobación de una Ley Integral contra la Trata de personas.

España, primer consumidor de prostitución de Europa

Según el último Informe Global sobre Trata de Personas de Naciones Unidas (2018), de todos los tipos, la trata con fines de explotación sexual fue el delito más frecuente, y el 94 % de las víctimas son mujeres y niñas.

España es el primer consumidor de prostitución de Europa y el tercero del mundo, según la ONU, algo que no debería pasar desapercibido porque, según puntualiza a Efe la presidenta de Apramp, Rocío Mora, “la trata se lucra de la demanda de prostitución” y en España entre un 20 y un 40 % de los hombres reconoce haber pagado por sexo.

Por eso para luchar contra la trata es necesario «mirar de frente al putero y decirle que es cómplice», añade.

El Ministerio del Interior tiene contabilizadas unas 12.000 víctimas de trata en España, aunque reconoce que la cifra real es muy superior, un negocio que mueve unos cuatro millones de euros al día.

Aisladas e invisibles

“¿Cómo es posible que en pleno estado de alarma cuando creemos que han cerrado todos los lugares, de repente, nos hayamos encontrado con que la actividad continuaba y que las mujeres sufrían más violencia”, se ha preguntado la presidenta de Apramp.

Al comenzar el confinamiento en Apramp perdieron el rastro del  70 % de las mujeres con las que habitualmente trabajaban porque, relata, “no sabíamos dónde las habían llevado. Fue horrible”.

Tuvieron que pasar semanas, y un intenso trabajo de mapeo llevado a cabo por las supervivientes de trata que trabajan en Apramp, para dar con ellas.

Como ha explicado también a Efe la portavoz estatal de Médicos del Mundo para la Prostitución y Trata, Celia López, durante el confinamiento muchas mujeres se quedaron aisladas en los clubes o pisos, viendo como cada día aumentaba la supuesta deuda con sus victimarios.

Otras fueron directamente expulsadas a la calle y algunas se vieron obligadas a convivir con sus explotadores.

Miedo al coronavirus

El coronavirus ha afectado a muchas personas, pero a ellas las ha puesto en una situación de «riesgo extremo» ya que, como recuerda la portavoz de MdM, constantemente viven situaciones en las que es imposible mantener la distancia de seguridad y «los puteros se niegan a ponerse mascarilla».

López explica que a través de conversaciones con las mujeres explotadas han constatado su miedo a contagiarse de coronavirus y que a pesar de que «se lavan mucho las manos y cambian los cubre colchones a menudo» para ellas es imposible mantener las medidas de seguridad.

«Negociar el preservativo es duro, pero negociar la mascarilla es imposible», le aseveraba a Celia una de las mujeres con las que trabajan.

«Yo prefiero casi contagiarme, que igual me muero del coronavirus, que no tener dinero y morirme de hambre», le dijo otra.

Según explica la portavoz, «los puteros aprovechan la situación de debilidad y de indefensión de estas mujeres para ser más exigentes en sus demandas y pedir prácticas de mucho más riesgo, por un menor precio«.

El aumento de violencia en las practicas sexuales y la falta de medidas de seguridad se suma a la angustia que de no tener ingresos que enviar a sus familias, relata la portavoz de MdM.

Algo que está generando en muchas mujeres «sintomatología de ansiedad y depresión», según han podido corroborar a través de la atención telefónica, médica y psicosocial que les proporciona la ONG.

A muchas a su situación aquí se les une «el miedo de que el virus podría afectar a sus padres, madres o hijos que viven en sus países de origen», explica López.

Sin alternativas a la trata

El futuro de estas mujeres preocupa a las organizaciones ya que la crisis generada por la COVID-19 puede empujar a muchas a volver a caer en redes de trata.

Por un lado, «hay mujeres que ya han saldado su supuesta deuda y que querrían salir pero, al no tener papeles, no pueden trabajar y no pueden enviar dinero a su país», explica la portavoz de MdM.

A estas mujeres se suman «las que en su día salieron de la prostitución y ahora ven que tienen que volver porque no les queda otra salida», algo que preocupa especialmente a López.

Una realidad que también denuncian desde Apramp, que estos días están viendo cómo en sus centros de acogida aumenta el número de peticiones de mujeres que se han quedado sin recursos y no quieren volver a caer en redes de trata.

Ingreso Mínimo Vital

Por eso, para que todas estas mujeres puedan tener el derecho a elegir sobre sus propias vidas, las organizaciones están a la espera del reglamento que desarrolla el Real Decreto 20/2020, que regula el Ingreso Mínimo Vital.

«Es urgente que salga ese reglamento y que se incluyan, como se había prometido, a las mujeres en contextos de prostitución especialmente vulnerables», subraya la portavoz MdM.

Además, desde MdM critican que aunque en el Real Decreto 20/2020 se incluyera a las mujeres en situación de trata con fines de explotación sexual, los requisitos para obtenerlo las ha acabado dejado fuera.

«Por ejemplo, se necesita acreditar un empadronamiento y disponer de una cuenta bancaria, y una mujer en esa situación puede tener dificultades porque prácticamente siempre el pasaporte se lo han retenido los tratantes», recuerda López.

Además, en la lucha contra la trata, desde Apramp ven imprescindible que se englobe a la trata de mujeres con fines de explotación sexual dentro de los tipos de violencias contra las mujeres y que se empiece a trabajar para sacar adelante la Ley Integral contra la Trata.